Siempre...

Hace tanto tiempo que no tenía tu cabeza en mi regazo. Poder juguetear con tu cabello libremente. O bueno, lo poco que ha quedado de él. El tiempo es implacable. Nos acaba, nos extingue y transforma. Pero tú siempre has permanecido aquí.

Has caminado a mi lado durante tanto tiempo que mis pies ya se han olvidado desde cuando siguen tus pasos acompasados que aderezan a los mios.

Tus manos. Esos remansos de paz y tranquilidad que durante años fueron tormenta de deseo ardiente y búsqueda infinita. ahora las tomo. Siento tu calor. Repaso nuevamente como tantas veces la superficie de tus palmas. Tus callos siguen ahí como evidencia de tu esfuerzo y trabajo de años y años de entrega y dedicación, de paciencia y constancia. ¡Qué fortaleza la tuya!. Siempre me has sostenido cuando he caído. Siempre tu brazo solícito, tu fuerza y tu hombro para llorar.

Tu rostro tan bello. Ya lleno de arrugas y resquicios de las luchas que has librado ante la vida y la muerte. Esas comisuras en tus labios que acentuan tu adorable sonrisa llena de misterio y secretos. Veo tus ojos cerrados. Tus pestañas antes tupidas, ahora casí irsutas y solitarias ocultan ese mirar tan sereno, profundo, tan silencioso y eterno. Siempre ocultando esa chispa de vida y de furica existencia.

Quisiera que me abrazaras. Sentir otra vez tus brazos fuertes y afables. Aquellos que me cargaron desde esa noche de bodas hasta ahora. Sentir esa cadena hecha con tus brazos que acepté feliz por ser tuya  para siempre. Esos brazos que han sido mi refugio y que siempre permitieron adormecerme en tu pecho desde el cual emana ese calor y esa entrega que es solo para mi.

Tu pecho. ¿te dije alguna vez que es la parte que más me gusta de ti?. Bueno. tus manos y tus ojos. eso lo sabes. Pero tu pecho es algo especial. Siempre pensé que había una llave para poder acceder a él. Por eso siempre te acariciaba con la intención de ver si encontraba una cerradura por la cual pudiera yo colarme para que ya jamás me sacaras de ahí. No necesité esa cerradura. Tu corazón siempre ha estado abierto para mi y ha sido solo mio.

¿Que más podía pedir en esta vida? un hombre como tú: excelente padre, gran trabajador, responsable, honesto, entregado, respetuoso. "Hombres como él ya no hay" decía mi madre. Ahora que lo veo tuvo mucha razón. Hombres como tu ya no hay. Espero que nuerstras hijas encuentren a alguien parecido a ti pues has sido un gran ejemplo para ellas. ¿qué más podía esperar?

Inevitable perderme en tus labios.  Siempre han sido adictivos para mi. Sentir su humedad, su ternura y solitud. esa calidez de años, ese sabor embriagante y seductor que me estremece aún a pesar del paso de los años. Mis dedos otra vez tocan tus labios en un afán por evitar que digas algo. Basta con un silencio.

Aquí estás y siempre has sido mio... Siempre.

Ya vienen por tí. Te ves bien de traje. Siempre te lo dije. Ahora yaces aquí en mi regazo descansando en paz. Me acabas de abandonar y emprendes tu último viaje. Te me adelantaste. Te has ido sin mi. "Me voy para allanar el camino para que, dado el momento,  llegues fácilmente hasta mí" dirías ahora si pudieras hablarme. Pero ya no estás. Comienzas a perder tu calor y tu candor.

Ya vienen por tí. Ahora te levantan y te colocan en ese féretro que será tu última morada. Me acerco a tí. Mi cuerpo grita y ansía llorar. No lo hago. No es lo que hubieras querido. Te beso en la frente. y al oido solamente te susurro aquella palabra que selló nuestra promesa eterna: SIEMPRE...


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