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Martha, el inicio...


Había estado viajando todo el día, y por fín había llegado a un hotel en tránsito en la ciudad de México. Cansado y con un aspecto poco amistoso, se dirigió a la banda de recepción del equipaje ansiando que su maleta saliera rápido por aquél túnel que escupía las pertenencias de manera indiferente, de todos los viajantes.

 Gabriel tomó la maleta por fin, jalándola hacia fuera, extendió el sistema tubular para arrastrar la maleta en conjunto con las rueditas debajo de la maleta y se dirigió a migración. El viaje a San Francisco de 8 horas se había hecho muy pesado después de la junta de trabajo que había tenido.

 En migración las filas eran interminables, había una revisión de los agentes debido a un reporte de tráfico de drogas y estaban revisando maleta por maleta. Así que, no pudo más que tomar un largo y resignado respiro para acumular toda la paciencia restante que le quedaba, -que no era mucha- y se preparó a esperar su turno. 

 Al cabo de 15 minutos y de una lentitud casí primeriza de los agentes por fin avanzó la fila, Gabriel desesperado contaba cuantos pasajeros le faltaban para llegar a la revisión, después, volteó a todos lados para distraerse y luego, tras haber platicado con un amigo que gusaba de temas varios y que le había recomendado que tuviera un “jardín Zen” en donde sus pensamientos descansaran, trató de entrecerrar sus ojos y de trasladarse mentalmente al jardín Zen que había “comenzado” a construir. Solamente ahí se percató de lo cansado que estaba, así que entredormido y agotado, no pudo controlar el pensamiento que se escapó y se pronunció como un mantra al mundo real: La vida está en otra parte…

 Martha estaba en la fila, se encontraba deprimida, muy deprimida, parecía que arrastraba la vida junto con la maleta al lado de ella, su sombra apenas y quería continuar con ella puesto que deseaba conocer y recorrer todos los espacios posibles en su existencia dependiente y dicotómica a causa de la luz. Su bella figura apenas y se vislumbraba a través de la ropa olgada y mal combinada que traía. El cabello corto, las uñas sin pintar, y los ojos vidriosos y perdidos. Un gesto de desaprobación y desagrado cortaba toda intención del otro por acercarse a pesar de ser una persona muy atractiva. Pensaba para sí: “¿Qué necesidad tengo de estar pasando esto? Quisiera huir de aquí, lejos muy lejos donde nada me importe y nadie me encuentre… quiero huir y no ser nada, no ser nadie… “. Estaba repitiendo esta última frase, cuando escuchó que Gabriel pronunciaba su mantra y volteó a verlo para entender quién había pronunciado tal frase, se encontró de frente con Gabriel, un hombre joven, con los ojos entrecerrados y con evidentes muestras de agotamiento que apenas y le dirigió una mirada y una sonrisa entrecortada a manera de disculpa e inmediatamente el rompimiento del contacto visual para no dar pié a conversación ni comentario alguno.

 Por fin Gabriel salió del aeropuerto, se dirigió a los taxis y adquirió un boleto del Shuttle que lo llevaría por fin al hotel, revisó su reloj, eran las 11:30 pm, había perdido una hora y media en migración, y eso que no estaba en la fila de extranjeros. Esperó nuevamente en la fila, pero esta vez, mucho más ágil y corta, hasta que al fin llegó el shuttle, el chofer se bajó y ayudó a los pasajeros a subir las maletas, una por una, Gabriel se acomodó primero en el asiento delantero para evitar a algún pasajero al lado que quisiera comenzar una conversación. Se sentía tan cansado que no quería ni hablar.

 Por fin llegó al hotel, por ser la hora que era pensó que el hotel estaría semivacio, cuál sería su sopresa cuando arribó al front desk del hotel, estaba lleno y había cierto malestar de varias personas que reclamaban. Eran parte de un grupo de turistas que habían llegado y no contaban con reservación, discutían si era problema del hotel o de la agencia de viajes.

