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La cripta...

El tiempo se detuvo.


Las cosas dejaron de moverse y de fluir.


Parecía que todo se había comprimido en una imagen como las que detienen las cámaras fotográficas que logran perpetuar un instante y entre más se aleja ese instante del presente más intenso es el vínculo emocional.


Ese vínculo melancólico y de añoranza por el pasado.


Ese instante se congeló y se convirtió en perpetuidad.


Había acudido, junto con mi padre, a la cripta familiar. Era una cripta pintada de color blanco. Las paredes mostraban signos de humedad y del paso del tiempo. Las telarañas en el techo. El crujido de la puerta al abrirse lentamente y ese aroma rancio lleno de olvido.


Luego, abría las ventanas para que un halo de vida se colara por ahí y pudiéramos ver. Se percibía en las paredas las lápidas con una inscripción que decía un nombre y dos fechas. Luego, se acompañaban de palabras como: "perpetuidad. ", "en recuerdo de sus preciados hijos". "Descanse en paz".


Me ponía a quitar las flores marchitas de todos los floreros al lado de una mesa de piedra en donde había una imagen religiosa. Algunas flores más recientes que otras. Pero al fin y al cabo, marchitas.


Mi padre luego me pedía que me hiciera a un lado, y del piso levantaba dos pesadas puertas a manera de entrada al fondo de la crípta. Parecía un pasadizo secreto. La puerta de entrada al más allá.


Subía ese aroma a rancio, guardado, recuerdos, olvidos y silencios. El crujir de las puertas al abrirse y el golpeteo de las aldabas al abrirse las puertas aún resuenan en mi memoria. Mi padre tomaba una pequeña escalera de detrás de la puerta y la colocaba al borde de la entrada para poder bajar.


Ahí estaba mi abuela enterrada.


Bajaba junto con mi padre a ese lugar sombrío, frio y húmedo.


Para mi era como un desafío a los vivos, un reto a los muertos. Acceder a ese portal del más allá. No se si mi padre lo percibía así. Pero él iba a ver a su madre.


Mi padre tomaba una escoba y barría el polvo que se había acumulado en el piso. Luego tomaba el recogedor y quitaba toda la tierra que había quedado. Sacaba el recogedor por las escaleras y lo iba a tirar fuera de la cripta. Yo mientras tanto me quedaba solo con mis raices y mis ancestros.


A veces limpiaba los floreros, otras veces bajaba algunas piedras y las acomodaba en el piso imaginando que las ofrendaba a mis familiares que yacían ahí. Especialmente a mi abuela.



-¿Papá?


- Dime Pacolin. (Así me llamaba mi padre)


-¿Que significa "perpetuidad"?


- Que es para siempre... Que perpetuamente estaremos en deuda con ellos y con nuestras raíces.


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-¿Papá?


- Dime hijo.


- ¿quiere decir entonces que estas personas estarán aquí por siempre?, ¿perpetuamente?


- Bueno, están y no están, aquí están sus cuerpos pero su mente o su espíritu está con nosotros siempre, solo hay que pensar en ellos y volverán.


- ¿como si fueran fantasmas?


- Jajaja... no hijo, como nuestras raíces, tu eres parte de ese pasado, eres consecuencia de todos ellos, no partiste de cero, sino que eres la consecuencia y ellos son el orígen, en algún momento de nuestro linaje alguien comenzó con esta historia que ahora representas tu y que en algún momento continuará con tus hijos y tus nietos...


- ¿entonces mis antepasados importan?


- Claro hijo, son los que nos conforman y nos dan sentido a través del tiempo, por eso es importante honrarlos y venerarlos a pesar de lo que hayan sido en vida... Forman parte de nuestra historia personal, por eso es importante reconocer nuestro origen por que forman parte de nosotros mismos.


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-¿Papá?


-¿que pasó chaparro?


- ¿y quienes conforman los antepasados?


- Las personas que de una o de otra manera influyeron en tu vida, no es cuestión de biología, es cuestión de principios y de bases, de valores familiares. Aquellos que se distinguieron en tu pasado y que consideres que contribuyeron en lo que hoy eres.


Tu decides...


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¿Papá?...


¿Papá?...


¿Papá?... Ahora que has muerto y yaces en esta cripta, ya formas parte de mis antepasados.


Ahora dime, ¿como puedo honrarte?...


Camila

Conocí a Camila cuando entré a trabajar ahí. Era guapa, con un cuerpo bien formado y unos ojos brillantes. Además de la sonrisa franca que tenía. A pesar de saberse guapa poseía esa liviandad y afabilidad que contagiaba a todos con su buen humor.



Se esforzaba en su trabajo con gran esmero. Sabía que no había estudiado una carrera pero veía como llegaban nuevas contrataciones a la empresa y se preocupaba por que ella, por falta de estudios, no podría pasar de la recepción de la empresa. Sin embargo, había pedido una oportunidad. Ésta llegó al mes de que yo llegué a la compañía y tuvo el mismo puesto que yo. Me alegré.



Siempre he pensado que todos merecemos una oportunidad, ella había luchado por conseguirla, y lo había logrado. Yo, como recién egresado, entraba con todos mis sueños y mis expectativas de hacer valer mi título profesional, ella, dispuesta a aprender y capitalizar la oportunidad que había recibido.



Nos hicimos muy buenos amigos. Acabé siendo su confidente. Era una mujer extraña, con historias difusas. Ambos padres pintores, divorciados por diferencias de caracteres o de estilos. Ella vivía con su padre, aunque visitaba muy frecuentemente a su madre.



Un buen día no pudo más y me confesó que estaba saliendo con un exvendedor de la empresa. -¿cómo?- le pregunté. -Si no es una persona muy confiable- le dije. Yo sabía que él era una persona que había sido despedida de la empresa por cuestiones de malos manejos, sabía que estaba casado y que tenía una hija, ¿por qué ella había decidido enredarse en una relación tan complicada?



Cuando le pregunté me respondió: -Se que es una persona conflictiva, se está divorciando, así que solamente me estoy divirtiendo con él-



Para mi, que cada día se enredaba más en esa situación, cada día se involucraba más y parecía que caía en un gran agujero que nada la sacaría de ahí. Yo, como su amigo quería hacer algo pero por más que con todo el tacto del mundo, le planteaba la situación, sin ser intrusivo, ella parecía no escuchar.



Un día me pidió un favor, me sobresalté. Me dijo que su exnovio quería verla y que se había citado con él en un restaurant del Centro Comercial Santa Fe. -¿y yo que tengo que ver?- le interrogué.



-Necesito que me acompañes para decir que "accidentalmente" me lo encontré por que tu te habías quedado de ver con él ahí por que es tu amigo, así que si Rafael pregunta tu dices que es tu amigo y que por casualidad nos encontramos, ¿vale?- No supe que decir, era mi amiga pero ahora me pedía ser cómplice. Finalmente acepté sin mucho ánimo, yo no conocía a su ex y el mentir no ha sido mi fuerte.



A la una treinta de la tarde llegó Armando, yo no lo conocía, rápidamente me lo presentó, me pidió que me subiera al auto y que nos adelantáramos a la plaza comercial. Ella pasaría en su auto un poco más tarde y nos haría una seña para "seguirla" , de esta manera los autos quedaran cerca en el estacionamiento. todo fríamente calculado.

En el auto, entre Armando y yo, había un silencio incómodo, no sabía que decir, no sabía que sabía elde toda la situación y quiería a toda costa evitar una indiscreción. De pronto él habló. -¿tu lo conoces?-.

-¿a quién?- pregunté casi automáticamente.

-Con el que anda-.

No supe que decir, quise evitar la pregunta, pero no se me ocurría nada, por un instante mi mente calculó friamente las posibles respuestas y sus consecuencias. Pero al final, el subconsciente ganó y solo pude decir: -Si-.

Pensé que me bombardearía con más preguntas, pero no fué asi. Retornó el silencio. Luego le pregunté yo: -¿tu sabes que anda con él?-. Y el asintió sin decir palabra.

Luego, desde el fondo de mi ser, desde lo más profundo y aludiendo a mi sentido moral y a mi estupidez no pude más que decirle: -Tu la amas, ¿verdad?, vi como la miras. ¿por que no le dices lo que sientes?-

-Ya lo sabe, ya se lo he dicho- respondió.

- Pero aún así, anda con otro, ¿te das cuenta de eso?, ¿no te molesta o te enoja?-

El tras un corto instante, como midiendo su respuesta me dijo: -No importa, ella quiere conocer otras cosas, está bien, pero al final, ella se casará conmigo.-

Me quedé estupefacto, asombrado y anonadado, los adjetivos se quedan cortos ante la impresión que me causó su respuesta, -Serás idiota- pensé para mis adentros.

Razonablemente y con todo el tacto del mundo, aludiendo a mi amistad y cercanía con Camila no pude más que contraargumentar: -¿Como puedes decir eso si se está acostando con otro?, ¿no es que no quieres ver lo evidente?, ¿la verdad?, ¿la realidad?-. Quise jugarle al psicólogo que confronta al paciente a la verdad cruda y directa y esperaba hacerlo titubear, dudar, o enojarlo... Pero no fue así. Pacientemente y con una seguridad escalofriante me repitió: -Ella se va a casar conmigo-.

En mis adentros me estremecí y sentí una gran lástima por ese desconocido que soñaba y pensaba que ella sería suya cuando ella estaba enredada con el otro. No supe que decir, me quedé sin palabras. Y durante la comida pude ver como él la miraba de una forma muy especial, y sentí una gran pena por que pensé que la realidad lo golpearía muy fuerte.

