La loca de la casa...

Ahí está. Paseándose libremente por el espacio. sus manos angustiadas se retuercen tratando de aferrarse a algo, a alguien. Sus labios hablan inconmensurablemente en un torbellino monológico de razones y explicaciones construidas con redes semánticas y lógicas infinitas.

Sus pasos erráticos, dubitativos, impredecibles aparentan una dirección preestablecida y no una cuestión predeterminada. Aparenta tener una dirección hacia ninguna parte. Su voz resuena por todo el espacio saturando todo aquello que pueda ser escuchado de otra fuente.

Sus palabras cacofónicas, multidimensionales, pueden prestarse a una infinidad de interpretaciones. Pero es tan insistente en todo su discurso que apenas y se tiene tiempo para detenerse y reflexionar ante lo pensado o dicho. A veces está furiosa, enojada con ella misma, se culpa, se castiga y minimiza, se deplora. Y luego aparenta perdonarse. Simula el estar tranquila y equilibrada, aunque en el fondo es adicta a su dolor y su desesperanza.

Está desquiciada. Paranoica en sí. Autocentrada y autoreferenciante. El centro del universo que gira en su cabeza toma como eje sus discursos intrincados, rítmicos y escleróticos en su discurrir pulsante y estridente. 

Solo cuando está dormida puede calmarse, descansa de todo ese monólogo interminable de argumentos y justificaciones. De razones y refrendos de su importancia y la construcción de su imagen desde el deber ser, más que el querer hacer. Astuta y siempre alerta. Reverberante en sus palabras, determinante en sus silogismos trepidantes. 

Esgrime la lógica como espada, entreteje razones y motivos, olvida las emociones y los instintos. Ha sabido escurrirse de su identidad para vivir la vida que ha construido a través de sus constructos y aberrantes cosmovisiones. Deconstruye el espíritu, desarticula el sentimiento, desactiva los sentidos. De esta manera se yergue como la gran señora que todo lo sabe y todo lo ve, la que todo lo puede y todo lo alcanza. Se convierte en el Yo único, elemento totalizador y determinante. Único y apabullante. Es su dios mismo, su propio totem sagrado.  

Nada es suficiente para alimentar su locura, su fluir de ideas desquiciantes. Esa lucha infinita de las ideas por sobrevivir en un mundo de selección natural, se sabotean, se contraponen y luchan, son ideas egoístas que buscan a toda costa competir y sobrevivir en el mundo limitado de la loca que las alberga. 

Los ojos son el arma principal de la loca. Buscan, escudriñan, taladran. Tratan de penetrar corazas, de explicar el mundo, buscar correlaciones, entender funcionamientos, construir significados, reconstruir sentidos, derivar sueños, integrar ideas, desacralizar espacios, desnudar razones, reconstruir intenciones. Nada es suficiente, nada es determinante. Se alimenta de datos y de palabras, de números e imágenes, es omnipotente y omnipresente, tiene el don de la ubicuidad. Puede explicarlo todo. 

Reprime con diatribas y justificaciones, tabús construidos a través del tiempo y el espacio. Construye murallas de explicaciones y evidencias irrefutables. Pone y fija los pies en la tierra, los aferra con piedra y fuego. Limita y audita los sueños, determina lo posible y lo imposible, lo probable y lo admisible. Lo real y lo imaginario. 

Construye fantasmas, elabora mitos, reconstruye leyendas, recrea imagenes, realiza planes, futuros y presentes, altera pasados, desviste pasiones, revisa intenciones. Digitaliza sensaciones. se convierte en ese gran juez que todo lo juzga y todo lo sopesa, que tiene el poder de evaluar y destruir. 

Esta loca de la casa no es cualquier loca. Es la loca que todos llevamos dentro y se llama razón... 

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