 Gabriel sacó del portafolios la hoja que le había impreso su asistente con los datos de la reservación del hotel, y se dirigió a la persona del front desk.

 –Buenas noches- Mencionó con voz firme esperando que no hubiera ningún problema con su reservación, por que estaba dispuesto a liberar toda la frustación acumulada en el viaje en ese momento.

  –Buenas noches, bienvenido, en este momento reviso su reservación-

 En esa espera, volteó y se dio cuenta que Martha estaba con otro hostess del hotel discutiendo, no le habían respetado la reservación, y ella exigía que le dieran solución. De pronto llegó la otra hostess en frente de Gabriel y le entregó un papel para que firmara y antes de que le entregara la llave le preguntó:

 -Sólo tenemos una habitación doble, ¿le molesta quedarse en ella?-

 Gabriel solo quería dormir, así que no tuvo objeción en aceptar, firmó rápidamente el registro y esperó que le dieran la llave, pero no pudo evitar voltear al escuchar los argumentos de Martha y su evidente desesperación, no sabía quién era ni de donde venía, lo evidente era que tenía un problema que él no.

 Así que, sin pensar, sin poder callar a veces esa voz interna rebelde que cobra vida de manera interna, se dirigió de frente a Martha y le dijo:

 -    Yo tengo una habitación doble, y no tengo más intención que dormir hasta mañana, si no te molesta, puedo compartir la habitación contigo…

 Al momento Gabriel se percató qué había hecho, no midió ni pensó en las consecuencias, pensó en ayudar, y pensó que Martha lo iba a tomar como un ofrecimiento sexual o insinuación, y él lo único que quería era descansar… y no meterse en problemas…

 Martha estaba desesperada, la agencia le había hecho la reservación pero aparentemente había habido un problema con los sistemas y no había sido registrada por la computadora del hotel, al igual que varios turistas. Necesitaba de esa habitación, privada, íntima por que estaba dispuesta a huir, a dejarlo todo, a irse a un lugar donde nadie la conociera y fuera nada, y quería que nadie la reconociera cuando la hallaran ahí, tirada. Y esto venía a reforzar lo que sentía: las cosas nunca le salían bien, y el mundo estaba en contra de ella…

 Así que la invitación de un huesped reciente del hotel, en un tono que no tenía nada de insinuación ni de proposición, le hizo desistir por un instante de los pensamientos que invadían su mente, en ese momento se dio cuenta de lo cansada que estaba y de que necesitaba al menos dormir, así que sin mas ni mas, abandonándose a su suerte, observó de frente a Gabriel y encontró nuevamente a ese hombre que había pronunciado ese mantra en migración y que ahora se le materializaba, se dio cuenta que no era un hombre amenazante ni parecía ser peligroso, mas bien parecía un hombre que quería solamente irse a dormir.

 Martha lo vió directamente a los ojos y le respondió:

-          agradezco su oferta, si no le molesta, la acepto, ¿Cuánto es el costo de la habitación para darle mi parte proporcional?

 Gabriel  no pudo creer que aceptara la propuesta, incrédulo solamente acertó a decir:

 -          no importa, la habitación está pagada, es la 406…

 Así que los dos perfectos extraños, arrastrando cada uno sus pertenencias como si arrastraran en ellas su pasado y sus vidas, y que ahora simulaban una extraña pareja que por aras del destino se había conformado, llegaron a la puerta de la habitación 406.

 Gabriel abrió la puerta y le franqueó la entrada a Martha en un gesto de caballerosidad, Martha entró y se quedó parada en el centro de la habiación sin saber que hacer, hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre y mucho menos con un extraño que no tenía intención de nada mas que de dormir.

 Gabriel entró y puso la maleta en el maletero de la habitación, cerró la puerta y se dirigió a la cama pegada a la ventana, ahí comenzó a vaciar sus bolsillos como marcando el territorio e indicándole a Martha de manera implícita que él dormiría ahí. Después añadió:

 -          Si no te molesta, me gusta dormir cerca de la ventana, por favor, siéntete cómoda.

 Y al decir esto, se dirigió a su maleta, la abrió y extrajo de ahí su pijama y el estuche de objetos personales. Encendió la luz del baño y se cambió, se lavó los dientes y se dirigió nuevamente a la cama con evidente muestra de irse a dormir.

 Martha seguía sin saber que hacer y se había aventurado a encender la televisión, cambiando los canales cada medio segundo en un afan por adormecer la razón, hacer más llevadera la situación y reducir la tensión.

 Le bajó al volúmen para no importunar a Gabriel, y se quedó viendo un programa de los “videos más graciosos del mundo”, en su estado anímico le parecían absurdos, le parecían lacónicos esas pequeñas filmaciones de cosas chuscas para que los otros se rieran, le molestaba cuando alguna persona se caía y los demás se reían, sentía que cada que alguien se reía del otro, se estaba riendo de ella. Así que suspiró y volteó a ver a Gabriel. Él roncaba denotando el estado de profundidad de su sueño.

 Martha decidió dirigirse al baño, se llevó su bolsa de artículos personales y su pijama. Dentro del baño, cerró la puerta con seguro y abrió la llave del agua caliente. Quería relajarse.

 Cuando la tina estuvo llena, se desnudó y se introdujo lentamente en el agua, sentía ese escalofrío cuando el agua caliente recorría su cuerpo que agradeció ese pequeño placer después de tanto tiempo viajando.

 Minutos después, Martha extrajo de su bolsa una pequeña navaja. La observó lentamente, tan pequeña y delgada, tan delicada y tan mortal. Y luego, lentamente la pasó por sus muñecas sin llegarse a lastimar, solamente simulaba un corte longitudinal a través de las venas y arterias de las muñecas. Ese día estaba dispuesta a morir y ahora se encontraba compartiendo una habitación con un extraño. No podía cortarse las venas en ese momento, pensó. Gabriel había sudo muy amable y le causaría grandes problemas si al otro día ella amanecía muerta en el mismo cuarto que él. Así que cerró los ojos, y se sumergió.

 De pronto, dejó de respirar, entró en un estado de iluminación, de trance, los sonidos se escuchaban lejanos, pero extramadamente claros, comenzó a ver sin ver, a ver colores y formas extrañas, a sentir punzadas en el estómago y el ano. Sentía que los pulmones le iban a estallar pero algo la retenía dentro del agua. Quería gritar pero el agua se había colado por la nariz y la garganta y la ahogaba. El cuerpo fibrilaba y se estremecía. Se retorcía.

Súbitamente, de golpe, sintió que regresó a su cuerpo, sintió un golpe de vida. Abrió los ojos y la boca, y se incorporó rápidamente. Se había quedado dormida dentro de la tina, y respiró furiosamente, con rabia. El corazón palpitaba fuertemente, los pulmones trabajaban al máximo para llevar la mayor cantidad de aire y satisfacer el ritmo del corazón. El cerebro parecía que había tenido un “restart” como las computadoras. Y ahora Martha sentía que había despertado de un largo sueño.

 Sentía de nuevo la vida en su cuerpo, con furia renovada con pasíon rabiante. Sintió que había renacido, que su espiritu nuevamente había regresado a su cuerpo.

 Salió de la tina. Se secó el cuerpo, sintió como su cuerpo volvía a despertar con la fricción de la toalla. Y así, desnuda, salió del baño y se dirigió a la cama donde dormía Gabriel y se introdujo seductoramente entre las cobijas hasta que él despertó.

 Después de hacer el amor, Martha se quedó recostada viendo hacia el techo, y Gabriel encendió un cigarrillo. Martha comenzó a platicar con Gabriel, las palabras se le agaloparon en la garganta y no pudo contenerse hasta contar la historia de su vida, la represión que había sentido toda su vida de parte de su madre al condicionarla a buscar un hombre que la hiciera feliz, pero que nunca había encontrado ni ella ni su madre. La presión social que sentía por que debía ser una profesionista eficiente pero olvidando su vida familiar que la había llevado al fracaso en un matrimonio basado en el interés mas que en el amor. Y sobre todo, el sentirse traicionada consigo misma y sus sueños.