Dos años después acudí a su boda. Una boda hermosa, sin sacerdote, jerarca eclesiástico ni espiritual, ellos frente a todos dijeron sus votos uno al otro, las miradas desbordaban esa miel y los sueños de un futuro que se abre.

La realidad fue la que me golpeó a mi, me di cuenta que él tenía una fe y una convicción inquebrantable, y sabía lo que quería y lo que el mundo les tenía deparado. ¿destino?, ¿sueño?,¿voluntad? no lo se, pero él desafió todos mis pronósticos y mis convicciones al demostrarme que estaba equivocado y sobre todo, falto de fe.

La pichulosis...

Había despertado después de una siesta por la tarde. A veces todo el trajín de la mañana lo dejaba agotado, entre carreras, brincos, saltos y desencantos.

Ese letargo que da la siesta por la tarde cuando aún los rayos del sol entran tenuamente por las ventanas y se descuelgan por las paredes lentamente.

Abrió los ojos pesadamente, la mirada comenzaba a ajustarse después de ese sueño reparador. Lentamente comenzó a estirarse, a sentir como el cuerpo despertaba junto con su conciencia. -Se incorporó-

Al dirigirse pesadamente hacia la cocina pasó frente al espejo de la recámara y accidentalmente se vió.

Pensó que seguía dormido, o como si estuviera aún en un sueño. Se talló los ojos sin creer lo que estos veían. Tenía el rostro lleno un extraño salpullido azuloso. Extraño de por si. No entendía lo que le había pasado cuando estaba dormido.

Quiso acercarse a su hermano mayor para que éste le explicara, pero al verlo, huyó... Solamente alcanzó a decir: "es la pichulosis, es la pichulosis".

Varios familiares estaban en su hogar, primas primordialmente. Quiso acercarse a ellas, encontrar respuestas, encontrar explicaciones, pero ellas al principio desconcertadas solamente alcanzaban a verlo de forma extraña, distante, mezclando el mito con la realidad. Solo alcanzaban a decir "tienes la pichulosis, tienes la pichulosis".

Se sentía como Gregorio Samsa de Metamorfosis, se había despertado de ese sueño pero en vez de ser ese escarabajo tenía una rara enfermedad al que todos le huían, todos corrían tratando de alejarse de su condición.

Él trataba de encontrar consuelo, una persona que lo tranquilizara, que lo calmara, pero nada, todos huían, corrían ante su presencia y solo repetían "es la pichulosis". Una de sus primas quiso acercarse a él, decirle que no temiera, pero su hermana la jaló, le dijo: -no te acerques que te puede contagiar la pichulosis, te pueden salir los puntos azules", -dudó- y luego emprendió la huida.

Comenzó a llorar desconsolado, desamparado, nadie quería acercarse a él, nadie quería estar cerca de él, todos corrían y se alejaban como si fuera un leproso.

De pronto llegó su mamá meneando la cabeza, lo tomó de la mano y lo llevó al baño, tomó un algodón y le limpió el rostro con alcohol para retirar las manchas de plumón azul que le habían pintado mientras dormía...

Lloraba desconsoladamente diciendo: "mamá, te voy a contagiar la pichulosis, no te acerques", al fin y al cabo, a mis 4 años quería proteger a mi mamá de mi virulenta condición de la pichulosis...

Ella disimuladamente rió, y luego me explicó que mi hermano y mis primas me habían jugado una mala broma que aún recuerdo cuando nos reunimos en familia y sale a colación la historia de la Pichulosis...

Dedicado a mi prima Claudia Lara la autora material e intelectual de La pichulosis

Verano del 93

Existen momentos en la vida que se convierten en un hito de tu vida, a veces son instantes, otras son historias, algunas veces más es una persona que converge en tu vida y acaba siendo esa coyuntura que define tu futuro.

Todo esto me ocurrió en el verano del 93, un ambiente grunge lleno de: Savage Garden, The cranberries, Collective souls, Blind Melon, La Ley, Silvio Rodriguez, Pablo Milanés, y por supuesto Caifanes.

Lo más extraño es que ese verano comenzó en abril con la Semana Santa. Había perdido el avión y había llegado a mi pueblo un día después. Por la tarde acudí a saludar a mi mejor amigo a su casa. Llegué como tantas veces; sin avisar, sin decir agua va. Tampoco le había llamado para decirle que iba para allá. Así que llegué de pronto. Mi amigo estaba ahí junto con su hermana y 4 amigas que habían llegado junto con las vacaciones a mi pequeño mundo.

Gran sorpresa, alguien instantáneamente me había llamado la atención. Pero, ante mis historias fallidas y mi corazón de condominio decidí hacer caso omiso de esa sensación y proponerme una semana santa tranquila y sin sobresaltos. Algo que no podría cumplir en los días subsiguientes.

A los 3 dias los flirteos eran más que evidentes, me gustaba estar coqueteando y flirteando aunque pensaba que nada sucedería, era algo así como un reto. Al 4 dia todo comenzó. Las miradas, los silencios, los roces accidentales, las amplias sonrisas desembocaron en un beso largo y prolongado, silencioso y prometedor. Aguanté la tentación de seguir, había aprendido a que todo debía ser con paciencia y con mesura. Ese día regresé a mi casa sintiéndome culpable por no haber seguido adelante pero me consolaba que de algo serviría al otro día... y así fue.

Esa semana santa fue el comienzo de todo.

Cuando ambos tuvimos que regresar a nuestros mundos no faltaron las promesas y los sueños, los susurros y las lágrimas. ¿cómo era posible que todo lo que había ocurrido en una semana fuera tan significativo? ¿amor o simple deseo?. Sólo decidimos seguir en comunicación sin prometernos nada dejando que las cosas tomaran su rumbo. Yo regresaba a Monterrey con mi novia y ella al Distrito Federal con su novio. Bueno, eso al menos pensábamos. A ambos las cosas se nos complicaron. La historia debía cambiar, nosotros habíamos cambiado. Teníamos que seguir juntos. Las cartas comenzaron a fluir, los sueños y las fantasías, las promesas, los susurros, las palabras románticas, los suspiros y las ganas de no colgar.

Y de pronto llegó el verano, la oportunidad de volver a estar juntos. Todos los sueños y las fantasías se convertían en realidad, convergían en ese tiempo y en ese momento. El mundo giraba sin control. Decidí adueñarme a como diera lugar del DF. Explorarlo, conocerlo, descubrirlo a través de ella, con ella, por ella.

Yo venía de una pequeña ciudad, de una familia tradicional, lleno de prejuicios, ideas y sueños fincados en ese mundo que se me hacía enorme. Y de pronto ella me invitó a conocer su mundo. Un hermano enólogo fanático de la literatura, otro hermano idealista con pinta del Ché Guevara con todo y pipa y sueños de revolución, una hermana que comenzaba su vida familiar cargada de sueños y de ilusiones, un hermano que comenzaba su vida empresarial y una hermana que rompía todos los esquemas por ocurrente e ingeniosa. Vaya pues familia numerosa. Su mamá, una señora de otro mundo, con una sonrisa y un cariño hacia mí descomunal, y una extraña combinación de realidad y sueños que pocas veces he visto. Este es el mundo que me recibió. Lleno de novedades, de extrañamientos y de sensaciones. Un mundo que trastocaba y confrontaba el mio. Y que por supuesto: me sedujo por su carácter distinto al cotidiano, alternativo y por supuesto: Grunge.

Un verano cálido, con lluvias por la tarde, esas lluvias melancólicas que se disfrutan en esa apacible soledad de pareja, con las largas miradas y los susurros. Con los labios y la piel, el aroma a humedad y la extraña sensación de levedad y liviandad en ese preciso instante en que la lluvia deja de caer y parece que detiene el tiempo y el espacio se compacta de tal manera que solo importan ella y tu en ese instante.

Las largas sobremesas familiares alrededor de una botella de vino o un buen café no se hicieron esperar. La risa, la broma, las caricias por debajo de la mesa, sonrisas, promesas, susurros, sueños y deseos. Los amigos "alternativos": varios cubanos exiliados, un misionero en África, una amiga con raíces españolas, y varios familiares atípicos.

El Distrito Federal fue nuestro al ritmo de la música de trova de Silvio y Pablo; las excursiones a Teotihuacan, Xochimilco, El Ajusco, Coyoacán, Tlaltelolco acompañados por "Tinisima" de Elena Poniatowska, una cámara fotográfica, un Corsar, y todas las ilusiones y los sueños que uno puede tener a los 22 años.

Un extraño viaje a Puerto Escondido, Oaxaca fue la cúspide de todo, sentíamos que eramos imparables, que eramos fuertes e invencibles, que trascendíamos y envidiábamos por la fortaleza y seguridad que ambos demostrábamos en nuestro pequeño mundo que poco a poco crecía más.

El tiempo nos alcanzó, tuve que regresar a mi realidad, a mi mundo teniendo que dejarla a ella a la deriva. Lejos, triste y desgarrado tuve que emprender mi camino de regreso a la universidad. Con ese letargo y ese vacío que solo el que ha estado enamorado conoce. Las llamadas, las promesas, los susurros y las ansias eran cotidianas en cada llamada, las cartas no se hacían esperar, seguían fluyendo.

En octubre el verano terminó. Solamente recibí una llamada fría, distante y seca. Había conocido a alguien. La explicación: "me gustó más".

La vorágine comenzó: apnea, depresión, ansiedad, insomnio, furia, decepción, deseos de venganza, rabia, silencio, silencio y más silencio.

Nunca más volví a escuchar su voz. El verano había terminado...


La revista...


Ese día desperté como cualquier otro, bajé a preparar el café para poder comenzar a leer la revista que había llegado el día anterior. El agua hirviendo, el molino de café, el azúcar y la "french press" hicieron el café perfecto para iniciar el día. Me encanta ese sabor dulzón-amargo del café, las notas terrosas del grano arábigo, un café "Aged Sumatra", -costoso-, pero su sabor al despertar bien vale la pena lo pagado por él.

