Un día cualquiera...


Piensas y te debates. Te inquietas. Parece que el sol que te pega en el rostro te invita a seguir. Estás ahí sin hacer nada, sin cambiar. No es que estés cómodo, es que te has acostumbrado a estar ahí doliente, rumiante, ausente.

La mirada perdida, la sonrisa estudiada. ¿Qué puede pasar en el mundo en donde nada pasa y todo pasa?, ¿es así?. ¿sin nada que mueva o altere, cambie o se transforme?.

Estás perdido. Te buscas sin el ánimo real de encontrarte. Es tan difícil encontrarse cuando toda tu vida y tu mundo se han encargado de conformarte. ¿esencia? ¿esa es la palabra? Si. esa es. Tu esencia parece recargada sobre el espacio olvidado de tu alma. El mundo ha sido construido a través de necesidades. Esas palancas de deseos y satisfactores que hacen que el mundo se mueva, se transforme y avance. No quise usar la palabra evoluciona por que creo que es demasiado grande para explicar el pírrico desarrollo del ser humano. Y ahí estás. Tan indiferente. Como un espectador que apenas y se percata de lo que sucede frente a sus ojos. Esa alegría y explosión de vida y de cambio perpetuo. No. Prefieres encerrarte en esa concha protectora. En esa aparente estabilidad con un equilibrio raquítico.

Cierras los ojos por un momento. No quieres ver el sol que de manera intermitente te ilumina el rostro y luego se oculta tras las sombras. A veces sientes que el tiempo pasa impelido por una prisa mayor a la que tu tienes por existir. Parece que te empuja, te obliga a cambiar de sitio.

Los colores brillantes que se mueven frente a tí de manera errática e impredecible te sacan de tus cabilaciones. Te gusta ahondar en tus profundidades, perderte en desvaríos multitudinarios, ver sin ver, estar sin estar. Proceder a la desconexión de la realidad para no sentir aunque fuera un poquito. Tienes el corazón tan comprimido que apenas y sientes una punzada cuando ves tu reflejo en ese vidrio que tienes frente a ti como ese escaparate de la vida. Los movimientos intermitentes que se mezclan con ese vaivén en el que estás metido. una circularidad agobiante, apabullante, reiterativa.

Escuchas voces, gente que entra y sale, te empuja, te obliga a cambiar de sitio, pero tu permaneces incólumne, estoico, procuras moverte con esa masa informe que se mueve y se desplaza bajo ciertos principios incomprensibles para las leyes del caos y la probabilidad.

Los olores se entremezclan, perfuman los espacios, los apestan y enmancipan, los develan. Tu. Sigues ahí. Absorto y perdido en el tiempo y el espacio. ¿hasta cuando pararás?, ¿hasta cuando dirás basta? ¿habrá algùn momento en el que tomarás valor para hacerlo?

Dentro de todo ese barullo y ese ruido que se escucha diáfano y borroso, la voz clara y sonora que te llega de golpe y te saca de tu trance:

"Próxima estación: Cuicuilco"... luego tres tonos intermitentes... la puerta se abre... y tu bajas para continuar tu camino en la realidad...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si, efectivamente, tengo que confesar, de nuevo una vez mas, otra de sus historias se identifica a una realidad. Esta en especial capto mi atencion de manera especial, aunque este escrita en masculino, me llevo a un lugar en el centro del ser. Gracias por sus cuentos, sus historias, por sus letras.