 Gabriel escuchó pacientemente, sin responder ni apoyar nada a lo que escuchaba. Y cuando Martha terminó, Gabriel solamente respondió: “La vida está en otra parte, pero ya estás ahí, si ya encontraste la vida, ahora no te pierdas a ti misma,”.

 A partir de este momento, Martha Martínez decidió vivir su vida intensamente, sin miedos ni ataduras, había bajado hasta el mismo infierno y había resucitado. Y Gabriel había sido el que había cerrado la puerta con sus palabras para que ella comenzara a vivir.

 Esta historia me la contó Martha, es su historia, me la contó después de todas las historias que me platicó de los hombres que iba conociendo y que iba a ayudando a cerrar puertas de distintos infiernos. A veces las cerraba, otras no podía por que eran demasiado grandes, viejas o no existía la voluntad para hacerlo.

 Yo la conocí muchos años después de esta historia, ella tenía ese brillo especial en los ojos, y una mirada profunda y satisfecha. Era feliz e iba por el mundo salvando almas, todas estas historias ella me las contó, yo solamente las transcribí y estas son algunas de las historias que me ha contado de los hombres que ha conocido a lo largo de su vida…


Martha y la mujer dormida...


Ayer recibí una llamada de Martha. Hacía mucho que no sabía nada de ella. Me estremeció la emoción que tenía por verme, por platicarme. Así que me dirigí al café "Puerto de Santos" en dónde quedamos de vernos para platicar. Se veía diferente. Extraña, con un halo misterioso.

Pedimos un café, saqué mi pequeña libreta y le pregunté: "que me tienes que platicar ahora"... 

Me vio de soslayo, bebió un sorbo de café e hizo una prolongada pausa que comenzó a inquietarme. Su mirada de pronto se tornó misteriosa y yo solamente me quedé en silencio esperando sus palabras, su silencio me hacía pensar que ella estaba dudando si me platicaba esta historia o tal vez medía mi capacidad de entenderla y entender esta nueva aventura. Tras una larga pausa decidió por fin confiar en mí y comenzó a hablar:

Hace unas semanas estuve en la capital por que tenía que arreglar unos papeles, como iba al centro era más fácil irme en el metro subterráneo que llevar mi auto. Así que me dirigí a la estación Copilco. Ahí me subí al vagón. No habían lugares disponibles, por lo que tuve que permanecer parada. 

Busqué un lugar lo más alejado de la puerta y en el que no hubieran muchos hombres para evitar los acostumbrados "manoseos" o robos. Me acerqué a un lugar en donde estaba una mujer madura pero joven, como de 42 años. Estaba bien vestida y esmerada en su arreglo. Me dió confianza, me acerqué y sonreí con complicidad, ella me devolvió la sonrisa y yo me giré para mantener el equilibrio al momento en que el metro avanzó...

En la siguiente estación, subió una multitud. Toda esa masa se replegó y me empujó hacia atrás. Sentí los cuerpos apretujados y los aromas, las distintas pieles y las ropas, las incomodidades y los roces. 

De pronto sentí que un cuerpo giró hacia el mio, sentí un cuerpo que se ajustó a mis espaldas y que estaba perfectamente colocado atrás de mi. Esperé sentir una erección que intentaría apretujarse en mis nalgas. Pero esto no sucedió, solamente sentí el aroma dulzón de un perfume femenino. 

No pude moverme, no se por qué, si por miedo o por asombro. De pronto comencé a sentir un suave vaivén de una pelvis que se arrullaba entre mis nalgas y el cuerpo suave y sutil pegado al mio, disimulado entre la multitud de movimientos y de acomodos, de desconocidos ausentes y silencios indiferentes. No sabía que hacer, si voltearme y ver quién me estaba haciendo el amor de esa manera, o dejarme llevar en ese momento...

