Hércules...

incredible-hercules-20080129025233654_640w.jpgSiempre creí que era hijo de dioses. Me decían que mi padre era Zeus y mi madre, una reina llamada Alcmenea. Crecí en un mundo seguro y predestinado. Lleno de comodidades. Estudié en las mejores universidades y siempre, a mi alrededor, era loable mi gran fuerza y mi energía en todas las cosas que emprendía.

Llegué a esta tierra para triunfar, para ser ese héroe de todos los sueños de los padres y de los padres de los padres. La imagen perfecta de los logros y de una vida ideal, propia de un integrante del Olimpo. Lleno de reconocimientos, logros y destacando en todas las empresas que emprendía.

Al terminar la universidad, con las expectativas puestas en mi y en mi futuro, decidí entonces luchar contra centauros e hidras. Necesitaba practicar, ser el mejor, luchar hasta vencer. Poco a poco fui avanzando en el camino de los logros, cada vez mayores los desafíos, los retos, las metas alcanzadas.

Conocí a Mégara. Esa princesa que logró conquistarme, mostrarme que no todo es fuerza y bestialidad. Inició pues comenzar una vida estable. Propia de los sueños construidos por generaciones y sociedades vigentes y posmodernas.

La vida comenzó discurriendo pues, con esa algarabía propia de los sueños y las realidades... Hasta que Hades desató a los titanes...

Día a día comenzó la lucha interminable. Los desafíos, las victorias y los fracasos. Por la noche, al volver a casa, cansado, abatido, pensando que una vez más los titanes habían sido vencidos, llegaban a mi las pesadillas, los quebrantos, los deseos poco a poco mancillados de que fuera ese día la última lucha final para poder al fin descansar. Pero los titanes por la noche volvían a recuperarse, fortalecerse, incólumes y listos para la siguiente batalla.

Al principio la costumbre y la rutina aletargaron el desafío, la lucha interminable. Pero el tiempo pasa y es inexorable. El cansancio es latente, el desgaste presente, la rutina agobiante. Las manos cansinas, los ojos llorosos, las piernas temblantes.

Lo que me consuela por las noches es pensar en Prometeo. Ese pobre iluso que lucha todos los días por tratar de llevar el fuego a los suyos aún a costa suya. A pesar de ese esfuerzo, él está encadenado sin poderse mover. Una gran águila se alimenta de sus entrañas siempre y sin piedad. Prometeo entrega su vida y su cuerpo para poderle dejar algo a su descendencia... Aunque sea solamente el fuego y algo de saber...

Yo no puedo tanto. Prometeo piensa que es un titán, yo creo ser un semidiós. Aún así, trato de vivir mi vida lo mejor que puedo, luchar contra los titanes todos los días, regresar a casa abatido y cansado.

La vida pasa, se va. Se escurre por entre los calendarios intermitentes que marcan los días y me recuerdan que los días pasan y se quedan. Cronos, es inexorable y pronto, el señor Hades lanzará su último desafío. El Tártaro pues, comenzará a recibir todas esas almas de Prometeos y Hércules que han sido seducidos por las promesas y los sueños inalcanzables de una posición en el Olimpo. Caronte sonreirá complaciente cuando nos vea llegar sin nada más que una moneda para poder cruzar el río de las almas, sin nada más que unos cuantos centavos logrados con una vida de sacrificios y luchas interminables. Creíamos ser titanes y semidioses... Sonreirá pues sabrá que no éramos más que simples mortales soñando en alcanzar el Olimpo.

¿En realidad podremos alcanzar el Olimpo? ¿Pertenecer a esa raza de dioses inalcanzables, acomodados, con sus realidades y futuros solucionados? ¿Ser de esos elegidos que solo poseen lo mejor y lo más deseado? ¿O seguiremos luchando hasta el cansancio sin lograr avanzar más que unos cuantos metros en la montaña para alcanzar el Olimpo?

¿Hasta cuando nos daremos cuenta que la vida mortal tiene sus encantos, sus ninfas y nereidas, sus sirenas y sus sueños? ¿hasta cuando seguiremos con ese sueño falso y siempre perseguido de los dioses del Olimpo?

