Y vivió feliz por siempre...

Hace mucho tiempo en un lugar muy lejano vivía una princesa dentro de un castillo de piedra. Ahí vivía con el príncipe con el cual se había casado años atrás cuando el "y vivieron felices por siempre" había resonado por todo el reino.

La princesa ahora lucía agotada, aburrida. Su vida se había centrado en cuidar a los herederos al trono, hacerse cargo del castillo y las relaciones sociales que apenas y tenía tiempo para ella. Era desgastante. Sumado a eso, el príncipe parecía cada día más ausente, distante, distraido. La princesa se lo reprochaba: no te importo. Decía. Pero el príncipe seguía con sus ocupaciones. Un príncipe no puede descuidar el trono.

La princesa comenzó a darse cuenta que esa sentencia de "Y vivieron felices por siempre" no se estaba cumpliendo. -¿en que momento dejó de ser emocionante?- se preguntaba una y otra vez. ¿Por que ya no siento mariposas en el estómago cuando mi príncipe está presente?- A veces esas ideas rondaban por su cabeza. Giraban sin control y cada día que pasaba le generaba más y más frustración.

Era confuso, extraño, desmotivante. Decidió pues acudir con la bruja del bosque para que le diera una solución. -Quizás el príncipe ame a otra mujer.- Pensaba. -Quizás el príncipe se ha olvidado de mi y ya no le gusto.- Se angustiaba. La bruja del bosque me ayudará a saber la verdad.

Efectivamente, un día la princesa pudo escaparse del castillo y acudir a escondidas con la bruja del bosque. Era un viaje accidentado, peligroso y hasta desafiante. Pero la princesa estaba dispuesta a todo para poder encontrar una solución.

Al fin llegó a la choza de la bruja. Ésta se extrañó de tener a su alteza ahí, frente a su puerta. Con mirada despectiva y altiva le preguntó:

- ¿Que buscas princesita?, ¿que puede querer alguien que lo tiene todo para acudir ante mi?- dijo con gran sorna.

La princesa omitió la actitud de la bruja y con altivez de una princesa respondió:

-Mujer de sabiduría, acudo ante tí pues he perdido el ideal y el sentido, quiero retornar al camino. ¿puedes tu ayudarme?-

La bruja guardó silencio por un momento. Queriendo sopesar la situación. Tratando de medir sus palabras añadió:

-Princesa eres, pero humana también, sujeta estás a las leyes y quebrantos de tu propia naturaleza, así que te ayudaré pero te pido que estés segura de que quieres encontrar lo que buscas. De ser así entonces te ayudaré-

La princesa asintió sin decir palabra. Fijando la mirada en los obscuros y profundos ojos de la bruja del bosque. Acto seguido la bruja la invitó a pasar.

-¿Estás dispuesta a todo?, ¿estás dispuesta a la verdad?, ¿estás dispuesta a llegar a las últimas consecuencias?- preguntó a manera de sentencia.

La princesa se estremeció hasta el tuétano con estas palabras profundas. Dudó por un momento pero luego, de manera extraña y sorprendente, desde lo más profundo de su corazón se escuchó la respuesta de manera categórica: -Si.-

La bruja entonces quedó en silencio. Se dirigió a su buhardilla y de ahí sacó un pergamino. La princesa quedó en silencio cuando la bruja lo desenrrolló lentamente. Su corazón latía con fuerza desmedida. Sus ojos se agudizaron para poder anticipar lo que le sería revelado en ese momento. Esperaba que fuera un conjuro, lo más profundo del averno, magia pura, hechizos terribles, misterios insondeables.

La bruja acercó una vela para poder leer con mayor claridad y luego comenzó:

El caldero es caldero, no es olla ni ropero.
Brilla la joya por su brillo no por estar en un joyero.
Hay que hacer camino no lo que dicta el destino.
El mundo muy adentro está, nada de lo que existe fuera será.
Nada te detiene solo lo que a tí te tiene.
Ser feliz es ser feliz.
Aparecen las alas cuando se quiere volar.
Y siempre se tiene que tener un final feliz.

La princesa se quedó fría. Esperaba que surgieran de las paredes estrellas y monstruos, almas en pena, vapores, fantasmas arrastrando cadenas, brillos y relámpagos, arañas y serpientes. Pero nada de eso sucedió. Se quedó en silencio esperando y esperando a que la bruja dijera algo. Silencio.

Pasados agunos minutos que se antojaron eternos la princesa al fin preguntó:

-Señora de sabiduría, usted me dijo que me ayudaría. Pero, nada pasó. No hay transformación ni cambio. todo sigue igual.-

La bruja la volteó a ver fijamente y luego añadió:

- Tu veniste a buscar respuestas y respuestas te doy. El conjuro que te dije oculto tiene el acertijo que debes develar para que tu vida pueda cambiar. Hechizada estás solo deberás esperar y el acertijo descifrar. Cuando esto suceda todo cambiará-

La princesa se sintió engañada. Frustrada al castillo regresó.

Días después el conjuro llegó nuevamente a la memoria de la princesa. Parecía que las palabras retumbaban en su mente como un eco distante. Poco a poco comenzó a develar el acertijo y encontrarle el sentido.

Seis meses después llegó la respuesta. Corrió al bosque con la bruja. Ésta agonizante estaba. Le tomó la mano y la besó.

-Gracias sabia mujer, la respuesta es sencilla pero muy compleja a la vez-

-¿Cual es esa respuesta princesa?-

- YO -

La bruja esbozó una pequeña pero dulce sonrisa y falleció.

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