Berthén y la piedra...

Barthén buscaba desesperadamente al hombre sabio: Sahair. Necesitaba que le explicara el sentido de la vida, pero a pesar de buscar por muchos pueblos peregrinos aún no lo había encontrado. Parecía que cada vez que estaba a punto de encontrarlo éste desaparecía.

Sahair tenía fama de ser un hombre muy culto, calmo y colmado de sabiduría, si hubiese sido hindú dirían que estaba iluminado. Todos hablaban de su sabiduría y de su paz, pero Barthén seguía sin encontrarlo. Sentía esa necesidad de llegar a él, hablarle y preguntarle lo que consideraba la pregunta que sería trascendente en su humilde vida.

Cierto día paseando por el desierto Barthén se sentó en una roca a ver como cambiaba el desierto y sus dunas. El viento soplaba y le llegaban aromas de amizcle y miel provenientes del mercado cercano. Parecía que los sonidos se alejaban y dejaban su monotonía para dar paso a ese silencio producto de la introspección y el recogimiento.

De pronto sintió la presencia de alguien pero no volteó. Permaneció en silencio y con los ojos entreabiertos, aunque su cuerpo le pedía que se pusiera en guardia, él, no reaccionó y controló sus impulsos.  Casi como un susurro escuchó que esa presencia le hablaba entre la brisa del desierto: "se que me estás buscando, pero hoy no tengo tiempo para ti, pero si quieres que te ayude primero tendrás que hacerme un favor".

Bathén se quedó frio. era Sahair que le había encontrado a él en vez de él hallarlo. Bathen solo asintió. Seguía con los ojos entrecerrados y observando las dunas.

Sahair continuó: "Veo que has aceptado, asì que te daré una piedra. Esta piedra no es cualquier piedra, proviene de las estrellas, tómala. Verás que pesa más que las demás. Te pido que no la vendas a menos de que te ofrezcan una moneda de oro por ella, si te dan menos que eso no la vendas por ningun motivo". Acto seguido le entregó una bolsa de terciopelo rojo conteniendo una piedra de forma circular perféctamente formada. Bethén lo aceptó y cuando volteó para ver al Sahair éste ya no estaba.

Al otro día Bethén se dirigió muy temprano al mercado para vender la piedra, alcanzó un buen lugar en la plaza y comenzó a ofrecerla. Pero nadie reparaba en ella. Algunos pasaban de largo, otros veían de reojo esa extraña piedra que estaba a la venta, el único objeto. Al caer la tarde Bethén estaba desconsertado y desesperado, nadie le había ofrecido nada por la piedra.

Casi al caer la noche se le acercó un grupo de hombres provenientes de la corte. Eran un grupo de astrónomos, físicos, alquimistas, y filósofos. Uno de ellos reparó en la piedra y le llamó profundamente la atención. Se acercó y le pidió a Bethén que le enseñara la piedra. Este de inmediato se la mostró.

- ¿Cuánto quieres por la piedra muchacho?- Preguntó.

- Una moneda de oro por ella señor- Respondió Bethén.

Todos rieron estruendosamente burlándose del muchacho.

- Pero ¿cómo crees que esta miserable piedra va a valer una moneda de oro? cuando más y por ayudarte por que la noche ha caido te podré dar una moneda de bronce, anda muchacho tómala y vete a casa a descansar.

El muchacho tomó la piedra nuevamente, -lleno de angustia y desesperación por que la única oportunidad de vender esa piedra se le escapaba- y dijo:

- No puedo venderla por menos de una moneda de oro, ese es su precio, si no pueden pagarlo entonces no la venderé...- y se retiró de ahí arrastrando su pena.

