Un paseo por el andador...

Quise caminar por el andador elcesiástico. Ver los rostros multitudinarios que se aparecen, entremezclan y fusionan entre tantos individuos que van y vienen en ambas direcciones. Cuantas historias se presentan, ocultas, misteriosas que se entrecruzan como una trama entre todos los que coinciden en ese momento. No es fácil dilucidarlas, descubrir que en cada rostro existe un principio, un misterio, un amor y un destino.

Descubrir ese destino. Como si todos los que por ahí deambulan fueran personajes dispuestos a contar sus historias esquizofrénicas.

Diandra, es extranjera. ha venido escapando de casa. Piensa en la libertad. Se embarcó en esta aventura gracias a su novio Ralph que la convenció para que vivieran una vida sin materialismos. Ahora hacen prendedores y collares. Utilizan las piedras y el ambar que recolectan y adquieren para hacerlos. tienen que aprovechar el momento pues si logran juntar suficiente dinero podrán irse a conocer Oaxaca. Su siguiente parada. A sus 19 años ha vivido varias vidas que muchos quisieran vivir.

Juan Chuc es un niño indígena. Su padre lo manda a vender figuritas de barro. Él no los hace, los compra a peso e intenta venderlos a $10 con los turistas. Ha practicado un rostro de tristeza y desamparo para que los turistas se conmuevan y le compren sus figuritas. Deambula por el andador durante todo el día.. A veces las vende rápido, cuando es época de muchos turistas. Otras veces, en la temporada baja regresa a casa tarde con los pocos pesos que ganó de la venta. Cansado y harto de tanto caminar, llega con ganas de que su mamá le regale un atole de maíz para que el hambre desaparezca al menos por un rato.

Sondra es chilanga de la Condesa. Ha venido buscando un poco de ambiente hippie. Le gusta de vez en cuando sentir la libertad y la liviandad de los pueblos místicos. Ha venido buscando algo más que un sentido. Le han dicho que cualquier cosa se puede conseguir aquí. Desde piedras mágicas, cristales, artesanías hasta alcohol y drogas. Ella quiere experimentar aspectos místicos del espíritu, pero no está dispuesta a comprometerse con ninguna filosofía. Mejor sigue el camino hippie y busca alucinógenos que la conduzcan a estados alterados de conciencia para alcanzar lo que ella llama la libertad. Lástima que cada vez se hunde más en esta falsa realidad. Al fin y al cabo, esta realidad alterada es mejor que la realidad en la que vive.

Bulmaro es oriundo de aquí. Trata de asimilar el cambio tan brutal que ha sufrido su ciudad que parece ser que cada día le pertenece menos a él y más a todos los extranjeros que llegan para quedarse. Se ofende, se exalta, se queja de los indios, de los chamulas que no son gente, de los extranjeros que provocan suciedad y se adueñan del pueblo, de los que se hicieron ricos en poco tiempo pues llegaron con una mano adelante y otra a atrás y misteriosamente se hicieron ricos, de los turistas que producen tráfico cada vez que vienen, del gobierno que no hace nada para controlar los desordenes de la ciudad, de los grafitteros, y de los vendedores ambulantes, de su mala suerte por permanecer aquí y por aquella oportunidad que tuvo para salir y conocer el mundo pero que rechazó por que él es de aquí y jamás se va a salir...

Romina siempre había querido conocer esta ciudad. Le atraía su parte colonial y por que no, la indígena. Llegó aquí dispuesta a conocer lo más posible en los 4 días que durará su viaje.  Ha dejado atrás su vida rígida y estereotipada y por 4 días ha querido vivir una vida distinta, una no-existencia en una realidad alterna a la suya. Se ha comprado un vestido típico, un chal y varios blusones, huaraches y pulseras. Por unos días ha querido sentir que es otra persona y que vive en un lugar en donde nada importa más que el caminar y sentir que pertenece a otro espacio. Sus lentes Chanel la delatan. su anillo de oro y diamantes también. Su piel suave y lustrosa llena de cremas y tratamientos exfoliantes contrastan con la austeridad de la vestimenta que usa. Pero nada importa. Lo importante es esa no-existencia en una no-realidad durante esos 4 días que estará...

