Una historia de metáforas y símbolos...

HIP_316542487.154037  Había abordado ese avión por cuestiones de trabajo. El vuelo iba lleno así que había poco espacio para acomodarse. Normalmente prefiero los lugares pegados a la ventanilla pero en esta ocasión me había tocado un lugar en el pasillo. Odio este lugar pues invariablemente, cuando uno por fin concilia el sueño, siempre uno de los pasajeros al lado necesita pararse al baño. Y por consiguiente, te despierta. Así, si vas en la ventanilla, tu eres el que molestas si es que quieres ir al baño. En mi caso, eso casi nunca sucede.

Llegué a mi asiento: 18D. subí una pequeña maleta al compartimiento de arriba y antes de cerrar extraje pues el lector de mp3 para poder aislarme del mundo y cerrar los ojos al fin durante las dos horas que duraría el vuelo.

Apenas y me percaté que a mi lado vería una señora ya madura. Ojos negros y profundos con evidentes marcas de cierta tendencia a la depresión o, al menos, al insomnio. Apenas y reparé en ella. Saqué el libro que me serviría para desconectarme un poco de todos los anuncios antes del despegue y de toda la parafernalia que le precede con esas aterradoras instrucciones de "en caso de una repentina pérdida de presión en la cabina..." y ya ni hablar de la de: "En caso de amarizaje el colchón de su asiento puede usarse como flotador..." (si es que llegamos a quedar vivos después de un choque así). A veces esas instrucciones se me hacen absurdas pues solo parece disminuir la ansiedad ante un posible avionazo.

Al despegar el avión alcancé la salida de aire acondicionado, lo redirigí hacia mi y me volví a sentar. En este instante la señora de mi lado alcanzó a ver el título del libro que venía leyendo.

-Interesante- me dijo.

-¿eh?, ¡ah! si, el libro, es de Jung: "La conformación del símbolo en el niño". A veces me gusta leer cosas de psicología. -

- ¿Eres psicólogo?-

- No. es por que me dedico a la mercadotecnia y es para el entendimiento del consumidor, es para mi tesis- contesté con desgano, no tenía muchas ganas de conversar. Quería dormirme.

Luego ella agregó. -¿tu sabes que la psicología y la poesía tienen mucho en común?-

Este comentario me sorprendió de sobremanera. ¿psicologéa y poesía?. Era raro escuchar eso. Presté atención y no evité la tentación de preguntarle por qué.

- En el pensamiento simbólico de la psicología se habla por medio de interpretaciones, así, los sueños se conforman de símbolos que luego pueden ser interpretados según Freud, pero en la poesía también se utilizan estos símbolos solo que se llaman metáforas, Así, a través del lenguaje poético puedes descubrir mundos simbólicos que complementan la imagen que se conforma el lector en su mente".

Se me cayeron los calzones al escuchar esto. Me gusta la poesía pero jamás me había percatado que las poesías se conformaban de símbolos que podían ser analizados desde la perspectiva de la psicología. Y yo leyendo a Jung.

- Pero, ¿como puede ser esto?-

-Bueno, el lenguaje es una forma de constructo psicológico que sirve para expresarnos, de esta manera, también podemos expresarnos a través de la poesía que es la forma elegante y estilizada del manejo del lenguaje...-

Comencé a escuchar todo lo que me decía, sus argumentos, sus palabras. Sin darme cuenta estaba aferrado a mi libro como si éste quisiera abrirse y yo con la presión que ejercía evitaba que lo hiciera para seguir escuchando a esa señora. Era una mujer insólita, extremadamente culta, profunda, elegante en su hablar, discreta en su tono, silenciosa en su lenguaje corporal. Era una mujer intelectual, pocas veces es posible encontrarte a alguien así.

Yo traté de cambiar mi tono, adquirir una imagen de mayor cultura, traté de citar autores, argumentos, mezclar y combinar ideas como si de alquimia se tratara. Ella sabía también esa mezcla de alquimia lingüística, interesante en su discurso, adorable en la estructuración de sus argumentos pasionales. La persona que venía sentada en la ventanilla dejó de leer solo para escucharnos hablar. Raras veces me ha pasado esto. Que alguien quiera escuchar una conversación para aprender algo.