De pronto el vagón se abrió en la siguiente estación, pude haberme bajado pero no lo hice, no pude moverme, talvez por miedo, tal vez por creer que había imaginado todo eso y que el vaivén no era más que el movimiento natural del vagón... Pero el vagón se volvió a cerrar ahora con otras personas, pero el cuerpo seguía pegado a mi y renovó su vaivén atrás de mi...

En la siguiente bajada solamente sentí que me tomaron de la mano y me susurraron al oído con voz de mujer... "Ven, te invito un café"...

...


Con los cabellos despeinados y con ese agradable letargo que se siente después de haber hecho varias veces el amor, Martha se sentía confundida, no sabía que había pasado o porqué se había dejado llevar así. Volteó a ver a Lucía que descansaba mansamente la cabeza en la almohada con una leve sonrisa de complicidad, y observándola detuvo la mirada en sus manos, algo le llamó la atención, Lucía portaba un anillo de matrimonio...

Martha fue invadida por la curiosidad, algo de indignación y de rabia, talvez algo de celos. De pronto, sin más ni más, preguntó:

-¿Eres casada?-

- Sip- Respondió Lucía.

- ¿Tu marido sabe?-

- Déjame y te platico mi historia, yo era la esposa tradicional con una vida "normal", los problemas económicos típicos de un matrimonio estable. Me dedicaba a mis hijos y a mi marido, mi casa y mis amigas. Vivía bien, toleraba todo por que sabía que así era la vida, que de eso se componía mi existencia. 

Tenía lo que siempre había soñado, un "castillo", un "príncipe azul" y mis hijos perfectos, que aquí entre nos, no era un castillo, ni un príncipe, ni los niños perfectos, pero a final de cuentas era feliz...

Con mi esposo llevábamos una buena relación, había comunicación y colaboración, y yo creía que ya habíamos madurado como pareja.  Habíamos dejado la etapa de los amantes intensos, desenfrenados, apasionados, y ahora era un matrimonio mas que nada como de buenos amigos, y teníamos sexo como el ermitaño... una vez al año...

- Jajajajaja... - rieron ambas...

Pero lo que no pude tolerar un día es que me enterara que se acostaba con una de la oficina. Yo la conocía, estaba fea, gorda, de apariencia corriente, hablaba mal y era muy vulgar.  No entendía cómo mi marido se había podido acostar con alguien así... ¿Qué pudo haber hecho ella con él para convencerlo?, ¿cómo pudo él ser tan pueril y acostarse solamente por satisfacción sexual?, ¿por qué ya no lo hacía conmigo pero esta vieja vulgar había podido encender sus ganas?, ¿qué me había hecho falta? 

Lloré, me deprimí, me enojé, y pasé por todos los estados acostumbrados o esperados... Hasta que un día decidí vengarme...

Me topé con un tipo más bien feo, un poco sucio, rebelde sin causa o con causa, no lo sé. Decidí acostarme con él. Tal vez como una forma de "mancillar" el templo de pureza que mi esposo consideraba como suyo, tal vez para entender por qué lo había hecho y descubrir algo que en mi educación tradicional me había escondido o prohibido, o quizás por que me sentía culpable de que él se hubiera ido con otra y de esta manera me martirizaba o me victimizaba...

Este tipo fué un animal, sin ningún tipo de delicadeza, me besó toda, me babeó toda, me poseyó con dureza, con furia, con una necesidad puramente sexual, fue horrible, hice cosas inimaginables, bizarras,  y yo me sentí sucia, usada, poseída, invadida, pero en el fondo... me sentí redimida, salvada por un salvaje, por una bestia y sobre todo, vengada por un instante...

Salí de ahí asqueada de los hombres, de su facilidad para acostarse y luego sacudirse e irse sin mirar atrás, sin llamarte después o al menos preguntarte si te sentiste bien o la pasaste bien, al fin y al cabo ellos consiguieron lo que querían, lo demás no importa.