Esta es la octava vez que Julián viene. Le gusta venir aquí pues es barato. Aunque Acapulco está más cerca, le gusta la facilidad con que se puede tomar en la calle y hacer desmanes. Al fin y al cabo al turista se le toleran muchas cosas con tal de que se sienta a gusto y quiera regresar a gastar su dinero otra vez. Pero Julián aprovecha esa libertad, al fin y al cabo no lo conocen aquí. Nadie sabe en realidad que él es chofer de un pesero. Él inventa que tiene un negocio, que gana muy bien y que vive de lo mejor. pero en realidad ha venido por que ha estado robando dinero al dueño del pesero. Por cada 5 pasajeros el se queda con un pasaje. Al fin y al cabo no lo vigilan. Aquí vive la vida que quisiera vivir. Con lujos y aparentando ser algo que no es. Su andar altivo y presuntuoso lo delata. Los lentes Ray Ban pirata hablan de él. Sus zapatos raídos, mal boleados y de aspecto barato contrastan con la camisa de marca desabotonada que usa por las tardes en esta ciudad. su peinado estridente y cercano al ámbito punk hablan de su origen proletario. Ya ven que dicen que aunque la mona se vista de seda mona se queda...

Sai-ram fue elegido por su dedicación y profesión de su fe. Había nacido en el seno de una familia atea. Intelectual de corazón. Pero él siempre había sentido el llamado de dios. Decidió pues incursionar en las diferentes religiones. Conoció a los católicos, a los cristianos, bautistas, judíos, y hasta la iglesia de los santos de los últimos días. Pero estas religiones le parecían demasiado occidentales. Así que incursionó en las orientales. El sufismo, el safismo, el taoismo, el budismo y al final el hinudismo. Este último fue el que más le agradó. La vida ascética y libre lo determinó. sintió un golpe cuando conoció esta filosofía. Era un llamado de fe. Dejó escuela, trabajo y familia y se entregó a su nueva fe que lo acogió como un nuevo miembro. Ahora viaja de ciudad en ciudad vendiendo libros de karma y chacras para difundir su fe. Se ha rapado, viste túnica y habla solo el lenguaje de su maestro. Los libros le sirven para un doble propósito: instruir y difundir su fe, y ganar dinero para seguir su peregrinar. No le importa las miradas recelosas de los demás que lo ven raro con el rostro pintado y su túnica desgastada por el tiempo. su mirada aún lejos de parecer profunda, demuestra esa alegría por vivir una vida libre y llena de ilusión.

Me tuve que levantar de la mesa, el café se había terminado y los meseros me veían recelosos por la mesa ya que había gente esperando un lugar. Dejé pues algunas monedas sobre la mesa y me dirigí con mi cámara a seguir fotografiando el mundo en el que en ese momento estaba existiendo...

Y vivió feliz por siempre...

Hace mucho tiempo en un lugar muy lejano vivía una princesa dentro de un castillo de piedra. Ahí vivía con el príncipe con el cual se había casado años atrás cuando el "y vivieron felices por siempre" había resonado por todo el reino.

La princesa ahora lucía agotada, aburrida. Su vida se había centrado en cuidar a los herederos al trono, hacerse cargo del castillo y las relaciones sociales que apenas y tenía tiempo para ella. Era desgastante. Sumado a eso, el príncipe parecía cada día más ausente, distante, distraido. La princesa se lo reprochaba: no te importo. Decía. Pero el príncipe seguía con sus ocupaciones. Un príncipe no puede descuidar el trono.

La princesa comenzó a darse cuenta que esa sentencia de "Y vivieron felices por siempre" no se estaba cumpliendo. -¿en que momento dejó de ser emocionante?- se preguntaba una y otra vez. ¿Por que ya no siento mariposas en el estómago cuando mi príncipe está presente?- A veces esas ideas rondaban por su cabeza. Giraban sin control y cada día que pasaba le generaba más y más frustración.