Regresó por la noche a la piedra en donde se había sentado antes con la esperanza de que llegara Sahair y decirle que no había podido vender la piedra. Al cabo de una hora sintió nuevamente la presencia de Sahair y este le habló:

-¿Y bien? ¿pudiste vender la piedra en lo que te dije?-

- No señor- Respondió Bethén, - Sólo me daban una moneda de bronce por ella, pero no la vendí, disculpe que nh haya podido venderla-

- Está bien- respondió.- No importa, de todas maneras para poder ayudarte te pediré un segundo favor. Pasando las dunas existe un hermitaño, es un ser espiritual y extraño al que nadie se le acerca. Quiero que le lleves la piedra y pregúntale cuanto te ofrece por ella. Pero pon ningun motivo se la vendas, solo quiero saber cuanto está dispuesto a pagar por la piedra.-

Bethén asintió y comenzó a caminar hacia donde le había indicado el Sahair. Horas después, cansado y agotado, sediento y desesperado en el desierto por fin llegó hasta una choza en medio del desierto en un pequeño oasis. Ahì estaba parado en la puerta Maladin, el brujo. Bethén se estremeció al ver a aquel ser parado en la choza lleno de amuletos y de extraños signos. Apenas y pudo hablar, la lengua estaba hinchada por la sed y la deshidratación. Maladin le hizo pasar apresuradamente y le ofreció una jarra de agua fresca. Bethén la bebió apresuradamente.

Pasado un rato Maladin habló:

- ¿que te trae por aquí joven viajero?-

- Estimado señor, le traigo una piedra para vender, quisiera que la viera y me dijera cuanto vale.-

- Déjame verla- dijo Maladin.

Bethén sacó de entre sus ropas la piedra y se la mostró.

Maladín se sorprendió de inmediato, era la piedra más perfecta y maravillosa que hubiera visto. cuando la tocó, esta comenzó a a brillar tenuemente, la sopesó, la palpó y luego la olió... -es una piedra que viene de los astros, es una piedra muy especial y rara, muchas personas darían la vida por una piedra así, ¿por que la quieres vender?-

-No la quiero vender, solo quiero saber cuanto están dispuestos a pagar por ella-

- Pues yo ofrecería 75 monedas de oro que es lo que tengo disponible, pero si quisieras más tendrías que esperar una semana en lo que puedo vender los camellos que tengo para poderte ofrecer 100, ¿quisieras vendermela?-

Bethén se quedó asombrado, no podía creer que aquél hombre estuviera dispuesto a ofrecer tanto por esa piedra cuando en el mercado no le habían ofrecido más que una de bronce.

Al otro día Bethén emprendió el camino de regreso eufórico hasta llegar a la piedra en donde había visto a Sahair, quería decirle que era lo que le ofrecían por la piedra.

Al caer la noche, Sahair no aparecía, Bethén seguia eufórico. Pasada la media noche comenzó a dormitar. Súbitamente sintió la presencia de Sahair que llegaba por detrás.

-¿que noticias me traes?- pregunrtó Sahair.

- Maestro, ¡Me ofrecen 100 monedas de oro por ella!, ¿que dice?,¿quiere venderla?-

- No hijo, esta piedra no se vende al igual que tus sueños. ¿no te das cuenta que así eres tu?. Crees que el sentido de tu vida está en función de los demás y buscas quién le de valor y sentido a tus sueños, por eso me buscaste a mi. Fuiste a preguntar cuanto ofrecían por la piedra a las personas equivocadas pues no sabían cuanto valía. Así es nuestra vida, no hay que preguntarle sobre nuestro destino a las personas que no saben lo que valemos. Y siempre debemos estar rodeado de personas que saben lo que valen nuestros sueños para que nos ayuden a conseguirlos.

Tu esencia es como esa piedra, solo brilla con las personas que saben apreciar lo que vale, solo la persona que es capaz de ver más allá de la materia es la que puede conocerte realmente y saber tu valor... Tu esencia es como esa piedra, no cualquiera puede verla, no cualquiera puede apreciarla, depende de ti a quién le muestras tu esencia o a quien le muestras lo que eres.

Bethén se quedó pensativo observando una vez más las dunas del desierto y en ese momento decidió ser dueño de su destino y solo escuchar a aquellos que realmente supieran apreciar su esencia.

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