Abrí la revista y comencé a ojearla de atrás para adelante, una extraña costumbre para los demás, algo natural en mi por ser zurdo pues de forma natural comienzo a hojear esa revista que me llega mes a mes.

Revisaba los titulares lentamente para determinar el orden que quería seguir para leer los diversos artículos de la revista. Otra manía más. establecer orden y prioridad de lectura. Un pequeño secreto, como si evaluara el peso y la importancia de cada artículo y su relevancia para ser leído, degustado y saboreado como ese café que había preparado.

De pronto un titular llamó mi atención: "Jonathan, el zombi de los sueños".

¿zombi de los sueños? pregunté en voz alta, aunque nadie estaba presente para escuchar mi inquisidora pregunta llena de sorna. Pero, ¿que es esto?. Decidí entonces darle otro prolongado sorbo a mi taza de café y me dispuse a leer dicho artículo que no tiene caso resumir aquí pero incluyo el párrafo que se me antoja más interesante.

"...Si bien es cierto que Jonathan es un individuo aislado y aparentemente padece de sus facultades mentales, al profundizar en su diagnóstico es factible detectar una lucidez extraordinaria en su proceder. No es una persona disminuida en su capacidad intelectual, por el contrario, es un individuo que rebasa el promedio de inteligencia en México. ¿por qué es entonces un desadaptado?. La respuesta se presenta fácil: es un individuo que su ego se ve guiado por lo que su voluntad establece sin importarle lo que el inconsciente colectivo le dicte. Esto quiere decir que es autónomo en su proceder sin influencia de su entorno, y esta autonomía está regida por su voluntad. Así, aparentemente es un zombi, deambula por la sociedad sin un propósito aparente pues la sociedad descubre -sin conceder- que no puede influir en él ni su proceder. Esto molesta a los demás, los irrita por la libertad de la que goza, por la distancia que sabe establecer, por su independencia. sus sueños son su voluntad, esa voluntad creadora que rige su proceder. Así, aunque para la sociedad sea un zombi, para su individualidad es un soñador que busca concretizar los sueños. Se presentan pues las siguientes preguntas: ¿podrá entonces Jonathan empatar sus sueños con las expectativas y paradigmas establecidos por la sociedad?, ¿que tan dispuesto estaría a sacrificar sus sueños para insertarse en la sociedad y sentir la aceptación de los demás?. ¿es necesario aceptar lo que la sociedad establece para pertenecer a ella?.

De pronto me detuve. No sabía que pensar. esto me comenzaba a confrontar seriamente. Las preguntas no eran sencillas de responder. A veces la sociedad se encarga de determinar un camino, el camino esperado, "una familia, una casa, un buen trabajo, una posición reconocida", tantas y tantas cosas, pero ¿y la libertad de elegir?, ¿eso lo decidí yo o fue algo que desde pequeño me inculcaron y ahora pienso que así debe ser?... seguí leyendo.

"...Jonathan parece desafiar todo este paradigma social, él es independiente, no forma parte de nada, ni pertenece a nada, parece ser que su identidad es indefinida, su importancia personal es mínima y su ego disminuido hasta aparentar que es cualquier persona, puede ser cualquiera en cualquier momento. La sensación de estar frente a él es inquietante. No se sabe quién es, no se puede saber ni adivinar que piensa, o a donde pertenece, parece ser que posee una mirada perdida que en cuanto se encuentra con los ojos de uno taladran y desnudan, es como saber que está frente a alguien pero no saber quién es, y la otra persona nos conoce perfectamente.

Existe y se conduce dentro de la sociedad como un individuo más, pero sin pertenecer a ella, se rige por sus propias decisiones y determinaciones, escapa de las críticas y los convencionalismos, de los juicios y las culpas. Jonathan pues, parece ser un ser mucho más libres que muchos aunque parezca que no es nadie..."

De pronto quise conocer a Jonathan, hablar con él, preguntarle como había logrado esa libertad, cómo había llegado a destruir el ego y ser libre en su proceder, y sobre todo como había evitado el juicio y el rechazo de los demás. Terminé de leer el artículo para poder saciar mi curiosidad. Quería saber más de él y de su vida, de cuales habían sido las circunstancias en las que había vivido, las razones de su proceder, las motivaciones detrás de su consciencia para llegar a ese punto y sobre todo saber si la vida que uno construye es real o solo la ilusión de una sociedad que nos enseña lo que cree que es la libertad.

Viaje a Huimilpan...

Mi padre era un hombre extraño, hasta cierto punto huraño. Eso lo se por que soy similar a él. A veces no entendía su forma de pensar o las elecciones que hacía.
Cuando viajábamos en auto de San Cristóbal de las Casas a Tuxtla Gutiérrez no pasaba de 60 kms por hora. Era exasperante ver a los demás autos viajar a velocidades más altas. Algunos autos hasta nos tocaban el claxon para que nos moviéramos a un lado y cediéramos el paso. A veces me escondía detrás de la puerta cuando observaba que se aproximaba un auto conocido. En esa época en San Cristóbal no habían muchos autos y menos que viajaran a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.

Le preguntaba a mi padre por que no iba más rápido, él contestaba que para qué, que era más seguro viajar a esa velocidad. A veces creía que no era verdad pues más de una ocasión me tocó que tuviéramos un trailer atrás del auto y éste se empecinara en rebasarnos ante nuestra lentitud.

Quizás en la zona de curvas llegara a disculparlo, -Es que no ve bien- decía cuando mis amigos me decían que nos habían visto en nuestro auto. Era un Caribe azul eléctrico "tunneado" de acuerdo a la moda de esa época, ni como decir que no eramos nosotros.

Era irónico ver a aquel auto "tuneado": spoiler delantero, spoiler trasero, espejos deportivos, faros de niebla, bazooka, todo lo hacía parecer un auto veloz para la época... salvo el piloto que conducía a no más de 60 kms cuando iba rápido.

En las rectas no aceleraba. La carretera libre, vacía, que invitaba a correr y desbocarse aunque solo fuera en un pequeño tramo o un instante. Pero nada... Seguía a 60 kms. Ya mayor, mi hermano y yo nos burlábamos de él y le decíamos que íbamos en carroza fúnebre, que más bien si llegaba a pasar una seguramente nos rebasaría... y él no decía nada, solo seguía mirando el camino. Quizás en ese auto jamás llegó a ser usada la 4a velocidad.

Ahora me gustan los autos potentes, sentir la potencia y la aceleración, el bramido del motor, la estabilidad, me gusta acelerar y sentir el vértigo de la velocidad. Esa sensación de poder en el pedal, el deseo de sentir la velocidad, la furia e ímpetu de un auto me emociona. Disfruto cuando puedo rebasar haciendo alarde de la potencia y estabilidad del auto que tengo. Sobre todo en carreteras de dos vías... hasta hoy que decidimos ir a Huimilpan.

Una pequeña población a media hora de Querétaro. Sencilla y pintoresca. Con ese silencio y vacío de las ciudades olvidadas. Quizás su único orgullo sea la habilidad y destreza de los talladores de cantera que son unos verdaderos escultores, pero la población muestra los indicios de la aculturación producto de la migración al norte. La música norteña se entremezcla con los sonidos de los autos que gritan su origen rapero y country.

Regresando de Huimilpan algo sucedió. No quise acelerar, no quise ir a una velocidad "aceptable" por el contrario, decidí poner el "speed cruiser" en 60 kms y disfrutar del camino como lo hubiera hecho mi padre...

De pronto un nuevo mundo se me abrió a los ojos: descubrí La lentitud.

Esa lentitud de las cosas, de la vida y del fluir de las sensaciones. El dejar de correr, el dejar de tener esa necesidad de llegar, de ser más rápido, más potente y más fuerte. Y por primera vez disfruté el camino, el fluir de los ritmos de las cercas que se repetían incansablemente, las vacas a la distancia, los tractores, esos rostros de las personas que transitan lentamente al lado de la carretera. Las formaciones de los árboles, el tiempo detenido y sin tener que ser acelerado por el auto en el que viajaba. Esa lentitud que hacía ya mil años que no veía.

Y ahora entiendo lo que mi padre buscaba: esa lentitud, esa paz, ese momento de poder controlar la velocidad de lo que sucedía, de poder rebelarse ante la presión externa, luchaba para no dejarse consumir por el exterior (aunque finalmente sucumbió), buscaba apreciar cada cosa que pasaba frente a sus ojos, frente a su vida. Quizás nunca lo supo conscientemente, quizás si, nunca lo sabré, lo único de lo que me doy cuenta ahora es que esa era una forma de poder conectarse con la lentitud y dejar de correr en un mundo que cada día se hace más veloz.

Esa extraña lentitud, palabra que ahora se nos hace aborrecible por se sinónimo de deficiente, aburrido, incapaz. La lentitud. Ese tiempo que se toman los árboles en crecer, la paz de la lluvia y su lentitud para levantarse evaporándose poco a poco, esa lentitud de las nubes, de la tierra que se toma medio día en disfrutar el sol y medio día para abrigarse con la luna. Esa lentitud de poder ver la vida pasar, las piedras rodar, el pasto crecer. Esa lentitud que nos abandona, que nos olvida y nos traiciona. Esa lentitud que me extraña y me hace falta.

La lentitud...

La liberación

La noche había caido, las olas del mar habían arreciado con la luna llena que generaba un ambiente diáfano y mortecino. Las luces titilaban suavemente como si su intensidad no fuera lo suficiente para iluminar toda la inmensidad de la noche.