Después de eso, me di cuenta que hay muchas mujeres igual que yo, vacías, solitarias, incompletas, mutiladas que buscan un momento de verdad, un instante de libertad sexual, pero que ésta no se da por su realidad, por la bajeza de los hombres, de su necesidad de ver a las mujeres como trofeos, como posesiones o como objetos de placer.

Con el tiempo comencé a toparme con mujeres que les gusta explorar, descubrir, jugar, erotizar y ser sensuales pero que su entorno las limita, reprime y sodomiza a los placeres de un hombre y lo aceptan por que creen que así es, o por lo menos que así debe ser... 

Ahora veo a los hombres como si fueran en un crucero, de esos que van por el Caribe y en los cuales visitas 12 países en 8 días. 

En esos cruceros apenas y tienes tiempo para conocer algo del país en donde llegaste, apenas y ves algo y ya estás partiendo al siguiente puerto, no viste nada, no aprendiste nada pero tienes que seguir al siguiente  por que sino el crucero te puede dejar varado ahí... Así creo que es el instinto de los hombres, como un barco de crucero, que deben fornicar la mayor cantidad de veces, en la mayor cantidad de puertos, en el menor tiempo posible...

Las mujeres no somos así. Nos gusta disfrutar el momento, dejarnos invadir por el ambiente y las sensaciones, descubrir los momentos y el erotismo del detalle, descubrir poco a poco el instante perfecto. 

El hombre solo quiere fornicar, la mujer quiere explorar, por eso comencé a tener relaciones con mujeres, por que estamos en la misma sintonía de deseo y de pasión, los hombres son bestiales. Quieren gritar "gol" cuando alcanzan el orgasmo y nosotras solamente queremos escuchar el "te amo"...

Si mi marido lo sabe o no, no lo sé, quizás sea algo que platique con su amante...

Martha en este momento dejó de platicar... se veía confundida, abrumada y en el fondo, no sabía si comenzar a odiar a los hombres, o por el contrario, tener aún fe en que en algún lugar, existe un hombre que es distinto a los demás y que podrá entonces, cumplir sus sueños de mujer...

El hombre de piedra...


El jueves pasado me vi con Martha en el Starbucks de Bernardo Quintana, pidió un frapuccino caramel machiatto y yo pedí mi acostumbrado express doble con panna. Nos sentamos en uno de los mullidos sillones que aparentan ser una sala de estar y ahí comenzó platicándome su cita del fin de semana pasado, algo extraño y bizarro.

Había conocido a Esteban en un bar, algo realmente casual. Ella había ido al bar W con dos amigas de reventón y estaban vestidas para "matar" como me describió literalmente ella. 

Cuando estaba bailando entre las mesas, Esteban se le acercó y le dijo algo como: 

-Que bien bailas, pero bailarías mejor acompañada-. 

Martha sonrió cuando vio el porte de Esteban, atractivo, bien vestido, fornido. Así que le respondió: 

-Bueno, es que nadie me ha sacado a bailar-. A lo que Esteban reaccionó bailando a su lado y diciendo: 

-Pues aquí estoy yo para bailar contigo-. 

Estuvieron bailando un rato hasta que Esteban la invitó a su mesa. Ahí bebieron dos o tres copas más y en cierto momento Esteban dejo entrever sus intenciones: Quería llevar a Martha a la cama.

Martha fingió escandalizarse. Como mostrando resistencia, una resistencia que Esteban sorteaba con destreza hasta que acabó accediendo a salirse del bar y dirigirse a un Motel.

Para Martha fue sorpresivo el encontrarse con un hombre con tal magnetismo para seducir y tan frívolo y tan egoísta en la cama. Si desbordaba esa sensualidad y calidez, si había podido incendiar su imaginación con sus palabras, ¿por qué entonces en la cama se comportó como un verdadero imbécil? 