Era confuso, extraño, desmotivante. Decidió pues acudir con la bruja del bosque para que le diera una solución. -Quizás el príncipe ame a otra mujer.- Pensaba. -Quizás el príncipe se ha olvidado de mi y ya no le gusto.- Se angustiaba. La bruja del bosque me ayudará a saber la verdad.

Efectivamente, un día la princesa pudo escaparse del castillo y acudir a escondidas con la bruja del bosque. Era un viaje accidentado, peligroso y hasta desafiante. Pero la princesa estaba dispuesta a todo para poder encontrar una solución.

Al fin llegó a la choza de la bruja. Ésta se extrañó de tener a su alteza ahí, frente a su puerta. Con mirada despectiva y altiva le preguntó:

- ¿Que buscas princesita?, ¿que puede querer alguien que lo tiene todo para acudir ante mi?- dijo con gran sorna.

La princesa omitió la actitud de la bruja y con altivez de una princesa respondió:

-Mujer de sabiduría, acudo ante tí pues he perdido el ideal y el sentido, quiero retornar al camino. ¿puedes tu ayudarme?-

La bruja guardó silencio por un momento. Queriendo sopesar la situación. Tratando de medir sus palabras añadió:

-Princesa eres, pero humana también, sujeta estás a las leyes y quebrantos de tu propia naturaleza, así que te ayudaré pero te pido que estés segura de que quieres encontrar lo que buscas. De ser así entonces te ayudaré-

La princesa asintió sin decir palabra. Fijando la mirada en los obscuros y profundos ojos de la bruja del bosque. Acto seguido la bruja la invitó a pasar.

-¿Estás dispuesta a todo?, ¿estás dispuesta a la verdad?, ¿estás dispuesta a llegar a las últimas consecuencias?- preguntó a manera de sentencia.

La princesa se estremeció hasta el tuétano con estas palabras profundas. Dudó por un momento pero luego, de manera extraña y sorprendente, desde lo más profundo de su corazón se escuchó la respuesta de manera categórica: -Si.-

La bruja entonces quedó en silencio. Se dirigió a su buhardilla y de ahí sacó un pergamino. La princesa quedó en silencio cuando la bruja lo desenrrolló lentamente. Su corazón latía con fuerza desmedida. Sus ojos se agudizaron para poder anticipar lo que le sería revelado en ese momento. Esperaba que fuera un conjuro, lo más profundo del averno, magia pura, hechizos terribles, misterios insondeables.

La bruja acercó una vela para poder leer con mayor claridad y luego comenzó:

El caldero es caldero, no es olla ni ropero.
Brilla la joya por su brillo no por estar en un joyero.
Hay que hacer camino no lo que dicta el destino.
El mundo muy adentro está, nada de lo que existe fuera será.
Nada te detiene solo lo que a tí te tiene.
Ser feliz es ser feliz.
Aparecen las alas cuando se quiere volar.
Y siempre se tiene que tener un final feliz.

La princesa se quedó fría. Esperaba que surgieran de las paredes estrellas y monstruos, almas en pena, vapores, fantasmas arrastrando cadenas, brillos y relámpagos, arañas y serpientes. Pero nada de eso sucedió. Se quedó en silencio esperando y esperando a que la bruja dijera algo. Silencio.

Pasados agunos minutos que se antojaron eternos la princesa al fin preguntó:

-Señora de sabiduría, usted me dijo que me ayudaría. Pero, nada pasó. No hay transformación ni cambio. todo sigue igual.-

La bruja la volteó a ver fijamente y luego añadió:

- Tu veniste a buscar respuestas y respuestas te doy. El conjuro que te dije oculto tiene el acertijo que debes develar para que tu vida pueda cambiar. Hechizada estás solo deberás esperar y el acertijo descifrar. Cuando esto suceda todo cambiará-

La princesa se sintió engañada. Frustrada al castillo regresó.

Días después el conjuro llegó nuevamente a la memoria de la princesa. Parecía que las palabras retumbaban en su mente como un eco distante. Poco a poco comenzó a develar el acertijo y encontrarle el sentido.