Aparecieron de la nada dos hombres con uniforme, caminando sobre la arena como si toda su vida se hubieran desplazado en esa superficie. llevaban en la mano una cubeta vieja, rayada y desgastada por el uso. Su indiferencia demostraba el peso de la rutina y el tedio de un día más haciendo lo mismo.

Los presentes se arremolinaron a su alrededor cuando llegaron, una excitación latente se percibía en el ambiente, la inquietud, la expectativa, la curiosidad. Los uniformados pusieron las cubetas sobre la arena. Todo mundo se acercó a ver lo que había adentro entre empujones y jalones tratando de vislumbrar su contenido.

Adentro de las cubetas se alcanzaba a ver una masa negruzca e informe que se movía aleatoriamente. Por la obscuridad no se alcanzaba a ver claramente hasta que los ojos se acostumbraban a la obscuridad. Era una cantidad significativa de pequeñas tortugas listas para ser liberadas.

Todos suavemente comenzaron a introducir las manos para tomar a una de las tortugas que se aferraban gentilmente. Las pequeñas tortugas aún con los ojos cerrados, apenas y se movían ante la extrañeza de la sensación de los dedos y palmas que les sostenían.

Algunos se tomaban fotos sosteniendo las tortugas, otros las ponían a contraluz para poder verlas mejor, otros más corrían con el vaivén de las olas para comenzar a colocarlas cuando las olas se retiraban para que las tortugas comenzaran su viaje hacia las profundidades.

Uno de los liberadores de tortugas tomó la suya y suavemente la acercó hacia su boca, la besó, la acarició y susurró algunas palabras a la tortuga, la saludó y la animó a su gran viaje, le puso un nombe por el cual le llamó y luego le pidió algo extraño: "por favor, resiste y cuando puedas regresa a este lugar, recuerda que la vida se da solamente una vez, esta es tu oportunidad, el mar es inmenso, no tengas miedo, déjate llevar con el vaivén de las olas, en algún momento estarás en donde debes estar".

Luego la tomó suavemente en su palma y se acercó hacia la playa, se introdujo entre las olas que se movían mansamente entre sus pies, esperó el momento adecuado cuando la ola se retiraba y la colocó en el mar. La tortuga que parecía adormecida y entumida, al sentirse en su medio ambiente, despertó de inmediato y se dejó llevar por la corriente. Él apenas y pudo ver como ésta se introducía entre las olas y desapareció de su vista.

Se quedó cerca de la orilla buscando entre la arena, esperando que la ola no hubiera regresado a la tortuga a la playa. Todos los demás corrían con las tortugas entre las manos y simple y sencillamente las depositaban en el mar con una gran algarabía.

Alcancé a ver en la penumbra su mirada, la pupila dilatada, tratando de adivinar a que distancia estaría ya la tortuga dentro del mar. parecía abstraido, conectado aún con esa tortuga con la que había establecido el vínculo afectivo. Indiferente de lo que sucedía a su alrededor con la gente en su dinámica de colocar tortugas en el mar.

Después, saludó con la mano hacia el mar despidiéndose de la tortuga, dio la vuelta y desapareció del lugar lentamente. Quizás pudo haber tomado más tortugas pero no lo hizo por que solamente podía liberar a una esa noche, su tortuga.

Las piedras...

Mi amiga Lorena me dijo un día que las piedras suspiraban, me reí. -Está loca- dije. Lorena siempre se ha caracterizado por su visión atípica, una poeta escondida o frustrada. Su mente divaga como Alicia en el país de las maravillas pero el escucharla es toda una aventura, pero esto iba más allá de toda lógica y razón.
-¿cómo las piedras pueden suspirar?- pregunté -Si ni siquiera respiran...-
-Eso es lo que tu crees- me dijo. Es muy sencillo, solamente toma una piedra, y si prestas atención te darás cuenta que están respirando... respiran muy lentamente, sutilmente.
-Estás alucinando- le dije con tono de broma pero ocultando mis verdaderas intenciones de desacreditar lo que me decía.
- Es fácil, toma una piedra, ponla cerca de tu oído y no pienses en nada más, verás que de pronto escucharás un leve y casi imperceptible sonido, lento, hondo, pausado entre aspiración y exhalación.-
Así que tomé una piedra y la puse en mi oído, me reí para mis adentros, no escuchaba nada... después de varios minutos le dije: -ahora si fumaste de la buena, no escucho nada-.
- El sonido de la respiración de una piedra no se escucha con los oídos tapados como tu los tienes. eso es lo que pasa. Tus oídos están saturados de sonidos, de palabras bonitas o altisonantes, pero estás colmado de sonidos, o más bien de ruidos. Por eso no escuchas. ¿a caso escuchas los latidos de tu corazón? no, no los escuchas por que estás esperando ese sonido fuerte y claro, identificable por ti, que sepas que es lo que retumba. Oyes todo, pero no escuchas nada. ¿a poco sabes escuchar?. sabes oír, oyes el ruido de los autos, oyes las palabras y los sonidos, a la gente cuando te habla, oyes la música, oyes todo a tu alrededor, pero ¿que de eso que oyes realmente escuchas?.
Mi risa se fue borrando poco a poco con sus palabras. No supe que decir. Aun así seguía escéptico con que las piedras respiraran. Se me hacía absurdo...
-Vamos a hacerlo más sencillo- me dijo después de un rato. -Busca una piedra que te guste, la que quieras, la que creas que es tuya en este mundo, la que creas que se parezca a ti. Una vez que la encuentres te demostraré que las piedras respiran-.
Meses después en una excursión a Matacanes cerca de la Cola de Caballo en Nuevo león me encontré una piedra que me pareció ideal, me gustó su forma pulida por el tiempo y el agua, desgastada y afinada, de color gris obscuro como si fuera granito, y tenía vetas blancas que rompían su continuidad. Recordando las palabras de Lorena, le pedí a la piedra que me acompañara y accedió, bueno, más bien no contestó, pero quise saber si lo que me había dicho era verdad o no. Así que puse la dichosa piedra en mi cangurera y luego salí de ahí.
Semanas después volví a ver a Lorena, esta vez con mi piedra en la mano. Cuando me vió llegar sonrió con un gesto entre alegría e incredulidad. nunca pensó que la tomaría en serio. Pero estaba dispuesto a comprobar que se equivocaba o al menos nos reiríamos juntos de esa idea tan loca que le había surgido de la cabeza.
Tomó la piedra entre sus manos, la observó lentamente y acarició todos sus contornos como si quisiera conocer toda su superficie, luego, se la acercó a la boca y susurró quien sabe que mezcla de conjuros, mantras o palabras mágicas, y acto seguido se puso la piedra cerca del oído y comenzó a sonreír como si esta le estuviera respondiendo...
-El hopital psiquiatrico está cerca de aquí- pensé, -¿paranoica?, ¿esquizofrénica? ¡Seguro!, algo de esto tendrá...- De pronto acercó la piedra a mi oído y comencé a escuchar un leve siseo, un sutil murmullo, como un aleteo de alas de mariposa, y me aterroricé... -¿que hiciste?, ¿me estás engañando?...
Lorena solamente sonreía, mantenía los ojos puestos en mis ojos abiertos, sostenía la piedra lo más cerca de mis oídos y trataba de calmarme.
El aire me faltaba, la cabeza me daba vueltas, el estómago se me revolvía en un nudo entumecido y la nausea quería hacer su aparición. No podía creer que esa piedra estuviera respirando. Algo le había hecho, debía haber una explicación científica para eso, no podía ser verdad. Quizás el agua que se había absorbido por tantos años en un rio caudaloso al tener un cambio repentino de temperatura y humedad comenzara a evaporarse haciendo un ruido imperceptible. O quizás tenía una micro bocina escondida en la manga de su blusa conectada a un iPod con los sonidos que escuchaba, pero la blusa no tenía mangas y no veía ningún cable. ¿entonces?
Después de media hora con la mente hecha girones al tratar de racionalizar lo que escuchaba, por fin me di por vencido. Tomé la piedra entre mis manos y la acerqué otra vez a mi oído. Nuevamente escuché sutilmente ese sonido, lejano primero, luego, poco a poco más claro y más sereno. Hasta que por fin me abandoné a esa sensación y comencé a escuchar...
Dejé de oír los ruidos a mi alrededor como si el mundo se hubiera detenido, nada importaba, solo el escuchar ese leve sonido que la piedra emitía de forma muy lenta, pausada y armoniosa.
Lorena rompió el trance en el que había estado, luego, después de un rato de no poder decir nada le pregunté: -¿cómo es posible?, ¿por qué respiran?, ¿por qué nadie lo sabe?-
-¿respirar quién?, ¿saber que?, ¿de que hablas?-
- Las piedras- Dije.
-¿piedras?, ¿estás loco o que?
- No, tu me dijiste que trajera una piedra y me enseñarías que podían respirar y hace un momento estaba escuchando a una.-
- ¿yo? estás loco, ¿como que las piedras respiran?, ¿yo te dije eso? se me hace que estás esquizofrénico...-
- Pero... si tu le hablaste a la piedra, me la acercaste al oído, y comencé a escuchar...-
- Mira, no se que te traes pero se me hace que no debes fumar, tomar o inhalar nada, estas alucinaciones no te dejan nada bueno. o de plano mejor ve con un psiquiatra, no vaya a ser que te deschavetes. Eres mi amigo así que mejor ubícate con esta idea loca de las piedras que respiran, cantan o bailan, al rato llegas con que viste a un árbol que canta...
Quedé desconcertado, abrumado, ¿habría sido todo un sueño?,¿una alucinación consciente?¿me estaba drogando y no me había dado cuenta?. ¿que había pasado? ¿por que Lorena cambiaba nuevamente?...
Decidí irme de ahí... me despedí de ella, no quise hablar más... y antes de cerrar la puerta del taxi e irse me dijo:
- Espera a encontrar una que cante... Eso si es bueno-
...................................................................................................................


