El abuelo ha muerto...

El abuelo ha muerto.

La abuela le ha dicho el último adiós a aquél hombre que la acompañó por tanto tiempo, que fue su sombra por toda su vida. Ahora ya nada quedaba. Ya nada sería lo que había sido antes.

La abuela recordaba su pasión. Ese afán por hacer las cosas perfectas. su obsesión por la colección de timbres que con tanto celo había albergado ahora permanecía ahí sin más, sin esas manos que la habían construido se antojaba vacío y sin sentido.

La abuela se dirigió hacia la ventana. La lluvia sutil que caía le daba un aire melancólico y diáfano al ambiente y acentuaba el vacío que sentía la abuela ante la pérdida de aquel hombre eterno.

Sintió nostalgia.

Llegó a su mente una palabra: “El cajón azul“

Observando la ventana comenzaron a llegar esos recuerdos en forma de oleadas. Su cuerpo decrépito se estremeció. sintió ese hormigueo olvidado y aletargado. Su piel se erizó. -Cerró los ojos.- Sus labios se entreabrieron instintivamente. En los ojos apareció ese velo extraño de añoranza pero del cual se escapa un destello de emoción. Los pulmones se expandieron para albergar más aire y luego arrojarlo por las fosas nasales como un barrido emocional que trataba de evocar esos instantes de pasión.

Su cuerpo volvió a estremecerse.

Una leve sonrisa comenzó a dibujarse en los labios. Era una sonrisa de recuerdo y de secreto, de misterio y de silencio. La lluvia seguía cayendo rítmicamente. Las gotas cubrían el piso como un manto acuoso y volátil desafiando las leyes de la probabilidad y generando un caos visual que generaba destellos y pirámides liquidas a cada impacto del agua sobre la superficie.

La abuela extendió sus sensaciones hacia esa superficie que se veía estimulada por la caída de la lluvia. Parecía que su cuerpo era ese piso sobre el cual caían todas las gotas de lluvia y le regocijaban despertando cada uno de los poros de su piel ante los impactos que se sucedían de forma rítmica y constante.

Suspiró hondamente.

Su mano se posó suavemente sobre su pecho. Ahora su corazón trataba de desbordarse, había perdido el ritmo monótono de las gotas de lluvia y ahora tenía su propio ritmo producido por esa sensación largamente olvidada que ahora se manifestaba nuevamente después de tantos años olvidados.

Trató de evocar esa figura en la lluvia, escuchar nuevamente esas palabras que le susurraban al oído y la desarmaban, la violentaban.

- Eres una dulce hada que se posa en mis sueños - escuchó de pronto de entre los sonidos que se producían en la lluvia.

- Ya deliro - Pensó. Pero en el fondo se dio cuenta que eran las palabras que necesitaba escuchar en ese momento.

La abuela guardaba un gran secreto. Ese secreto tenía ya 40 años de permanecer oculto. Ese secreto tenía nombre y sensaciones, tenía mapas corporales y silencios, suspiros y delirios. Ese secreto era la que la había mantenido siempre al lado del abuelo y la había hecho ser mejor mujer. Si. La abuela había tenido un amante.

No es que no amara al abuelo, no es que no hubiera sido el hombre de su vida ni tampoco fuera un hombre malo, sino que en algún momento de su vida había necesitado algo más que eso. Se había perdido la pasión y el deseo. Era esa necesidad obsesiva de cambiar, de experimentar, de desechar y renovar. Pensó. Todo se tiraba, caducaba, debía ser cambiado, reemplazado. -El amor acaba- decía la canción. Y en ese momento la situación con el abuelo no era de lo mejor,  es decir, era buena pero carecía de esa pasión que siempre buscaba la abuela.

- Era esa bendita necesidad de buscar más, de tener pasión, de vivir intensamente, incendiarse, entregarse, vivir, experimentar, arder, vibrar. - Pensó.

Con el abuelo las cosas habían marchado bien. era un excelente hombre pero la fuerza de la costumbre y la monotonía habían agotado la pasión y el deseo.  Ahora todo era rutina.

De pronto lo conoció. No esperaba sentir lo que había sentido en ese momento. Era como si tuviera un mapa de su piel, una brújula que lo guiaba por su cuerpo y sabía amar, sabía como incendiarla. Sus palabras parecían una llama que recorría su cuerpo desde sus oídos. Ella quiso aferrarse a él, a lo que vivía en esos momentos. Pero sabía que las cosas no podrían ser más que en ese contexto.