Seis meses después llegó la respuesta. Corrió al bosque con la bruja. Ésta agonizante estaba. Le tomó la mano y la besó.

-Gracias sabia mujer, la respuesta es sencilla pero muy compleja a la vez-

-¿Cual es esa respuesta princesa?-

- YO -

La bruja esbozó una pequeña pero dulce sonrisa y falleció.

Una de Caperucita Roja...

Quizás no he entendido el funcionamiento de la vida. Ese proceso iterativo que busca acercarnos más al sentido de nuestra existencia. La vida.
Esa efímera chispa que desafiando a toda probabilidad de existencia logra sobrevivir para surgir como una vida autoconsciente. ¿de que sirve pues si ha desafiado toda probabilidad de existencia?
La vida.
Lo curioso es que solo es una, solo sucede una vez y es esta.
Luego llega la obscuridad.
El olvido.
El silencio.
La indiferencia.
No entiendo por que teniendo una vida se decide no vivirla.
No arriesgar y entregarse a ella. Arder con furia y con pasión, con determinación.
Pasión. Esa palabra que demuestra la necesidad de hacer las cosas hasta las ultimas consecuencias. Comprometido con lo que se decide y se piensa. Pasión.

Es tan fácil perderse en el mar de las necesidades y deseos, en los materialismos hipertróficos, las figuras evanescentes y los egos desmedidos. Es tan sencillo dejarse llevar por la costumbre, la rutina y la apatía. Para luego darse cuenta que el tiempo ha pasado y la vida se escurre entre los dedos hasta que llegamos al punto de no retorno.
El tiempo.
Ese tirano implacable que pasa, determinante, interminable.
El tiempo.
Ese decisor de la existencia, destructor de sueños e ilusiones.

Sin embargo, Caperucita decidió un día caminar por el bosque, arriesgar su vida caminando una travesía a pesar de que habìa un lobo que le hablaría. Ese maldito lobo no es más que el instinto, el deseo por cambiar de rumbo, por romper lo establecido, los paradigmas.

Pero Caperucita sabía obedecer a su madre que le dió indicaciones claras y determinísticas. Llévale esto a tu abuela. La abuela, es ese fin de la vida, La abuela es caperucita misma en el tiempo. Es el espejo de su existencia.

Caperucita decidió pues obedecer los convencionalismos, los paradigmas transmitidos, transferidos. Sumisa escuchó a su madre. Decidió entonces caminar por el bosque. Vestida de rojo. Un color que no pasa por desapercibido, ¿por que su madre no la mandó con una caperucita camuflajeada? ¿por que rojo si en el significado de los colores el rojo significa pasión y amor?

La madre sabía algo. Sabía que el lobo se daría cuenta del color rojo, descubriría el mensaje subliminal y asecharía a Caperucita. La puso a prueba, puso a prueba sus convicciones, sus decisiones. La puso a prueba para ver que tan fuertes eran los paradigmas que había establecido, que tan firmes eran los tabús sociales, que tanto podía caperucita salirse del camino que ella misma había trazado. Ese mismo camino que había trazado para ella su abuela, y la bisabuela, y la tatarabuela... y la tatara tatara abuela...
Los caminos.
Los destinos.
El riesgo.
Lo determinístico.
Los tabúes.
La sociedad se encarga de construirlos.
Conformar al individuo para poder coexistir dentro de una sociedad.
Represión.
Compresión.
Esclavitud.
¿y la vida?

¿Caperucita Roja pudo vivir pues con esa misión en la vida portando una caperuza que demuestra pasión? ¿o simple y sencillamente cumplió sin arriesgar?
¿el cuento sería igual de conformador de actitudes si Caperucita roja se hubiera perdido con el lobo? ¿por el lobo? ¿para el lobo?

La loba.
La vida.
Quizás de eso se trata.
De arriesgar.
De tratar de andar otros caminos.
Conocer otros mundos.
Vivir otras vidas aunque estén plagadas de fracturas o inconclusiones.
Imprecisiones.
La vida quizás sea eso.
Andar con una caperuza roja, caminando por caminos difíciles, distintos e inexplorados.
Quizás se llegue al mismo lugar pero por otro camino.