Aprendí entonces a escuchar a las piedras respirar, algunas suspiran de vez en cuando, quizás porque extrañan algo, otras por el contrario, ronronean como si estuvieran comodas en donde están. Algunas susurran pequeños versos ininteligibles pues son muy lentos para entenderlos, otras gritan con sus formas y sus colores lo que quieren decir. Aun estoy en búsqueda de aquella que cante...

5:23 A.M.

Son las 5:23 AM. Nuevamente como todos los días me vuelvo a despertar a esa hora. No se por qué. Quizás es algo que recurrentemente sueño, que me despierta pero que se me borra de la mente en cuanto abro los ojos. No se que es.

Me dirijo al baño trastabillando entre la obscuridad, para evitar encender la luz y que el sueño se me espante. Pero cuando regreso a la cama éste ya se ha ido, y solo me queda un trozo de insomnio que no se que hacer con él.


Me pregunto por que no puedo volver a dormir, o qué fue lo que me hizo despertarme tan repentinamente, tan abruptamente. Luego, como rito, empiezo a tratar de ahondar en mis sueños, en lo que hizo que me despertara y escarbo en los recuerdos, quizás en las sensaciones o en las emociones... pero nada, nada me conecta con ese sueño que me hizo despertarme. ¿tal vez una pesadilla?... no hay rastro de su origen o existencia. Mi despertar se da de forma automática, tranquila y asintomática...


Luego, poco a poco comienzo a dejar vagar la mente, por aquí un recuerdo de la discusión en la oficina del día anterior, los pendientes que tengo que resolver cuando llegue en la mañana, los pagos a realizar, un sueño de las vacaciones, tal vez algún mantra adormecedor, o tranquilizador, una inquietud. Luego, la idea de alguna fotografía para realizar, o una excursión a alguna ciudad que pudiera dar tema para fotografiar, algunas otras veces viajo entre los personajes que quieren que platique su historia, las palabras comienzan a fluir, una idea, una narración que comienza a tomar forma...


Las 5:50 am, y yo sigo despierto dando vueltas en la cama de un lado al otro, a veces los hombros me duelen de haber permanecido toda la noche de un lado, otras veces, el dolor de espalda que me ha acompañado desde hace ya 10 años, producto de una caida desde un auto en marcha, me recuerda que he dormido mucho tiempo boca arriba...


Poco a poco el sueño comienza a aparecer, el poner la mente en blanco ayuda a conciliar el sueño... pero nunca falta la idea que brinca y tengo que empezar de nuevo... Luego, la pesadez, lánguideciendo lentamente.


Comienzo a sentir que el sueño trepa, me arrulla, me hipnotiza. Y dentro de ese sueño que parece ser cada vez más profundo comienzo a ver nuevamente lo que hace despertarme, retomo la historia, el sueño, los personajes que se mueven entre mis recuerdos y mi subconsciente, y vuelvo a soñar...


7:00 am suena el despertador, abruptamente repiquetea con su sonido constante, estridente e intermitente. Despierto de golpe... nuevamente olvido que era lo que soñaba y me hizo a las 5:23 am despertar.


Doña Margarita...

Después de 2 días de la operación conocí a Doña Margarita. Era una señora de la limpieza que aseaba mi cuarto. Yo era amable con ella pues hacía su trabajo con esmero, me llamaba la atención el brillo y sagacidad de su mirada, como si pudiera escudriñar en el alma de los pacientes a consecuencia de estar permanentemente en contacto con ellos.

Esa mañana me sorprendió parado viendo por la ventana, quizás reparó en mi mirada distante, aún conectado a la máquina del suero, vestido con esa batita que cubre solamente el pudor y una que otra gasa. Me observó detenidamente y me preguntó:

- ¿Qué le preocupa joven?

No supe que decir, mi mente estaba divagando por diferentes estados, sumergiéndome en reflexiones y cuestionamientos, tratando de asimilar la operación y sobre todo la palabra “cáncer”…

- De seguro piensas en tu vida y en tu futuro… es normal…

Desprendí la mirada distante del horizonte y me volví para encontrarme con ella.

- Es que todo esto es tan confuso, tan extraño que no me lo esperaba…

- Eso pasa muy seguido, -agregó – eso lo he visto muchas veces, la gente cuando siente que la muerte se les puede trepar ven las cosas con mayor seriedad, si no sigues como si tu vida no importara… La muerte te enseña muchas cosas, sobre todo a apreciar tu vida…

Se quedó en silencio como midiendo el efecto de sus palabras, como si quisiera saber si yo no me molestaría con su comentario, y con un gesto de sentir que una vez más se había entrometido en la vida de otro… Me quedé pensando en sus palabras, luego, agregué:

- ¿Por qué tiene que ser así doña Margarita?, digo, ver la muerte de cerca para apreciar la vida de cerca.

- Así somos –dijo casi como un susurro- no nos gusta que la muerte nos recuerde que está ahí, que nos persigue a cada vuelta de la esquina, nos gusta ser inmortales, negar que existe, olvidarla para poder dedicarnos a otra cosa…

- ¿y que es esa otra cosa Doña Margarita?

Tomó el trapo para limpiar la mesa de comida y comenzó con movimientos circulares a limpiar la superficie. Había un silencio en el cuarto, como si todo se hubiera callado en ese momento para esperar la respuesta.

- La gente se la pasa pensando en como ser para los otros, pierde mucho tiempo pensando en ser importante para los otros, dejar huella, que los demás los recuerden o los quieran, pierden el tiempo en buscarse sin querer encontrarse… Pero no se tienen. Quizás si se preocuparan más por dejar huella en si mismos, recordarse a si mismos, que su vida deje huella en si mismos y no en los demás estarían más conscientes de la vida o lo que se puede llamar vida…

- ¡Uchales!- Pensé para mis adentros– ¡Doña Margarita filósofa!, escuchar para creer.

Pero sus palabras encontraron un pequeño hueco para colarse por mi conciencia y empezar a hacer mella en mi forma de pensar. ¿dejar huella en mi mismo? Si siempre se habla de trascender en los demás, dejar huella en el mundo, trascender, ser “alguien en la vida”, esta idea chocaba con lo que yo había escuchado permanentemente toda mi vida. Y ahora se me antojaba como esa forma de reforzar la importancia personal frente al mundo.

Todos queremos dejar huella en el otro, en nuestra familia, hijos, amigos, el país, etc, bueno, queremos aunque normalmente no lo procuramos pero esperamos que así sea. Y luego, cuando alguien cercano fallece, nos damos cuenta que la vida sigue, y que su huella que al principio parece indeleble, poco a poco con el tiempo se desvanece… ¿de qué sirvió entonces el afanarse en dejar huella en el otro?... Doña Margarita me dio la respuesta… Dejar huella en mi mismo, ¿raro no?

- Se quedó callado joven, ¿lo estoy importunando?

- No doña Margarita, más bien me dejó pensando en lo que dijo, ¿cómo puedo dejar huella en mi mismo?, ¿no es contradictorio?

- Mire, se lo explico de esta manera, ¿Qué es dejar huella?, pues el dejar marca, el hacer camino, que algunas cosas sean importantes y significativas para uno para que el día que llegue la muerte uno esté contento de todo ese camino que anduvo y no se ande aferrando como desesperado. La gente se preocupa y actúa más para los demás que para uno mismo, le obedece más a lo que los demás esperan de uno para quedar bien, que lo quieran y dejar huella. Pero eso está mal, uno debe obedecerse y quedar bien con uno mismo satisfecho con su vida y su camino… Esto de ninguna manera quiere decir que usted sea egoísta y no le importe el mundo ni nada, quiere decir que usted debe buscar su propia felicidad, su propio camino y enseñarle a sus hijos a que sigan el suyo de una manera honrada.

- Si Doña Margarita, pero… ¿eso dejaría huella?

- En uno si, la vida es individual, es una experiencia personal y única, y solo ocurre una vez, ¿por qué desperdiciarla queriendo quedar bien con los demás y no con uno mismo?, esto quiere decir que uno se vuelve responsable de su vida y de ser persona de bien y no le anda echando la culpa de sus cosas, de su vida y de sus desgracias a otros. Esa huella es la importante, la que deja uno como ejemplo de persona individual y responsable de su lugar en el mundo, consciente de lo que es y de lo que hace, y no uno que anda por ahí de visita por el mundo esperando volver a venir otra vez pero ahora si a vivirla…

Me quedé pensativo, absorto en lo que doña Margarita me había dicho, quizás sus palabras hacían más sentido en mi situación, en ese momento reflexivo apenas saliendo del quirófano, aún adolorido y sin poder mover bien el cuello por los puntos y las gasas. Empezó a trapear, y volví a observarla.

Era una mujer grande sino mayor, de unos 54 años, robusta y algo pasada en carnes, morena y con ese cabello negro que dejaba entrever algunas canas producto de sus años. Sintió mi mirada escrutadora y sin volverse me dijo:

- Yo también tengo mi historia, también estoy marcada por la muerte igual que usted, ¿o acaso creía que pensaba así nomás por que un día me desperté y se me ocurrió? No joven, eso no llega de pronto, llega acompañado del miedo, de la idea de ya no estar, de faltar, de dejar de vivir. Llega de la mano del deseo por vivir más, por chuparse todo lo que ven sus ojos, de comerse el mundo esta vez, de saber que está uno amenazado de muerte, herido de por vida. El que no ha sentido a la huesuda hablarle de cerca, no podrá entender esto pues sigue con su idea de dejar huella en los demás más que en si mismo. Eso no importa, ya llegará el momento en que lo descubran…

- Pero, ¿siendo así no estaría siendo egoísta sobre todo con mis hijos?, ¿no un padre debería dejar huella en sus hijos al menos?

