Si muero joven...
quisiera descansar en un río de estrellas
caminar nuevamente por los caminos andados
pero ahora ligero y sin pena alguna
si muero joven
quisiera un funeral sin tumba y sin flores
sin llantos ni tristezas, sin misa ni carroza
tampoco una lápida indicando mi nueva dirección
Si muero joven
tocaré la tierra y andaré por el aire
pintaré arco iris en los días lluviosos
jugaré con los aromas del café
Me convertiré en una melodía que alguien cante
seré un recuerdo que se olvidará con el tiempo
Y un día alguien en algún momento recordará
a este que se quiso comer el mundo en un instante
Recordará que la vida es un leve suspiro
que pasa tan rápido y solo sucede una vez
rodará una lágrima de melancolía y añoranza
en memoria de los que vivimos fugaces
Si muero joven
Es por que ardí de deseos por vivir cada instante
no traicioné mis sueños y mis ideales
Y llegué hasta donde debía llegar
Si muero joven
Es por que así debía ser a nadie culparé
Solo dejaré que la muerte me lleve
feliz de haber vivido un instante fugaz
Mi brillo se apagará y mi estela quizás quedará
sin miedo temor ni culpa estaré
Y así podré a mis hijos cuidar en cualquier lugar
Si muero joven no importa ya llegué hasta acá
Verano del 93

Ser alguien en la vida...
- Bien papá, aunque estoy confundida-
- ¿por qué princesa?
- Por que la profesora nos dijo que era muy importante que nos esforzaramos en la escuela para poder ser alguien en la vida, y no entiendo por que nos dice que para que seamos alguien en la vida, ¿ahora no soy alguien?
- bueno hija, eso es un decir, lo que la profesora quiere decir es que cuando termines la universidad serás alguien por que tendrás un titulo.
- ¿entonces ahora que no tengo un titulo no soy alguien? ¿las personas que no estudiaron -como la abuela- son nadie?
- Ejem! bueno hija, lo que quiere decir en realidad es que cuando termines la universidad podrás ser alguien por que podrás tener un trabajo y sostenerte por ti misma gracias a un trabajo, la gente te reconocerá como gente de bien...
- wow, wow wow... papá un momento, ¿entonces el ser alguien en la vida es tener dinero? ¿el ganar dinero? ¿y mi mamá que no trabaja y se la pasa cuidando a mis hermanos entonces no es nadie por que no gana dinero?¿el dinero hace que la gente sea alguien? se me hace absurdo... sigo sin entender...
- No es así hija, mira, te lo voy a explicar más facilmente, cuando uno trabaja y gana dinero, o cuando estudia, los demás lo reconocen como una persona de bien, que es una persona confiable, y que forma parte de la sociedad, por eso se dice que es alguien en la vida, es alguien para los demás que la reconocen como "gente bien".
- A ver si entiendo bien, entonces ser "alguien" es que los demás te acepten, los demás te reconozcan y digan que eres "gente bien", ¿todo lo haces por los demás?, ¿quienes son los demás para evaluar o juzgar lo que eres?, ¿por que los demás van a decir lo que debes pensar o hacer para que te reconozcan? ¿entonces los demás deben decir cuando eres alguien y cuando no eres nadie? Así que dependemos de caerle bien a los demás para que seamos alguien, ¿no es así?, entonces las personas que no son reconocidas por los demás como "gente bien" ¿son "gente mal"?
- Hijita mía, creo que estoy tan confundido como tu, no me había puesto a pensar en eso, siempre he sido alguien en la vida, pero no se para quién ni para que vida, mejor enciende la tele que ya van a empezar las noticias...
La revista...

Ese día desperté como cualquier otro, bajé a preparar el café para poder comenzar a leer la revista que había llegado el día anterior. El agua hirviendo, el molino de café, el azúcar y la "french press" hicieron el café perfecto para iniciar el día. Me encanta ese sabor dulzón-amargo del café, las notas terrosas del grano arábigo, un café "Aged Sumatra", -costoso-, pero su sabor al despertar bien vale la pena lo pagado por él.
Abrí la revista y comencé a ojearla de atrás para adelante, una extraña costumbre para los demás, algo natural en mi por ser zurdo pues de forma natural comienzo a hojear esa revista que me llega mes a mes.
Revisaba los titulares lentamente para determinar el orden que quería seguir para leer los diversos artículos de la revista. Otra manía más. establecer orden y prioridad de lectura. Un pequeño secreto, como si evaluara el peso y la importancia de cada artículo y su relevancia para ser leído, degustado y saboreado como ese café que había preparado.
