El tatuaje...

Jimena había acudido al salón Dragón azul. Quería hacerse un tatuaje sin saber a ciencia cierta por qué.

Vio cuidadosamente los dibujos de tatuajes que se habían colocado en la pared del salón. Habían distintas figuras de animales, símbolos, púas, flores, imágenes de personajes. No encontraba aquello que buscaba.

Quería que ese símbolo representara su totalidad, su individualidad. No quería tomar esa marca a la ligera. Sabía que sería permanente y que no podría eliminarlo jamás.

Difícil de decidir sobre una figura ya preestablecida. ¿debería diseñar una para que el tatuador se la realizara? ¿que parte del cuerpo debería tener ese símbolo?. Decidió mejor salirse de ahí, no estaba convencida de que en realidad pudiera elegir algo acertado y definitivo. Buscó entonces por Internet algo que le atrajera.

Después de varias semanas obsesionada por ese símbolo que la definiera, quedó hastiada y harta de tanto buscar. Desistió de la idea del tatuaje.

...

Jimena despertó de improviso. Estaba sudando. Del rostro le escurrían gruesas gotas de sudor. Estaba hiperventilando y con los ojos desorbitados. Había tenido una pesadilla. No sabía como interpretar lo que había soñado. Seguía muy alterada.

Más calmada bajó a la cocina y tomó un vaso con agua. Comenzó a recordar el sueño.

Caminaba en el parque donde había jugado de niña, se había visto como de 8 años. Un personaje misterioso la seguía. El parque estaba solo y en un estado lúgubre, diáfano. Pensó en su padre, quería que estuviera ahí. Percibía la presencia de ese personaje misterioso muy próxima. Era indescriptible esa angustia que sentía, trataba de correr pero parecía que lo hacía en el mismo sitio. Desesperada quería gritar pero las palabras parecía que se enredaban en su lengua y no podía articular ninguna.

El ser se le aproximaba sigilosamente. No podía verlo, no podía decir de que lado vendría solo sabía que estaba cerca... Sintió entonces su respiración atrás de la oreja y experimentó el mayor miedo que hubiera sentido en la vida, el vello detrás de la nuca se le erizó. Fue cuando se despertó de pronto.

Trató de olvidar ese sueño.

Días después soñó nuevamente lo mismo y despertó de la misma forma. No entendía por que volvía a soñar lo mismo, porque su mente trataba de martirizarla de esa manera. ¿por que volvía a soñar lo mismo?. No pudo ver al ser nuevamente, pero se despertó en el mismo instante en que éste volvía a estar detrás de su oreja, pero ahora escuchó algo como un susurro. No pudo saber que le dijo por que en ese momento se despertó.

Varias veces volvió a soñar lo mismo. Era un sueño recurrente y obsesivo que su mente parecía jugarle. Poco a poco comenzó a acostumbrarse a esa pesadilla, aunque siempre se despertaba en el mismo instante.

Un día decidió entonces resistir, ver que era lo que el ser le quería decir, decidió confrontarlo, encararlo.

Soñó nuevamente que estaba en ese parque jugando, cuando sintió nuevamente la presencia. Por un instante quiso huir pero se repuso, volteó para esperar lo que venía. Tragó saliva, contuvo el grito. Pero el ser se aproximó por la espalda y ella sintió cuando nuevamente respiraba en su cuello. Ahogó la ansiedad que tenía por salir corriendo. Volteó lentamente.

Ahí estaba ese ser informe, negro y translúcido que parecía flotar en el aire. La tomó del brazo. Ella se resistió. Él la tomó con mayor fuerza, Ella sabía que no se soltaría tan fácilmente. Trató de liberarse. El ser la detuvo por la fuerza y luego de su extraño brazo emanó un resplandor que comenzó a quemarle el brazo. Jimena se retorció de dolor, sentía como su carne se chamuscaba, como cedía ante el calor del ser. Ella no pudo más y gritó... todo sucedió en un instante. En el momento en que ella gritaba y se despertaba, en ese momento el ser se introducía completamente a través de la herida del brazo.

El grito estremeció a los vecinos que no supieron quien había gritado ni por qué, solo sabían que era un grito de terror. Jimena quedó exhausta y se volvió a dormir profundamente.

Cuando despertó se sintió feliz y liberada. El sueño solo había sido un sueño y había vencido al ser. Recordó que antes de despertarse había visto el tatuaje que le había hecho el ser en el brazo. Descubrió que era lo que estaba buscando desesperadamente. Era su símbolo y el ser se lo había dado.

Por la tarde acudió al Dragón azul para tatuarse.

El tatuador se sorprendió. Nunca había visto un tatuaje así, decidió hacerlo con esmero tal como se lo había pedido Jimena.

Salió entonces satisfecha de que al fin tenía el tatuaje que quería y formaba parte de ella.

...

Jimena sintió un extraño escozor en el brazo, precisamente donde se encontraba el tatuaje. Rascó la zona para aliviar la sensación. Y todo sucedió como un remolino.


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