Los titanes no tienen fin, los cíclopes siempre regresan, se restituyen, las hidras se refuerzan, son esquivas y dañinas. Y el tiempo pasa, la lucha sigue, y seguimos perdidos en ese deseo por llegar a ese lugar que jamás alcanzaremos. Y ya viejos y abatidos, aburridos de tantos titanes y luchas perdidas, nos daremos cuenta que ese Olimpo era solamente una ilusión social, un paradigma cultural. Esa imagen ya borrosa por nuestros ojos llenos de miopía se difuminará junto con nuestros sueños e ímpetus por querer ser alguien en un mundo sin sentido.

Algunos se conformarán con un Pegaso volador, criado y cuidado con esmero, como ese símbolo de haber alcanzado algo y creer que se puede volar por encima de los demás que se arrastran lastimosamente hacia la lucha con los titanes. Quizás algunos logren ver un poco más allá gracias a sus caballos alados. Pero su cansancio y el tiempo se encargarán de demostrarles que de nada sirvió llegar hasta ahí.

Veremos a muchos Prometeos tratando de construir algo y legar algo a su descendencia para que puedan continuar con esa lucha eterna y quizás, algún día, los nietos de los nietos, si luchan sin cesar, alguno pueda escapar de la maldición de ser humano y llegue a las puertas del Olimpo para ser recibido con beneplácito por la corte real de Zeus. Mientras tanto, generaciones y generaciones de Prometeos y de Hercules lucharán sin cesar para poder avanzar un poco más y dejar esa posición a su descendencia.

Hoy al menos, yo quiero detenerme y pensar. Darme cuenta que no poseo una vida Hercúlea, soy humano y nada más. Me han hecho creer que soy hijo de Zeus, que puedo vencer a los titanes para poder al Olimpo llegar. Ahora ya no se si es verdad...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Señor Escritor de Idea Uno; entre trece minutos, la prostituta y Hercules, me quedo en trece minutos. Me conmovio mucho que la prostituta se muriese; porque la mata?, en fin, se que es cuento, pero ... Hercules le confieso me aburrio un poco, disculpe mi honestidad. Me han gustado muchisimo sus historias, asi que me tomo la libertad de la critica.

Elo Rojas dijo...

Agradezco todos y cada uno de los comentarios ante mi blog pues eso me ayuda a mejorar cada día. ¿porqué mato a la prostituta en "epifanía de una prostituta"? En realidad creo que existen diferentes formas de morir. Y una de las diferentes formas de morir es la física. La muerte no es el fin solamente de la vida, es también la muerte de los sueños, de las ilusiones, del amor o de los miedos. La prostituta no muere "fisicamente", por eso es una epifanía. Lo que muere es su vida como prostituta. Ante la revelación ella se libera, se purifica y puede continuar su vida ya siendo otra mujer que se desprende de esa imágen falaz que es ser prostituta.
Por eso el auto misterioso es el tiempo y la realidad. Es el instante de la revelación. Ella ve la luz, pero no la luz del auto, sino la luz de esa revelación. El golpe es su despertar, el tomar conciencia de su realidad. De ahí que decida pues vivir pero ya siendo otra persona. Se despide de su etiqueta moral de prostituta para convertirse en una persona real.

Hércules. Es, al fin y al cabo, una metáfora de la vida cotidiana. Todos pretendemos ser titanes y semidioses pero no porque lo seamos sino por que la sociedad se encarga de hacernos creer que así es. Es el reflejo del desencanto posmoderno. La visión de nosotros mismos frente a la realidad. Este cuento alude más que nada al pesimismo masculino ante las irrealidades de la vida artificial. Entiendo que no todo debe ser fácil de digerir y de asimilar, sobre todo cuando normalmente mi tono de escritura es enfocado a una reflexión sin género y este cuento hace más alusión a la parte masculina.
Una vez más agradezco de sobremanera su aportación y fidelidad a este blog como escaparate de mis letras y sus aportaciones para él.