De pronto un titular llamó mi atención: "Jonathan, el zombi de los sueños".
¿zombi de los sueños? pregunté en voz alta, aunque nadie estaba presente para escuchar mi inquisidora pregunta llena de sorna. Pero, ¿que es esto?. Decidí entonces darle otro prolongado sorbo a mi taza de café y me dispuse a leer dicho artículo que no tiene caso resumir aquí pero incluyo el párrafo que se me antoja más interesante.
"...Si bien es cierto que Jonathan es un individuo aislado y aparentemente padece de sus facultades mentales, al profundizar en su diagnóstico es factible detectar una lucidez extraordinaria en su proceder. No es una persona disminuida en su capacidad intelectual, por el contrario, es un individuo que rebasa el promedio de inteligencia en México. ¿por qué es entonces un desadaptado?. La respuesta se presenta fácil: es un individuo que su ego se ve guiado por lo que su voluntad establece sin importarle lo que el inconsciente colectivo le dicte. Esto quiere decir que es autónomo en su proceder sin influencia de su entorno, y esta autonomía está regida por su voluntad. Así, aparentemente es un zombi, deambula por la sociedad sin un propósito aparente pues la sociedad descubre -sin conceder- que no puede influir en él ni su proceder. Esto molesta a los demás, los irrita por la libertad de la que goza, por la distancia que sabe establecer, por su independencia. sus sueños son su voluntad, esa voluntad creadora que rige su proceder. Así, aunque para la sociedad sea un zombi, para su individualidad es un soñador que busca concretizar los sueños. Se presentan pues las siguientes preguntas: ¿podrá entonces Jonathan empatar sus sueños con las expectativas y paradigmas establecidos por la sociedad?, ¿que tan dispuesto estaría a sacrificar sus sueños para insertarse en la sociedad y sentir la aceptación de los demás?. ¿es necesario aceptar lo que la sociedad establece para pertenecer a ella?.
De pronto me detuve. No sabía que pensar. esto me comenzaba a confrontar seriamente. Las preguntas no eran sencillas de responder. A veces la sociedad se encarga de determinar un camino, el camino esperado, "una familia, una casa, un buen trabajo, una posición reconocida", tantas y tantas cosas, pero ¿y la libertad de elegir?, ¿eso lo decidí yo o fue algo que desde pequeño me inculcaron y ahora pienso que así debe ser?... seguí leyendo.
"...Jonathan parece desafiar todo este paradigma social, él es independiente, no forma parte de nada, ni pertenece a nada, parece ser que su identidad es indefinida, su importancia personal es mínima y su ego disminuido hasta aparentar que es cualquier persona, puede ser cualquiera en cualquier momento. La sensación de estar frente a él es inquietante. No se sabe quién es, no se puede saber ni adivinar que piensa, o a donde pertenece, parece ser que posee una mirada perdida que en cuanto se encuentra con los ojos de uno taladran y desnudan, es como saber que está frente a alguien pero no saber quién es, y la otra persona nos conoce perfectamente.
Existe y se conduce dentro de la sociedad como un individuo más, pero sin pertenecer a ella, se rige por sus propias decisiones y determinaciones, escapa de las críticas y los convencionalismos, de los juicios y las culpas. Jonathan pues, parece ser un ser mucho más libres que muchos aunque parezca que no es nadie..."
De pronto quise conocer a Jonathan, hablar con él, preguntarle como había logrado esa libertad, cómo había llegado a destruir el ego y ser libre en su proceder, y sobre todo como había evitado el juicio y el rechazo de los demás. Terminé de leer el artículo para poder saciar mi curiosidad. Quería saber más de él y de su vida, de cuales habían sido las circunstancias en las que había vivido, las razones de su proceder, las motivaciones detrás de su consciencia para llegar a ese punto y sobre todo saber si la vida que uno construye es real o solo la ilusión de una sociedad que nos enseña lo que cree que es la libertad.
Viaje a Huimilpan...
Cuando viajábamos en auto de San Cristóbal de las Casas a Tuxtla Gutiérrez no pasaba de 60 kms por hora. Era exasperante ver a los demás autos viajar a velocidades más altas. Algunos autos hasta nos tocaban el claxon para que nos moviéramos a un lado y cediéramos el paso. A veces me escondía detrás de la puerta cuando observaba que se aproximaba un auto conocido. En esa época en San Cristóbal no habían muchos autos y menos que viajaran a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.