Tal vez algunos decidan pues quitarse la caperuza roja y camuflajearse con el paisaje para pasar por desapercibido. Al final, su vida se conforma por su capacidad de obedecer.

Otros andarán con la caperuza tentando al lobo pero siempre manteniéndolo lejos y en un lugar seguro. La misión tiene que ser cumplida. Manteniendo el rumbo, no alejándose del camino por ningún motivo. Ya bastante es andar con la caperuza roja por ahí, en el bosque.

Unos cuantos, con todo y caperuza, arriesgarán. Se toparán de frente con el lobo, lucharán, se defenderán con uñas y con dientes, decidirán, se entregarán, arderán. Estarán con esa furia por llegar por el camino que marquen, que valdrá la pena todo lo vivido por el simple hecho de haber cambiado de rumbo.

Furia.
La vida se vive con furia.
La vida es pasión.
La vida no es nada.
Solo lo que hagamos con ella.
Al fin y al cabo es nuestra y de nadie más.
Eso me enseñó Caperucita Roja.

La nada y el olvido...

No puedo creer que el tiempo haya pasado ya. He pasado varias veces por tu casa derruida por el tiempo. Hacía 20 años que no venía y sin embargo ahora que la veo entre ruinas puedo descubrir toda esa miríada de sentimientos que se aglutinan en mi mente como queriendo ser el primero en manifestarse y llegar a mi corazón. ¿que pasó en el tiempo? ¿por que este olvido tan presente? un olvido tan latente.

Los sueños se escurrieron con las gotas de lluvia que deslavaron sus constructos. Las fantasías eran aquellas que nos hacían volar, y hoy apenas y se arrastran lastimosamente de entre los huecos de las paredes.
¿Dónde te quedaste? ¿en donde te perdiste?
Aún escucho tus susurros por los resquicios de las ventanas, los sonidos de tus palabras se distribuyen como silencios entre los vaivenes del viento que se cuela entre los resquicios de esa construcción.
¿que hiciste pues con lo que eras? ¿Con aquello que pensabas ser?
Me gustaba sentarme en esa mecedora para tomarte de la mano y escuchar tus palabras similares al vaivén de las olas en el mar, a veces suaves otras tormentosas. Llenas de brillo y lucidez. Era como una danza sublime, con esos movimientos y matices, con esos silencios y vacíos que lograban estremecerme. Y ahora nada.
Nada queda de todo eso, de todo lo que fuiste y lo que construiste. De todo aquello que planeaste alguna vez. Parece que te quedaste en estado suspendido, en hibernación. Sin tiempo ni espacio. Esperando a que todo se deconstruya y puedas ser libre al fin. Preferiste quedarte como una crisálida. Suspendida. Aletargada. Protegida en un capullo incólume.
¿no habías dicho que lucharías? ¿que vencerías? ¿que nada te detendría?
¿en donde quedó pues esa voluntad inquebrantable?

Es mejor ser una víctima, un despojo del destino. Nada es para siempre. somos los que construimos el futuro. ¿y que futuro quisiste construir?

Te quedaste ahí viendo la vida pasar. Dejando que los demás avanzaran y te rebasaran quejándote de que no podías más, de que no resistirías toda esa prueba que tenías encima, que la vida era demasiado complicada y que tu destino estaba predeterminado.

¿y ahora que ha pasado el tiempo que piensas al respecto?

Aquí están tus ruinas como son las ruinas de tu casa. Sin sentido, sin significado esperando pues a que algo suceda y cambies de sitio.
¿a que sitio quisieras cambiar? ¿has pensado en lo que te hubiera gustado que fuera tu estado ideal? ¿sabías a donde moverte?
No.
Nunca pensaste que tenías otra opción.
nunca viste que tu eras quién se victimizaba y nadie más.
Jamás te diste cuenta que vivías en un inmenso paradigma que tu habías construido con tus pensamientos.
Y sin embargo no cambiaste de sito... a cualquiera que no fuera el que estabas.
No
Preferías sufrir.
Decidiste abandonarte.
No.
Dejaste que todo se deconstruyera pero no reconstruiste nada.
El silencio.
El vacío.
La nada.
Eso es lo único que queda.
La nada y el olvido.