- ¿pues que le quiere enseñar a sus hijos? Eso depende de usted, usted es el ejemplo que ellos seguirán en sus primeros pasos hasta que comiencen a andar solos por la vida, esa es la ley de la vida, usted solamente será un ejemplo, para bien o para mal, así que depende de usted como será ese ejemplo, y como lo verán, pero como le dije, la vida es individual y cada quien la vive como quiera, así que usted decidirá si se convierte en un ejemplo con una vida significativa para usted o significativa para los demás aunque sea desleal para con usted mismo… eso es lo bello de la vida…uno puede elegir.

En ese momento entró el oncólogo a revisarme… se sentó al lado de mi cama y me preguntó como me sentía en lo que me descubría el cuello y me quitaba la gasa para que la cicatriz comenzara a secar más rápido… revisó el catéter que drenaba la sangre del pecho y como por arte de magia Doña Margarita desapareció…

Esa noche no pude dormir bien, el suero en la mano, mis pensamientos en la otra. Esperé hasta que amaneció para volver a ver a doña Margarita, platicar con ella y despedirme pues ese día abandonaba el hospital, quería agradecerle sus palabras. De pronto llegó otra señora, el sábado era el día de descanso de Doña Margarita…

Terror nocturno...

Anoche llegó Patricio corriendo a mi cama. Se oía muy agitado, conteniendo ese grito de terror que le brotaba desde lo más profundo de su ser. Como una carrera de los 100 metros de los cuales dependía su vida. Llegó a la cama y se subió como se sube un náufrago al encontrar un trozo de madera flotando en el mar.

Su pequeño cuerpo temblaba. Se acurrucó junto a mi para sentir seguridad y protección. Yo lo recibí, lo acogí, lo besé en la frente y lo tranquilicé, suspiró al sentirse seguro y protegido. No podía regresarlo a su cama pues me hizo regresar en el tiempo, a esa época en la que yo tenía su misma edad.

Con su carrera desenfrenada para llegar a lugar seguro, me sentí ahí, corriendo desesperado para llegar al cuarto de mis padres, las distancias que se me hacían eternas, infranqueables, esas distancias que se elongaban a mi carera y que se hacían mayores entre más miedo tenía.

Y cuando llegaba por fin al lugar que me parecía seguro, éste dejaba de serlo. Mi papá me regresaba a la cama. Yo trataba de explicar que había algo que me asechaba, no sabía que era pero ahí estaba, ese algo se escondía en el closet, podía estar abajo de la cama, saltar de entre las cortinas que se movían sutilmente con su paso, o algunas veces lo podía escuchar en el silencio de la noche, pero había algo que siempre me asechaba, que me perseguía.

Mi papá pacientemente se levantaba, abría el closet, me enseñaba abajo de la cama y me demostraba que no había nada, yo argumentaba que era por que eso le tenía miedo a él, pero que esperaba a que se fuera para volver, pero mi papá no me creía. Me acostaba y se iba. Y yo me quedaba ahí todavía con mi miedo, con mi angustia.

Otras veces me dejaban la luz del pasillo encendida, eso me tranquilizaba hasta que una hora después mi papá se levantaba y la apagaba, y volvía a tener ese terror nocturno de ser asechado. Mis padres creyeron que la solución era una lamparita para la noche. Un foco color azul que ponían en la lámpara, mi hermano mayor, protestó que no lo dejaría dormir, pero con tal de que yo no molestara accedió a que permaneciera encendida.

Esa lámpara de luz mortecina no me ayudó, solamente hacía que tuviera más miedo por que ahora si podría ver mejor cuando eso se aproximara a mi. Creía que me atacaría y me llevaría lejos de mi familia y de mi casa.

Cierto día, tenía tanto miedo que se me ocurrió meter la lamparita abajo de mis cobijas, para tener un lugar seguro, al menos abajo de las cobijas la luz era más brillante y me sentía seguro en la casa de campaña que se formó. Me quedé dormido... Después un fuerte olor a quemado me despertó... la cobija se estaba quemando... Afortunadamente no se incendió, pero en la mañana tuve que dar serias explicaciones de cómo se había quemado la cobija...

Y seguí con el terror nocturno, mis papás se esforzaron, usaron todas las técnicas disponibles a su alcance, el decirme que no había nada, el regresarme a la cama, las lamparitas, el irse a dormir un rato conmigo, pero nada funcionó.

Mi papá se desesperaba, se enojaba, regañaba, toleraba. hizo todo lo que pudo, quizás tratando de evitar usar las técnicas que mi abuelo había usado cuando era niño, a el lo regresaban a la cama después de que mi abuelo le había propinado varios cinturonazos para quitarle el miedo, para hacerlo hombre, para que no perdiera el tiempo en tarugadas y se durmiera.

Yo con el tiempo me resigné, acepté que eso existía y que me llevaría sin que yo pudiera hacer algo, me abandoné a mi suerte, dejé pues que me llevara, pero eso nunca sucedió, hasta que con el tiempo y la edad, me di cuenta que ya no tenía miedo, que ya podía dormir tranquilo...

Patricio aún seguía inquieto, no podía dormir a pesar de que estuviera ahí conmigo. Le pregunté que qué pasaba, me dijo que seguía soñando feo, soñaba con calaveras que le daban miedo, le dije que entonces pensara que él era un Transformer, su juguete favorito en este momento, que se "transformara" en un Transformer y que venciera a todas esas calaveras que lo molestaban, le dije que era fuerte y valiente y que ninguna calavera podría con él. Le dije que yo estaba a su lado para ayudarlo, pero que venciera y destruyera a todas las calaveras que lo angustiaban... a los 5 minutos dormía plácidamente... y yo tranquilo y satisfecho, me dormí a su lado...

El niño de probeta...

Quizás para un adolescente el despertar y descubrir la sexualidad es toda una revelación. La mezcla de ardores, deseos, intrigas y curiosidades engloba todo su pensamiento de tal manera que puede disparar toda clase de fantasías que estimulen su deseo por conocer más.

Pero para un niño, el que le develen el sexo pudiera ser chocante o hasta repudiable…

Nunca falta el amiguito precoz que ha sido un poco más curioso que los demás, que ha espiado a sus padres o le han platicado niños mayores sobre lo que podría ser el sexo…

Esta es pues, mi historia…

Toño era mi amigo precoz, teníamos la misma edad pero era un niño aventurero, pendenciero y sobre todo demasiado ocurrente. Su padre, hombre en cierta medida bastante violento, corregía sus travesuras con un fuete de caballo. Y esto no hacía que se corrigiera, sino que fuera más astuto para las travesuras… Así que una de ellas fue, espiar a sus padres un día que estaban haciendo el amor…

Poseedor de la verdad, acudió a su amigo, más bien inocente (o sea yo) para revelarme el gran secreto… de que sabía como se hacían los niños…

Por un momento me sorprendí, era algo que nunca me había preguntado a mis 7 años, para mí era algo nuevo y quise saber…

Mejor no hubiera preguntado…

Después de una supuesta explicación sobre como se hacen los niños, yo quedé impresionado… anonadado… no sabía que decir… era demasiado gráfico… demasiado extraño… ¿cuerpos desnudos?, ¿genitales?,¿Qué no sirven para ir al baño?...

Una confusión total… un repudio ante tal imagen tan dantesca…

De pronto, todo se salió de control, mi amigo ante la cara de asombro y de estupor que tenía comenzó a fanfarronear… “Mi papá se acostó con mi mamá para que yo naciera”…

La simple imagen se me hacía grotesca… horripilante… imaginarme a sus papás en tal acto indecente… Yo callaba y apenas alcanzaba a sonreír… De pronto, mi mayor temor comenzó a tomar forma…

Se volteó y me dijo: “ ¿Y tu que dices? También tu papá se acostó con tu mamá para que tu nacieras…”

Yo no podía aceptar eso, me negaba rotundamente a aceptar que fuera así, mi complejo de Edipo, ese complejo que todos tenemos a corta edad surgió de lo más íntimo de mi ser… Hizo que rechazara esa idea, que rechazara a mi padre por tal obscenidad…

Ante mi rostro de asombro, Toño, burlonamente recalcó con tono de sorna: “Si… tu papá se acostó con tu mamá para que tu nacieras…”

Estoicamente tomé vuelo psicológico, y con todo el aplomo y seguridad que puede tener un niño de 7 años le dije: “No es cierto… para que yo naciera mi mamá tomó pastillas…”

Fue tal mi seguridad que lo hice dudar, nunca había pensado que pudiera caber esa posibilidad… Así que, dejó de burlarse, y yo por un tiempo, seguro de mi conocimiento, acepté y me convencí que era hijo de las pastillas y no producto del amor de mis padres hasta que entré en la adolescencia y descubrí los secretos del placer...

El circo de Capulina...



Me encantaba el circo. No se por qué. Quizás por la idea de que llegaban de algún lugar recóndito y transitaban por todo el país para llegar a mi pequeño pueblo lo que en algún momento se me hacia algo exótico y exitante. 

Me encantaba ver a las trapecistas, cumplían mis sueños infantiles de prototipo femenino. Espigadas, flexibles con sus trajes blancos llenos de brillos deslizándose de forma grácil entre un trapecio y otro.

Era también una forma de convivencia con mi padre, afín también a esos espectáculos. A pesar de lo deprimente de las carpas, lo triste de los tablones, los animales viejos y lastimados y las mallas rotas de las trapecistas, disfrutaba ir a esos circos cada vez que llegaba uno a mi pueblo.