Ella era una esgrimista excelente, conocía todos los autores que había citado, fue prudente y mesurada al citar otros que yo desconocía, parecía condescendiente y maternal hasta cierto punto. Yo devoraba su sapiencia como si fuera una sombra que buscaba llenarse de algo de luz. No quería parecer ansioso e ignorante, quizás también pudiera esgrimir algún argumento interesante, pero cuando creía haberlo logrado, ella hacia una sutil pausa, rompía hasta cierto punto el continuum discursivo solo para tomar fuerza y volver a la carga con nuevos argumentos.

No se en qué momento las cosas comenzaron a derivar en temas personales. Me platicó que su esposo era poeta, ella, escritora. Ahora entendía por que era una mujer que danzaba de esa manera con el lenguaje, parecía una bailarina de flamenco con sus argumentos tan ondulados, sutiles, firmes y seductores. Me dijo que tenía solo un hijo que tenía 22 años. Iría por ella al aeropuerto para recogerla. También me comentó sobre su esposo, que estaba ya cansino, aburrido y agobiado a su edad. Había una latente tristeza y melancolía en sus palabras. Era como si una gran cadena pesara sobre su cuello.  Quise cambiar de tema. no quería ahondar en lo anterior.

- A mi también me gusta escribir- le dije de pronto, aunque me arrepentí de inmediato. Su figura de escritora se erigía imponente ante mi. - Bueno, no soy escritor, pero disfruto el escribir, sobre todo por las noches-.

Ella sonrió. El brillo de su alma se asomó por un instante desde esa imagen lúgubre de su vestimenta gris y negra. Parecía como que algo quería salir.

-¿Qué escribes? - preguntó animada.

Me puse nervioso. Jamás pensé que una desconocida se interesara en lo que hacía. -Esteee... bueno, no es que escriba como tal, a veces me gusta escribir cuentos y poesía.... bueno, no es poesía en si pues carece de estructura, yo diría más bien que se trata de textos-

-¿textos? no entiendo. La poesía es poesía aunque no tenga estructura formal, la poesía es la forma elegante del lenguaje. ¿crees que escribes así?-

- No se- respondí cabizbajo.

- Mira, el avión está por aterrizar. Por que no me llamas un día de la próxima semana y nos vemos. Llevas tus escritos y platicamos al respecto. Me gustaría mucho conocer lo que escribes... toma, esta es mi tarjeta, aquí está mi teléfono. Llámame por la mañana que es cuando puedo. -

El avión aterrizó. La noté inquieta. Pensé que era por que llegábamos al destino y vería a su hijo amado, aquél que le decía que era todo en su vida.

A la hora de salir del avión le ayudé con la maleta. Ella se sintió complacida por mi caballerosidad. La acompañé hasta la sala en donde recogí mi maleta. Se despidió de mi con un beso.  Fue algo sorpresivo pero agradable. Ese lazo fraternal que puede establecerse con alguien en 2 horas de vuelo para traspasar la línea de la distancia social y demostrar afecto por un extraño.

Luego se alejó apresuradamente. Me quedé pensativo. Después tomé mi maleta y en la salida me volví a topar con ella que era recibida por su hijo. Quise despedirme de lejos y decirle que le hablaría a la semana siguiente para mis escritos. Ella me vió y se volteó como si no me conociera ignorando mi despedida.

----------------------------------------------

A la distancia y a la edad comprendí pues que no había entendido nada de psicología, la interpretación de los signos ni de los símbolos. Durante 2 horas en ese vuelo existieron señales y símbolos que no supe leer, que no supe interpretar. Solo supe ver libros y razones, pero no pude leer el despliegue de poesía simbólica que, en ese corto lapso de tiempo, esa señora, maestra en las metáforas, me quiso dar a entender...

No hay comentarios: