Un encuentro inesperado...



Tomas tu bolsa y te levantas de la mesa. La música sigue sonando y te diriges hacia la novia. Es tu amiga la que se acaba de casar. La abrazas y te despides, le deseas lo mejor para esa nueva etapa en su vida. Sabes que es el comienzo de una larga travesía. Luego, te diriges hacia la puerta. te disculpas por que te tienes que retirar. -Los niños - dices. Luego de un abrazo, te tomas de la mano de tu esposo y te diriges hacia la puerta de salida. Estás contenta. Hacía tanto que no salías a una boda. -Es como si uno se volviera a casar viendo a los novios- te había dicho él cuando llegaron a la iglesia. Sientes esas ganas de quedarte. Hace tanto tiempo que no tienen tiempo para ustedes que quisieras quedarte un rato más. Pero los niños reclaman tu presencia. Piensas que todo el esfuerzo en arreglarte y vestirte fue demasiado para tan poco tiempo en la boda. Él lo compensa antes de llegar al estacionamiento diciéndote que te ves radiante. -Es tan lindo- piensas.

Te quedas esperando en la recepción. Él te dice que irá por el auto para que no camines hasta donde lo dejó. Te paseas impaciente. Tomas el celular en un intento por llamar a casa y preguntar cómo están los niños. Te contienes, es mejor llamar del auto, ya que estés cerca.

De pronto sientes en la espalda una mirada. No la ves pero la sientes. Comienza jugueteando en tu cabello y luego se desliza por tu espalda hasta detenerse en tu cintura, te acaricia. Es extraña pero misteriosamente te gusta, no te ofende. La mirada prosigue su camino, se regocija en tu cintura sutilmente, luego se pasea por tus glúteos y se desparrama por tus muslos, tus pantorrillas y termina en tus tobillos. Ha sido tan rápido que apenas has tenido tiempo de pensar. Escuchas una sutil risa femenina que rompe con el encanto de la mirada persistente y provocativa.

Volteas a ver disimuladamente quién viene. La risa es el pretexto perfecto para voltear a ver y saber quién te ha visto así.

Cuando te has dado vuelta, ves una pareja que está muy cerca. Reconoces inmediatamente al que te vio así.

Es él. Tu corazón se detiene. Tu respiración se entrecorta. El estómago se convierte en un nudo imposible. Las piernas que durante tanto tiempo han sido tu orgullo y vanidad por su constitución y su silueta gracias a tantos años de ballet ahora parecen un manojo de varas de nardo a punto de hacerte caer.  Han tomado el control tus nervios. El labio superior te tiembla imperceptiblemente y tus manos de pronto comienzan a sudar copiosamente.

Tu logras esbozar una sonrisa patética y forzada. Quieres aparentar indiferencia y sorpresa pero es tan impredecible el encuentro que no puedes articular palabra. Ahora descubres porqué te vio así y su mirada -secretamente- en vez de ofenderte te halagó.

Ella viene con unas copas de más. No se percata de tu nombre ni aparenta hacer ninguna conexión con él cuando te la presenta. Es su esposa. Tratas de serenarte. De tomar el control de la situación. Sonríes y le diriges un frívolo pero disimulado -gusto en conocerte-. La vuelves a ver bien. A pesar de ser una mujer guapa y atractiva se te hace horripilante, una arpía que no lo merece. Se te hace muy poca cosa para él. -Es lo mejor que pudo conseguir después de mí-. Te consuelas. Han pasado casi 18 años desde que le llamaste un día, escudada en un teléfono, para decirle que ya no querías seguir con él. Después de tanto tiempo sigues preguntándote por que decidiste eso.

Te habías olvidado de él, pero en ese momento teniéndolo enfrente tu cuerpo te traicionó. Quieres recuperar el control pero es una vorágine de sensaciones la que recorre tu cuerpo. Sonríes nerviosamente, empiezas a hablar sin sentido. Le preguntas si es amigo del novio o de la novia. Él responde que del novio y luego te pregunta a tí de regreso. Respondes que eres amiga de la novia. Sonríe. Entiendes esa sonrisa que no veías desde tanto tiempo. Sabes lo que significa. Es su risa de complicidad. Piensas que con eso te dice que es una ironía de la vida, su mejor amigo con tu mejor amiga si lograron hacer una vida. Este pensamiento viaja como rayo en tu mente. Ansías que algo te saque ya de esa situación. No puedes resistir más.

Ella ríe, se sorprende de la familiaridad, quizás intuya algo. Maliciosamente te pregunta si vienes sola. -Estoy esperando a mi esposo que fue por el auto- Mencionas, -ya nos vamos por que los niños aún no se duermen-. Dices esto sin convicción pero con el afán de que él sepa que estás casada ya y con hijos. -Que bien- dice ella. -Nosotros seguimos disfrutando de nuestra vida de pareja- y voltea a verlo a él con una mirada que se te antoja forzada y provocativa a la vez. -Quizás falsa- piensas. Cuando lo ves a él alcanzas a ver un destello de nerviosismo, de duda. No sabes lo que piensa. Es un instante. sonríe nerviosamente. Se hace un silencio incómodo.

Escuchas que al fin llega tu esposo en el auto. Agradeces a los cielos que por fin aparezca y termine ya esta situación. Él baja del auto. Lo último que esperas. Baja a saludar. Quizás baja por que te ha visto platicando con una pareja, quizás es por que intuye con quién platicas. Se acerca y no te queda más remedio que presentarlo. Parece no percatarse a quién le presentas. Tiende la mano franca y esboza su sonrisa de vendedor que utiliza en la oficina. No detectas que esté tenso. Él responde afablemente. Tal vez de más. Ella sonríe coquetamente. Se acerca a saludarlo de beso. Te incomoda su atrevimientoconversación hace que te saque del trance en que te encuentras. -Vámonos por que ya es tarde-.  Es una frase que te sabe a gloria. A huida con pies polvorosos. A retirada con honores. Sin confrontación.

Te despides de ella primero en lo que tu esposo se despide de él. Te acercas a ella y finges un beso. Ella hace lo mismo. Sientes el rechazo, y la mala vibra. Su aroma se te hacer repugnante. Sonríes al separarte. Sabes que le caíste muy mal desde el principio aunque aún no sepa porqué. Te percatas de tu error, pero es demasiado tarde. Si te despediste de ella así tendrás que despedirte de él. Habría sido mejor que solo te subieras al coche y te despidieras agitando la mano como una reina de belleza. Demasiado tarde. El protocolo indica que tienes que acercarte a él y despedirte de beso. Su cuerpo otra vez cerca de tí.

Te estremeces. Te acercas a él y procuras que sea lo más rápido posible. Pero cuando te vas acercando el tiempo se detiene, el espacio se dilata. El mundo deja de girar y en tu vientre sientes una chispa que descarga toda su energía cimbrándote en el piso. Sientes su mejilla otra vez, sus labios en tu piel. Arden.

Un escalofrío recorre tu piel, tu mejilla es el epicentro de las ondas que recorren tu cuerpo estremeciéndolo, despertando tus poros y tus sentidos, provocando a tus nervios. Logras reaccionar y separarte de su cuerpo, evitar su fuerza gravitacional. No puedes resistir la tentación de verlo a los ojos por última vez. Sabes que no debes hacerlo. Que debes evitarlo a toda costa pero fallas en el intento. Ahí están. Toda esa furia y pasión. Todo él en esa mirada. En ese brillo que siempre te hizo sucumbir.

Ves que su voz se quiebra. Quiere decir algo ininteligible, casi como un susurro. Tu oído se agudiza. Tus ojos se posan en sus labios para ver si puedes descifrar que quiere decir. Lo ha dicho ya. No escuchaste. Solo ves el brillo de sus labios. La carne que se abre e invita. Recuerdas sus besos, la tersura y textura. Entreabres los labios. Más que por voluntad por autonomía de los mismos. No sabes que decir. La chispa sigue ahí.

De pronto haces tierra. Tu esposo te agarra de la mano y escuchas su voz. -Es hora de irnos-. Volteas y te encuentras con su mirada distraída. No se da cuenta de lo que ha pasado. Mejor así. Que no sepa nada. Que ese momento se pierda en el olvido. Se escape de la memoria.

Subes al auto. Aún sientes su mirada. Su deseo por retenerte. Escuchas la voz de ella que dice con cierta sorna -Hasta luego-. Suena como una sentencia. Como un destino sellado. ves hacia el frente. Tu esposo arranca el auto. Te sientes desgarrada. Llena de dudas. El auto comienza a moverse. Quieres voltear. Lo evitas a toda costa. Sigues sintiendo esa mirada fija que te invita a voltear.

No resistes. Le diriges una mirada en un instante. Sabes que él entendió.

El auto se aleja por siempre y tu en él.


1 comentario:

Anónimo dijo...

"Por un momento soñe contigo;
Por un momento pense que te tenia;
Por un momento pense que vendrias a buscarme, como el cuento de la princesa en la torre rescatada por su principe;
Por un momento imagine que me amarias;
por un momento como en aquel entonces;
Por un momento quise encontrarte en mis sentidos;
Por un momento volver al corazon;
Por un momento contigo;
Entonces realize que todo era tan solo Por un Momento".