Por eso, cuando supe que "El circo de Capulina" llegaría a mi pueblo, fué todo un revuelo. Solamente conocía a Capulina a través de sus películas o de las pequeñas historietas que podían ser encontradas en los puestos de revistas y que recibían el mote de "Capulinitas" debido a su reducido tamaño. Por lo que, acudir a ese circo me pareció todo un evento digno de mi inquietud.

Mi padre accedió bondadosamente a mi pedido, fuimos solamente él y yo, nos sentamos atrás de un palco. El palco era más caro y realmente no hacía la diferencia, se veía mejor desde las tarimas exactamente atrás de los palcos.

No faltó la acostumbrada foto con mi padre y un payaso atrás de ambos. Una costumbre que siempre procuraba debido a mi perenne interés por mantener constancia de este tipo de eventos a través de las fotografías. Parecía que las coleccionaba como coleccionaba anécdotas de los circos.

El evento transcurrió como todos los circos, con payasos, trapecistas, domadores, etc, De pronto, casi al final del espectáculo, y con gran pompa y algarabía, sucedió lo que había deseado toda la noche: La aparición de Capulina...

Realmente como Capulina era un actor y no tenía nada que hacer en un circo, el espectáculo consistía en hacer un concurso de baile... a mis 8 años, ésto para mi, era un desafío. Rogué por ser seleccionado para pasar a bailar...

Mi gran sorpresa fué que efectivamente fuí seleccionado. Y ahí estaba yo, con otros 10 niños en la pista de ese circo, al lado de Capulina, en un concurso de baile. Era extraño ver todo desde el centro de la pista, no distinguía a mi padre debido a los reflectores, pero no importaba, yo daría lo mejor de mi.

La música comenzó y todos los niños bailamos. Poco a poco fueron descalificando a uno por uno, pero yo seguía en la contienda. Al final, solo quedamos 3. Pusieron nuevamente la música y yo, a mis 8 años me moví como pude con tal de ganar.

Los aplausos decidieron que el primer lugar quedara entre otro niño y yo... En el centro de la pista era claro que el aplauso para mí era más fuerte, sin embargo Capulina decidió que fuera un empate.

Hubo el acostumbrado desempate, la música sonando y yo dando lo mejor de mi. Al final, desde el centro de la pista, el aplauso para mí nuevamente era mayor. Había ganado y el premio era una pelota... 

Me sentía como un gran triunfador, en el centro de todos esos reflectores, al lado de una "gran"personalidad como Capulina, y sobre todo, contando con el orgullo de mi padre.

De pronto Capulina se me acercó y me dijo al oído: "Tu ganaste, pero el otro niño necesita más la pelota que tú, así que le vamos a dar el premio a él, no digas nada y haz una obra buena"...

Sonreí... me retiré como un excelente segundo lugar, emocionado por haber hecho una "obra buena" dejando que otro más necesitado que yo, obtuviera el premio que me había ganado. 

Mi padre me vió y me preguntó sobre lo que me había dicho Capulina. Yo guardé silencio y no le confesé lo que me había dicho, sabía que si lo hacía iría a reclamar, y yo, entonces no habría hecho mi obra buena...

Con esa experiencia, comencé pues a hacer obras buenas con la gente a mi alrededor y a pesar de que me quedaba sin los "premios" no me importaba por que estaba haciendo "obras buenas".

Pero eso no importó cuando en la preparatoria dejé que me ganaran en un concurso de líderes, claro está, otros tenían más necesidad que yo y era una "obra buena". 

Tampoco importó cuando en la universidad dejé que se me escapara una beca de intercambio de estudios a otro país por que alguien lo necesitaba más que yo y también era una "obra buena". 

Lo mismo pasó en una promoción en mi trabajo, y hasta en mis relaciones sentimentales, siempre, invariablemente, había alguien que lo necesitaba más que yo. 

Así pues, Capulina me enseñó a hacer mis "obras buenas" dejando siempre que otros con más necesidad que yo, accedieran y tuvieran algo que yo deseaba.

Gracias Capulina por esta gran lección, pero ahora, ya no quiero hacer "obras buenas", yo solo quiero recibir mi pelota en el centro de la pista y saber que yo gané a pesar de todo...

Viaje a San Cristóbal de las Casas...

O de vuelta al pasado...




El recorrer las calles de San Cristóbal de las Casas hizo que una cabalgata de recuerdos acudieran a mi. El recorrer esas calles de piedra, caminar sobre las banquetas entre tanta gente con diversos acentos, idiomas y lenguajes me transportaron hacia las ciudades europeas y todo su sentido cosmopolita.

Mi gente poco a poco ha desaparecido para darle paso a toda una multitudinaria aculturación y sincretismos ideológicos y sociales. Se puede escuchar por ahí desde tzotzil una lengua local hasta portugués y alemán, sin olvidar el acostumbrado ingles y francés. Ahora ya me doy cuenta que no pertenezco aquí. Que mi historia se ha ido junto con mi partida. La llegada de otras personas han diluido y desaparecido mi memoria.




Los edificios se han vestido con sus mejores galas para recibir a todos los turistas que los vienen a ver. Se iluminan, se regocijan con su pasado y su historia, con sus recuerdos y sus misterios. 

He llegado a mi ciudad como un turista más, ahora los extranjeros que habitan ahí me tratan de convencer de las maravillas de mi ciudad hablándome de sus misterios y de su colorido como si no supieran que conozco mas que ellos sus secretos y sus días, recordando su época oculta, misteriosa y remota.

Recorro cada uno de los espacios como si quisiera encontrar ahí algunos de mis pasos olvidados, de mi pasado y de mis recuerdos. He traído conmigo una cámara fotográfica con la intención de hacer mía esta ciudad y podérmela llevar cuando parta una vez más, y con el oculto secreto de ver si en las fotos puedo vislumbrar algo del simbolismo de mi pasado. 

Me siento en las ramblas de Catalunya, como recorriendo esos espacios inmutables y anicientes que dejan poco a poco entrever que su historia se remonta mas allá de sus simples fachadas, de sus simples recorridos turísticos a través de un autobús que recorre las calles y a través de una grabación te indica que estás visitando y por que es importante.

Mi ciudad ahora ya es cosmopolita, ya se encuentran indígenas que hablan por celular, niños indigenas que ya venden tarjetas telefónicas, restaurantes de cocina francesa, italiana, uruguaya, argentina y por que no, un Mc Donalds, Un Subway y un Burguer King.

También los hay de comida típica chiapaneca, de especialidades mexicanas, churros, elotes y claro está, la mística y la magia del buen café que ya es tradición en la ciudad.


No me queda más pues, que volver a visitar mi ciudad y como habitante antiguo y turista reciente, dejarme llevar por los recuerdos de los días perdidos...

La insoportable tripolaridad de mi ser...


O, ¿en qué quedó lo del blog? (discusión entre mis tres personalidades)

- ¡Mira Elo, cómo ha subido tu contador de visitas!, yo creo que mejor le vamos poniendo algunas cosas de marketing para que más personas entren y te lean!, igual y te vuelves famoso...

- No manches Enrique, la neta es que no me late... 

-¿Qué te pasa? ¿a poco no quisieras un poco de fama?

- Nopi, lo que quiero son personas que quieran leerme, aunque sean 3

- ¡Hay no mames ELo!, si la cosa aquí es que haya tráfico en tu página, así luego puedes poner "publicidad" en ella gracias al tráfico, igual y te haces de una lanita...

- Enrique, ¿Como crees?, la cosa no va por ahí... yo comencé con el blog por que quería un espacio para escribir, tu sabes  que siempre he tenido la inquietud de escribir y nimodo que "escribiera" un libro para ver si algún editor quisiera al menos leerlo... Ahora con el blog tengo una forma de publicar sin ninguna restricción más que la de hacerlo bien para que sigan leyendo lo que escribo...

- Mta... como siempre pensando como "Madre Teresa", eso no te va a dar lana Elo, entiende... mejor dedícate a cosas que si te dejen y no andar escribiendo por escribir que no te deja nada...

- Hay no manches pinche Enrique, ¿que no ves que es algo que le gusta a Elo?, es su gusto, ¿por que lo molestas?...

- No Panchito, la cosa no va por ahí, lo que pasa es que quiero ayudarle a que haga algo que le deje lana. Yo ya me cansé de andar manteniéndolos a ustedes dos y pues ayuden en algo ¿no?.

- Ora resulta que te va mal, ¿no? cuando regresó Elo le dijiste que se podía quedar en tu casa y que tu lo ibas a mantener, ahora te aguantas...

- Si Enrique, eso me dijiste, además no te quita nada que escriba, ¿a ti qué? tu nomás andas metido en que quieres terminar el Doctorado y mira, sigues y sigues en el protocolo y a ver si lo terminas, y ¿así me quieres venir a quitar el tiempo?, mejor ponte a terminar tu investigación y luego hablamos... A ver si ahora si terminas que te andas haciendo guey... y con eso si quién quita y hasta ganas más lana ¿no?....

- ¡Uta!, ahora si me salieron mas cabrones que bonitos par de babosos!, solo eso me faltaba, que se pusieran los dos en contra mía... y yo solamente que los quiero sacar de jodidos, y ustedes que se ponen sus moños de nenas... " hay si, que quiero escribir cosas bonitas" "y tu chulis ayúdame con este malis malis del Enrique que me está molestando"... par de maricas...

- ¿Maricas? ¿Maricas? mejor no te pongas flamenco por que luego quieres que te ayudemos en la oficina con el presupuesto del próximo año  y andas muy buena onda con nosotros, y luego te pones mamón, mejor ni le busques...

