Los 13 minutos...

Abres los ojos de golpe. Volteas a ver el despertador pensando en que otra vez éste no sonó o inconscientemente lo apagaste. Llevas días o quizás meses sin poder dormir bien. Sientes ese golpe del corazón. ese despertar violento, casí brutal a la realidad. Ves el reloj...aún tienes 13 minutos. Cierras los ojos para aprovechar ese mínimo tiempo para descansar. La alarma aún no ha sonado.

Volteas a ver a tu lado. Ahí está tu pareja durmiendo. Cierras los ojos otra vez y suspiras. Tu mente comienza a funcionar o quizás está funcionando desde antes de que despertaras... sientes un cansancio inmenso que te invade todo el cuerpo. Te das cuenta que tu mente no ha dejado de funcionar desde hace tanto tiempo que tu cuerpo te reclama un poco de paz. La rutina es tan agobiante que sientes que ya no puedes más. Tarde o temprano te quebrarás y no podrás seguir.

Quieres silenciar tu mente. Dejar de pensar por un momento, al fin y al cabo solo tienes 13 minutos antes de levantarte. Pero tu mente se rebela, no te lo permite. Te resistes, intentas obligarte a no pensar en nada. Pero tu mente es indomable. Ahora comienza a proyectarte una serie de visiones de tu realidad.

Sientes a tu pareja al lado. Dudas. Te cuestionas si esa persona de al lado era lo que esperabas. Era ese ideal que habías construido. Suspiras. No. No lo es. Quizás no es lo que creíste que debías tener pero ahí está a tu lado. Con todos sus defectos y todos sus quebrantos. Te das cuenta que es lo que tienes, que es lo que te tocó. Nada puedes hacer más que aceptarlo. Una sensación desagradable se manifiesta en tu estómago. Te rebelas. Sabes que si no estuvieras de acuerdo ya te hubieras ido de ahí. Pero no. Algo pasa. Algo sucede que te mantiene en ese lugar con esa persona. ¿te resignas? ¿lo aceptas?... te consuelas. Buscas en tu pasado algún resquicio de amor que te haga sentir aunque sea un poquito. Para así no perderte un poquito más. La tristeza comienza a reptar por tus piernas... quieres evitarlo. Quieres detener el avance inexorable de esa sensación brutal...

Piensas en tus hijos. En esos seres que forman parte de ti. Sabes que los amas. Pero quizás, solo quizás, en un chispazo de locura piensas que talvez era mejor que los hubieras tenido con otra persona. Pero... no fue así. Esa es tu realidad, esa es tu verdad. ¿porqué sigues entonces ahí? ¿no es algo que construiste con tus decisiones? ¿porqué lamentarse ahora?

Tu pareja se mueve, se da la vuelta. Sabes que pronto se despertará. Ves de reojo el reloj. Te quedan 7 minutos. Piensas en el amor puro y entregado de la adolescencia. Crees que es algo que perdiste, que ya no volverá. Crees que así deberían ser todos los días de tu vida: pintados de colores, llenos de emociones desbordantes y sonrisas perpetuas... -"En el Shangri-la"- pensarás y luego sentirás ese leve movimiento del labio que en complicidad contigo manifestará estar de acuerdo con tu ironía. Pero sentirás instántes después que la tristeza avanza sobre tu cuerpo más rápido pues quiere alcanzar tus ojos para desbordarse en forma de lágrimas. ¿porqué no pueden ser así tus días? ¿como esas películas de felicidad eterna y amores intensos como las que te gustan?. Te das cuenta que tu realidad es otra. Pero...eso lo decidiste tu ¿verdad?. ¿entonces porqué no es tu ideal? ¿te engañaron? ¿alguien te mintió? ¿te drogaron?... No. Es solamente responsabilidad tuya. Tus decisiones.

Te das la vuelta. Te angustias. Sientes una gran opresión en el pecho. Quieres gritar. Ahogas tu grito. Uno más de miles que no han escapado. ¿Porqué entonces sigues ahí? ¿qué es lo que has hecho?... Te das cuenta de que tu pareja puede tener los mismos sentimientos y resentimientos que tú. La misma culpa y el mismo dolor. La misma resignación...

Surca por tu rostro una lágrima... la tristeza te ha alcanzado al fin... Te resignas... Pronto los niños se despertarán y comenzará la revolución. No tienes tiempo para ti, para tus sueños, para todo lo grandioso que pensaste que serías y crees que ya jamás lo serás...

Tu corazón late más fuerte, con más furia... parece que se quiere desbordar, que se romperá... Se abre una sutil ventana. Tu mente se silencia por unos instantes. Hay una luz fuerte que te ilumina...Tu corazón no se iba a romper ni se desbocaba. Queria hablarte. Decirte algo sin palabras. Sin lógica.

40 segundos antes de que suene el despertador te estremeces. Has tenido una revelación. Te das cuenta que tu corazón es más fuerte de lo que creías. Te decides. Te propones cambiar tu vida, tu entorno, tu realidad. Depende de ti y de nadie más. Decides transformarte, cambiarte, reinventarte. Solo depende de tí. El mundo no está en tu contra. Solo tienes que aceptar que esta es tu realidad y que cambiando tu cambiará tu realidad. Aceptas que el amor no existe, lo construyes y edificas con el tiempo para que exista y sea fuerte...

Suena el despertador... Por primera vez en muchos años te entusiasma que inicie un nuevo día y tu ser partícipe de él...

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