Le preguntaba a mi padre por que no iba más rápido, él contestaba que para qué, que era más seguro viajar a esa velocidad. A veces creía que no era verdad pues más de una ocasión me tocó que tuviéramos un trailer atrás del auto y éste se empecinara en rebasarnos ante nuestra lentitud.
Quizás en la zona de curvas llegara a disculparlo, -Es que no ve bien- decía cuando mis amigos me decían que nos habían visto en nuestro auto. Era un Caribe azul eléctrico "tunneado" de acuerdo a la moda de esa época, ni como decir que no eramos nosotros.
Era irónico ver a aquel auto "tuneado": spoiler delantero, spoiler trasero, espejos deportivos, faros de niebla, bazooka, todo lo hacía parecer un auto veloz para la época... salvo el piloto que conducía a no más de 60 kms cuando iba rápido.
En las rectas no aceleraba. La carretera libre, vacía, que invitaba a correr y desbocarse aunque solo fuera en un pequeño tramo o un instante. Pero nada... Seguía a 60 kms. Ya mayor, mi hermano y yo nos burlábamos de él y le decíamos que íbamos en carroza fúnebre, que más bien si llegaba a pasar una seguramente nos rebasaría... y él no decía nada, solo seguía mirando el camino. Quizás en ese auto jamás llegó a ser usada la 4a velocidad.
Ahora me gustan los autos potentes, sentir la potencia y la aceleración, el bramido del motor, la estabilidad, me gusta acelerar y sentir el vértigo de la velocidad. Esa sensación de poder en el pedal, el deseo de sentir la velocidad, la furia e ímpetu de un auto me emociona. Disfruto cuando puedo rebasar haciendo alarde de la potencia y estabilidad del auto que tengo. Sobre todo en carreteras de dos vías... hasta hoy que decidimos ir a Huimilpan.
Una pequeña población a media hora de Querétaro. Sencilla y pintoresca. Con ese silencio y vacío de las ciudades olvidadas. Quizás su único orgullo sea la habilidad y destreza de los talladores de cantera que son unos verdaderos escultores, pero la población muestra los indicios de la aculturación producto de la migración al norte. La música norteña se entremezcla con los sonidos de los autos que gritan su origen rapero y country.
Regresando de Huimilpan algo sucedió. No quise acelerar, no quise ir a una velocidad "aceptable" por el contrario, decidí poner el "speed cruiser" en 60 kms y disfrutar del camino como lo hubiera hecho mi padre...
De pronto un nuevo mundo se me abrió a los ojos: descubrí La lentitud.
Esa lentitud de las cosas, de la vida y del fluir de las sensaciones. El dejar de correr, el dejar de tener esa necesidad de llegar, de ser más rápido, más potente y más fuerte. Y por primera vez disfruté el camino, el fluir de los ritmos de las cercas que se repetían incansablemente, las vacas a la distancia, los tractores, esos rostros de las personas que transitan lentamente al lado de la carretera. Las formaciones de los árboles, el tiempo detenido y sin tener que ser acelerado por el auto en el que viajaba. Esa lentitud que hacía ya mil años que no veía.
Y ahora entiendo lo que mi padre buscaba: esa lentitud, esa paz, ese momento de poder controlar la velocidad de lo que sucedía, de poder rebelarse ante la presión externa, luchaba para no dejarse consumir por el exterior (aunque finalmente sucumbió), buscaba apreciar cada cosa que pasaba frente a sus ojos, frente a su vida. Quizás nunca lo supo conscientemente, quizás si, nunca lo sabré, lo único de lo que me doy cuenta ahora es que esa era una forma de poder conectarse con la lentitud y dejar de correr en un mundo que cada día se hace más veloz.
Esa extraña lentitud, palabra que ahora se nos hace aborrecible por se sinónimo de deficiente, aburrido, incapaz. La lentitud. Ese tiempo que se toman los árboles en crecer, la paz de la lluvia y su lentitud para levantarse evaporándose poco a poco, esa lentitud de las nubes, de la tierra que se toma medio día en disfrutar el sol y medio día para abrigarse con la luna. Esa lentitud de poder ver la vida pasar, las piedras rodar, el pasto crecer. Esa lentitud que nos abandona, que nos olvida y nos traiciona. Esa lentitud que me extraña y me hace falta.
La lentitud...