- Mejor hagamos una cosa y no nos peleemos: Tu Enrique, ponte las pilas para terminar el protocolo que lo tienes que entregar el 3 de diciembre, haber si no se vuelven a poner mamones los sinodales, tu Elo, ponte a escribir en el blog lo que se te hinche tu regalada gana y hazlo como quieras, y yo, mientras tanto voy planeando las vacaciones a San Cristóbal, ¿que les parece? y así se dejan de andar chingando el uno al otro... cada quién a lo suyo, ¿va?...

- Pero que el Pendejo del Enrique que ni me pida ayuda con el presupuesto de la chamba, que no le voy a ayudar, a ver como le hace... 

- Uta! yo solo quería ayudarte con tu blog y que quedara chingón, pero si es pedo para tí, pues entonces yo ni lo huelo... Haz lo que quieras... a mi me vale madres, eso me pasa por querer ayudarte...

- Ya cálmense los dos y déjense de estar peleando, les quedan 2 semanas y luego nos vamos de vacaciones, ahi vamos a descansar, a comer y a dormir, así que no se desgasten...

- Panchito, como siempre queriendo conciliar... mejor ya vete a dormir y nos dejas en paz que tenemos que chambear, yo con el protocolo y el marica del Elo en su blog...

- Ya pinche Enrique, deja de joder que sino te voy a romper la madre si sigues de hocicón para que veas que maricón soy...pendejo...

- Vaya Elo, ojalá que con esas palabras escribieras, igual y tendrías más tráfico...

- que ya te dije que no te metas con mi blog, que voy a hacer lo que se me reviente la voluntad...

- Cállense ya los dos y mejor nos vamos a dormir ya que son las 11:52 y mañana es Sábado de gloria...

- Marica...

- Pendejo...

- ¡YA PAR DE PENDEJOS YA! ¡A DORMIR! 

El renacer...


Martha conoció a Lucio en un café, le atrajo su seguridad y aplomo, la mirada firme y  penetrante que la hacía estremecerse. Él se acercó, platicaron un rato y luego le pidió su teléfono, ella, accedió a pesar de percatarse de que tenía un anillo de casado.

 Posteriormente se vieron varias veces, salieron a tomar una copa y luego a bailar, hasta que Lucio le pidió que pasaran la noche juntos. Martha aceptó y se fueron a un motel cerca del bar en el que estaban.

 Después de tener sexo apasionado y excitante, Lucio se retiró de Martha y se recostó sobre un costado, encendió un cigarrillo y se quedó pensativo. Martha guardó silencio. Había aprendido a que ese silencio era el que provocaba que los hombres se sintieran incómodos y trataran de decir algo para salir al paso.  Lucio entonces, ante la incomodidad, decidió hablar…

 -Soy casado ¿sabes?-

 Ella respondió: - si, lo sé –

 -    si lo sabes, ¿entonces por que quisiste estar conmigo?-

 A lo que ella contraatacó diciendo:

 - Mas bien ¿Por qué tú, estando casado, quisiste estar conmigo?, ¿Qué te falta?-

 Lucio se sintió desarmado, Martha sabía cuando atacar y cuando replegarse, así que guardó silencio y esperó a que las emociones de Lucio emergieran… Escuchó un largo suspiro, y luego lo vio directamente a los ojos para que no tuviera opción y comenzara a hablar…

 Lucio conoció a Raquel en la universidad. Le había fascinado. Su andar seguro, tranquilo, como si levitara, como si emancipara la tierra que pisaba. La mirada lánguida y profunda le penetraron el alma. Sabía que después de conocer a Raquel ya nada sería igual.

 Estudiaba Derecho y Raquel literatura latinoamericana. Aquel encuentro en la cafetería de la escuela fue fugaz pero él quedó prendado de ella. Lucio comenzó a investigar sobre Raquel, su horario, lo que le gustaba, averiguó quienes eran sus amigas y cual sería la mejor manera de acercarse a ella. Hasta que por fin, un día, en un concierto de trova, pudo acercarse a ella.

 Al principio Raquel se comportó indiferente ante él, ella sentía que si alguien se interesaba en ella debería demostrar abiertamente las ganas de conquistarla. De seducir pacientemente su voluntad y de ir venciendo las barreras de sus objeciones y que por fin, un día, llegaría aquel príncipe azul con el que sabría conquistarla y vencer su voluntad.

 Raquel poco a poco comenzó a ver en Lucio un hombre distinto a los que conocía, él era más grande que los compañeros que tenía y que la invitaban a salir, eso la halagó, se sintió atraída a ese hombre que 5 semestres delante de ella, trataba de convencerla y de seducirla. Le llamó de sobremanera el interés que tenía él sobre la lectura, sobre todo por autores como Kundera, Camus y Ciorán. Eran autores que a ella se le hacían profundos, misteriosos y simbólicos, y que una persona ajena a ellos le hablara desde una diferente perspectiva hacía que viera a Lucio como alguien muy intenso y sobre todo atractivo.

Pasó poco tiempo para que Lucio y Raquel comenzaran una relación intensa, Lucio se aplicaba cada día por mantener el interés de Raquel y ella se dejaba seducir y convencer. Poco a poco Raquel comenzó a mostrar la verdadera intensidad de su esencia, dejó que Lucio se acercara, y pasaron noches muy apasionadas. Con el tiempo formalizaron la relación y al poco tiempo se casaron deseando vivir ese sueño de pareja, ese sueño en donde todo es perfecto y existe el amor por siempre...

Sin embargo las cosas fueron cambiando con el tiempo, Raquel se dedicó a la casa y el cuidado de los niños, y Lucio a trabajar para mantener a su familia. Raquel y Lucio con el tiempo iban perdiendo esa proximidad de pareja. Los 12 años que llevaban de casados habían sido matizados por la rutina y el desencanto. Raquel sentía que su deber era su hogar, su trabajo de medio tiempo para ayudar en la economía familiar y el cuidado de sus dos hijos. 

Lucio se había resignado pues a una vida familiar... hasta que apareció Martha esa tarde en el café...

Se quedó pensativo ante la pregunta de Martha, dudó unos instantes en contestar, era la primera vez en 14 años que estaba con alguien que no fuera su esposa, por un lado se sentía alagado, pero por el otro dudaba en entrar en contacto con su realidad, platicarle a la mujer con la que había tenido sexo su verdadera identidad. Sin embargo, ante la mirada insistente y confiada de Martha además de su silencio, se dejó llevar y comenzó a hablar...

-Mira, la verdad es que no se por donde empezar... me preguntaste que me falta. en realidad no me falta nada, pero extraño la pasión, el ardor del cuerpo, la furia por amar, ese día único en el que como amante amas sin importarte el mañana, me falta el deseo, el ansia, la necesidad de estar. El suspiro por el otro, los "buenos días amor" al despertar al otro día. Extraño el sudor frío que recorre la espalda, el escalofrío en la nuca, el grito ansioso y entrecortado, el cuerpo tembloroso que se aferraba al mio para sentir más de cerca mi sexo.-

-vaya que eres apasionado, dijo Martha-

Lucio guardó silencio, le dió miedo el darse cuenta que estaba pisando terreno resbaloso, estaba a punto de levantarse cuando Martha lo tranquilizó diciendo:

- A veces se nos olvida quienes somos, la rutina nos aleja de nuestra verdadera esencia. "Ser responsable" nos dicen por ahí, pero eso hace que nos olvidemos de nosotros, hace que nos desconectemos de nuestra esencia y de nuestra realidad. de hecho este eres tú, libre, apasionado, entregado, ¿por que te has olvidado de lo que eres?-

Lucio quedó pensativo... escuchó cada una de las palabras de Martha como una voz interna que le hablara desde adentro, como si fuera su conciencia y luego respondió:

- No lo se, tal vez me he dedicado a cuidar a mi familia aún a pesar de mi mismo...-

Martha respondió:

- Debes cuidar a tu familia pero sin dejar de ser tu mismo, debes ser fiel a tu esencia, a tu naturaleza y no tratar de ser algo que no eres. Tu pasión estaba muerta, habías muerto por dentro, y ahora vuelves a estar en contacto con tu ser, con tu cuerpo, te das cuenta que puedes volver a sentir, que puedes despertar para volver a ser...- 

-¿Y tú?- respondió Lucio, -¿y tu por que me hablas así? te estas acostando con un hombre casado, ¿no te sientes mal?-

-No- Respondió Martha, -En realidad no, tenías tanta pasión guardada que disfruté sentir tu renacer, fue como si perdieras nuevamente la virginidad ¡jajajaja!-

Lucio se molestó y se levantó de la cama, se dirigió al baño con el ánimo de vestirse e irse de ahí... sin embargo, su furia poco a poco se fue trastocando en una inmensa tristeza que le oprimió el pecho, y que casi hizo que perdiera el control. Sabía que Martha tenía razón, se había perdido tanto que ahora tenía un renacer físico, espiritual y sexual...

Regresó a la cama sin decir nada, y luego amó a Martha como si fuera la primera y última vez que haría el amor con ella, era una mezcla de descubrimiento y entrega, un instante, un chispazo fugaz que iluminó el universo...

Después de esto, Lucio jamás la volvió a buscar... Había descubierto una ventana en los recuerdos por la que podía escapar y acudir cada vez que se sentía acosado por la rutina a ese recuerdo de Martha y su bello discurrir por la existencia.

Martha por su parte, sabía que había abierto una llaga en Lucio que tardaría en sanar, sabía que no la volvería a buscar, pero ella guardaba el deseo y la furiosa pasión de Lucio y su renacer en lo más profundo de su memoria... Había pues disfrutado de un hombre y de sus pasiones escondidas...