Lo que más disfrutaba la abuela era poder platicar y explayarse. Dejar que su cuerpo fuera recorrido, aprender a erotizar y ser erotizada. Dejar atrás los tabúes y los miedos y simplemente ser. Escuchaba ese discurrir de palabras y voces, de significados y sueños absorta y ansiosa de sentidos.

un día el le dijo:

- Debes aprender a reciclar el amor, a reinventarlo, reutilizarlo, redefinirlo y redescubrirlo. Crees que el amor debe ser desechable cono todos esos productos que compras, que usas y luego tiras. piensas que el amor no puede ser eterno por que se contrapone con la idea de tu vida inmediata, instantánea y evanescente. El amor se reconstruye y redefine, se replantea y redescubre-

- ¿Qué quieres de mi?- Preguntó la abuela. -A veces creo que  estás conmigo por que solo te quieres acostar y pasar un rato pero nada más- Espetó.

Él le respondió:

- Tu crees que el amor está relacionado con el sexo pero te equivocas. Crees que cuando tu esposo ya no te hace el amor es que ya no te quiere. Un amante no es aquél con el que engañas, el amante su nombre lo dice: ama. Tu esposo puede ser tu amante, un amigo puede ser tu amante, cualquiera puede ser amante por que ama lo que tiene, ama lo que eres y lo que sientes. Un amante no es solo una connotación sexual, un amante es alguien que te ama o que tu amas. Tu crees que por que estoy aquí contigo y no te digo que te amo entonces te engaño y te engañas. ¿por que esperas en esta relación amor total? Por que es un tabú que rompes, es un paradigma que tienes y que la sociedad se ha encargado de construir. Conmigo vienes a escapar de tu rutina, de tu hastío, ¿por qué entonces quieres hablar de amor eterno? ¿tratas de disimular la culpa que sientes por que tu cuerpo reacciona instintivamente y crees que debes sentir amor por eso?, ¿te enojas conmigo por que yo no me siento culpable como tú? Quizás llegaste aquí buscando respuestas pero lo que encontraste son preguntas. ¿qué tantos tabúes tienes?, ¿que paradigmas te conforman?¿que tan dispuesta estás para encontrarte y encontrar a los demás?, ¿hasta donde estás dispuesta a llegar para descubrirte?.-

La abuela aún saboreaba esas palabras. Él le había quitado un gran velo en los ojos. Le había hecho darse cuenta de que tenía grandes miedos y frustraciones, grandes ataduras y apegos.

-Debes aprender a verte a ti misma, a redescubrirte y reinventarte constantemente, reconstruirte permanentemente para evitar el tedio y la rutina pues solamente tu lo construyes. Te quejas de que tu esposo es aburrido, apacible y estático. ¿y tu que haces al respecto? ¿te sientas a esperar a que cambie?¿ a que se de cuenta?. Eso es lo que te han enseñado, que la mujer espera y el hombre decide... No. Tu elige y decide sobre tu cuerpo, sobre tu placer. Yo no soy nadie. no soy nada más que ese catalizador que necesitas para cambiar y darte cuenta de lo que tienes y lo que eres, yo solo soy el vehículo para que tu te descubras y te valores, te reencuentres. Yo no hablo de amor, hablo de encuentro, de guía y de sendero. ¿por que me quieres hablar de amor?-

Esta fue la última conversación que tuvieron. Ella no se atrevió a volver a estar otra vez con él, ese descubrimiento la había aterrado, la había desnudado emocionalmente. Guardaría por siempre el recuerdo de aquel hombre que le hizo darse cuenta de que su vida no era la rutina ni el tedio, sino el reinventarse y reciclar el amor. Y si. Había guardado todo lo que era él en un cajón azul imaginario al cual acudir cuando se sentía sola y necesitaba escapar de la rutina. Él le había dado sabor a la vida, le había dado una experiencia y un recuerdo, la había marcado de por vida y le había dejado sueños y experiencias en un gran cajón azul.

¿y el abuelo?

La abuela no había querido indagar, saber nada sobre el abuelo y sus dudas. Bastante tenía con las suyas.  Pero ahora que ya no estaba le asaltaban las dudas ¿habrá el abuelo conocido a alguien que le despertara sus dudas?, ¿le develara sus miedos? o él habría podido separar el cuerpo del corazón y retozado con alguien más?.

La abuela prefirió no saber. Era mejor. Que cada uno guardara en su recuerdo sus propias experiencias y sentidos. Al fin y al cabo habían permanecido juntos casi 50 años...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre que escribe, aunque sean cuentos o historias, o como su titulo les llame; para alguien en algun lugar del mundo, es una realidad. Otra vez, llega con sus letras a estremecer y tocar las profundidades de un corazon. Felicitaciones.