Una historia de metáforas y símbolos...

HIP_316542487.154037  Había abordado ese avión por cuestiones de trabajo. El vuelo iba lleno así que había poco espacio para acomodarse. Normalmente prefiero los lugares pegados a la ventanilla pero en esta ocasión me había tocado un lugar en el pasillo. Odio este lugar pues invariablemente, cuando uno por fin concilia el sueño, siempre uno de los pasajeros al lado necesita pararse al baño. Y por consiguiente, te despierta. Así, si vas en la ventanilla, tu eres el que molestas si es que quieres ir al baño. En mi caso, eso casi nunca sucede.

Llegué a mi asiento: 18D. subí una pequeña maleta al compartimiento de arriba y antes de cerrar extraje pues el lector de mp3 para poder aislarme del mundo y cerrar los ojos al fin durante las dos horas que duraría el vuelo.

Apenas y me percaté que a mi lado vería una señora ya madura. Ojos negros y profundos con evidentes marcas de cierta tendencia a la depresión o, al menos, al insomnio. Apenas y reparé en ella. Saqué el libro que me serviría para desconectarme un poco de todos los anuncios antes del despegue y de toda la parafernalia que le precede con esas aterradoras instrucciones de "en caso de una repentina pérdida de presión en la cabina..." y ya ni hablar de la de: "En caso de amarizaje el colchón de su asiento puede usarse como flotador..." (si es que llegamos a quedar vivos después de un choque así). A veces esas instrucciones se me hacen absurdas pues solo parece disminuir la ansiedad ante un posible avionazo.

Al despegar el avión alcancé la salida de aire acondicionado, lo redirigí hacia mi y me volví a sentar. En este instante la señora de mi lado alcanzó a ver el título del libro que venía leyendo.

-Interesante- me dijo.

-¿eh?, ¡ah! si, el libro, es de Jung: "La conformación del símbolo en el niño". A veces me gusta leer cosas de psicología. -

- ¿Eres psicólogo?-

- No. es por que me dedico a la mercadotecnia y es para el entendimiento del consumidor, es para mi tesis- contesté con desgano, no tenía muchas ganas de conversar. Quería dormirme.

Luego ella agregó. -¿tu sabes que la psicología y la poesía tienen mucho en común?-

Este comentario me sorprendió de sobremanera. ¿psicologéa y poesía?. Era raro escuchar eso. Presté atención y no evité la tentación de preguntarle por qué.

- En el pensamiento simbólico de la psicología se habla por medio de interpretaciones, así, los sueños se conforman de símbolos que luego pueden ser interpretados según Freud, pero en la poesía también se utilizan estos símbolos solo que se llaman metáforas, Así, a través del lenguaje poético puedes descubrir mundos simbólicos que complementan la imagen que se conforma el lector en su mente".

Se me cayeron los calzones al escuchar esto. Me gusta la poesía pero jamás me había percatado que las poesías se conformaban de símbolos que podían ser analizados desde la perspectiva de la psicología. Y yo leyendo a Jung.

- Pero, ¿como puede ser esto?-

-Bueno, el lenguaje es una forma de constructo psicológico que sirve para expresarnos, de esta manera, también podemos expresarnos a través de la poesía que es la forma elegante y estilizada del manejo del lenguaje...-

Comencé a escuchar todo lo que me decía, sus argumentos, sus palabras. Sin darme cuenta estaba aferrado a mi libro como si éste quisiera abrirse y yo con la presión que ejercía evitaba que lo hiciera para seguir escuchando a esa señora. Era una mujer insólita, extremadamente culta, profunda, elegante en su hablar, discreta en su tono, silenciosa en su lenguaje corporal. Era una mujer intelectual, pocas veces es posible encontrarte a alguien así.

Yo traté de cambiar mi tono, adquirir una imagen de mayor cultura, traté de citar autores, argumentos, mezclar y combinar ideas como si de alquimia se tratara. Ella sabía también esa mezcla de alquimia lingüística, interesante en su discurso, adorable en la estructuración de sus argumentos pasionales. La persona que venía sentada en la ventanilla dejó de leer solo para escucharnos hablar. Raras veces me ha pasado esto. Que alguien quiera escuchar una conversación para aprender algo.

Ella era una esgrimista excelente, conocía todos los autores que había citado, fue prudente y mesurada al citar otros que yo desconocía, parecía condescendiente y maternal hasta cierto punto. Yo devoraba su sapiencia como si fuera una sombra que buscaba llenarse de algo de luz. No quería parecer ansioso e ignorante, quizás también pudiera esgrimir algún argumento interesante, pero cuando creía haberlo logrado, ella hacia una sutil pausa, rompía hasta cierto punto el continuum discursivo solo para tomar fuerza y volver a la carga con nuevos argumentos.

No se en qué momento las cosas comenzaron a derivar en temas personales. Me platicó que su esposo era poeta, ella, escritora. Ahora entendía por que era una mujer que danzaba de esa manera con el lenguaje, parecía una bailarina de flamenco con sus argumentos tan ondulados, sutiles, firmes y seductores. Me dijo que tenía solo un hijo que tenía 22 años. Iría por ella al aeropuerto para recogerla. También me comentó sobre su esposo, que estaba ya cansino, aburrido y agobiado a su edad. Había una latente tristeza y melancolía en sus palabras. Era como si una gran cadena pesara sobre su cuello.  Quise cambiar de tema. no quería ahondar en lo anterior.

- A mi también me gusta escribir- le dije de pronto, aunque me arrepentí de inmediato. Su figura de escritora se erigía imponente ante mi. - Bueno, no soy escritor, pero disfruto el escribir, sobre todo por las noches-.

Ella sonrió. El brillo de su alma se asomó por un instante desde esa imagen lúgubre de su vestimenta gris y negra. Parecía como que algo quería salir.

-¿Qué escribes? - preguntó animada.

Me puse nervioso. Jamás pensé que una desconocida se interesara en lo que hacía. -Esteee... bueno, no es que escriba como tal, a veces me gusta escribir cuentos y poesía.... bueno, no es poesía en si pues carece de estructura, yo diría más bien que se trata de textos-

-¿textos? no entiendo. La poesía es poesía aunque no tenga estructura formal, la poesía es la forma elegante del lenguaje. ¿crees que escribes así?-

- No se- respondí cabizbajo.

- Mira, el avión está por aterrizar. Por que no me llamas un día de la próxima semana y nos vemos. Llevas tus escritos y platicamos al respecto. Me gustaría mucho conocer lo que escribes... toma, esta es mi tarjeta, aquí está mi teléfono. Llámame por la mañana que es cuando puedo. -

El avión aterrizó. La noté inquieta. Pensé que era por que llegábamos al destino y vería a su hijo amado, aquél que le decía que era todo en su vida.

A la hora de salir del avión le ayudé con la maleta. Ella se sintió complacida por mi caballerosidad. La acompañé hasta la sala en donde recogí mi maleta. Se despidió de mi con un beso.  Fue algo sorpresivo pero agradable. Ese lazo fraternal que puede establecerse con alguien en 2 horas de vuelo para traspasar la línea de la distancia social y demostrar afecto por un extraño.

Luego se alejó apresuradamente. Me quedé pensativo. Después tomé mi maleta y en la salida me volví a topar con ella que era recibida por su hijo. Quise despedirme de lejos y decirle que le hablaría a la semana siguiente para mis escritos. Ella me vió y se volteó como si no me conociera ignorando mi despedida.

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A la distancia y a la edad comprendí pues que no había entendido nada de psicología, la interpretación de los signos ni de los símbolos. Durante 2 horas en ese vuelo existieron señales y símbolos que no supe leer, que no supe interpretar. Solo supe ver libros y razones, pero no pude leer el despliegue de poesía simbólica que, en ese corto lapso de tiempo, esa señora, maestra en las metáforas, me quiso dar a entender...