No es que fuera recatada ni nada, sabía a lo que iba, pero le sorprendió que él la tomara como un simple objeto, como si no importara, a pesar de que no era su primer encuentro casual, las veces anteriores los hombres se habían esforzado por que ella se la pasara bien y tal vez, por que no, repetir una que otra vez cuando había sido realmente bueno.

Sin embargo Esteban había sido diferente. Un hombre vacío. Tuvo que fingir para que él terminara rápido y salir de esa situación. Así que ya recostados, quiso saber y "tiró hilo para jalar hebra". 

-Eres bueno en la cama- dijo fríamente y hasta con un dejo de ironía.

Esteban no percibió el tono burlón de Martha, pero sonrió y respondió: -Lo que pasa es que tuve buena escuela-. Esto sorprendió a Martha, ¿que hombre tan estúpido puede responder eso?, ¿escuela?, ¿quién te puede enseñar a ser patán?, luego de una pausa le preguntó:

-¿ah si?, ¿en qué escuela?

-Bueno-, respondió Esteban, -Cuando cumplí 13 años mi padrino me llevó con una "señorita"-, recalcando la palabra "señorita" en tono burlón - para que comenzara a conocer de la vida. Ella me enseñó algunas de las cosas que sé. Luego con el tiempo, fui conociendo a sus amigas que al principio por verme como un niño no me cobraron ni un peso, pero ya cuando fui creciendo comenzaron a cobrar por sus "servicios".

-Vaya- dijo Martha. -Cuéntame más-

-Con ellas aprendí todos los "secretos de las mujeres" así también por esa edad comencé a "educarme" con las películas porno... solamente lo necesario para volverme un experto, una máquina sexual y ahora, soy lo que soy...

Martha reparó en el anillo de casado que había puesto encima de su cartera a la hora de desvestirse, por lo que le preguntó sin miramientos:

-¿Y tu esposa que opina de que seas una máquina sexual?-

Esteban por un momento titubeó, pero respondió: 

-Ella está satisfecha conmigo, disfruta mucho cuando estamos juntos, nunca se ha quejado, pero últimamente no ha querido estar conmigo-.

-¿Por qué crees tu que no quiera estar contigo?- Preguntó.

-No lo sé, pero no importa, por que yo salgo y tengo mis "amigas" que quieren estar conmigo, a muchas de ellas las conocí bailando, bueno, no en un bar sino en un Table, y realmente les gusto y quedan satisfechas conmigo. Mira, para que me entiendas, mi esposa es "la catedral" y eso no impide que tenga "mis capillitas", lo que hago con mis amigas no lo haría con mi esposa.

-¿por qué?, ¿que tiene de malo tu esposa?- Esto le generó una gran curiosidad a Martha.

-Nada, pero es la madre de mi hijo y pues ella se escandalizaría de las "cositas" que hago con mis "amigas" por lo que mejor, si he de cumplir pues le cumplo a mi esposa y con mis amigas me divierto cada que quiero.

Martha no pudo más que sentir repulsión por Esteban, era un verdadero patán, así que mejor decidió salir de ahí lo más pronto posible y cambió el tema de conversación.

-¿Y a que te dedicas?- preguntó.

-Soy distribuidor de artículos electrónicos- respondió Esteban, -¿Y tu?

Martha quiso darle una lección por como la había tratado y le contestó:

- Soy prostituta y me debes $3,000 pesos...-


No paré de reir en media hora...

 

El renacer...


Martha conoció a Lucio en un café, le atrajo su seguridad y aplomo, la mirada firme y  penetrante que la hacía estremecerse. Él se acercó, platicaron un rato y luego le pidió su teléfono, ella, accedió a pesar de percatarse de que tenía un anillo de casado.

 Posteriormente se vieron varias veces, salieron a tomar una copa y luego a bailar, hasta que Lucio le pidió que pasaran la noche juntos. Martha aceptó y se fueron a un motel cerca del bar en el que estaban.

 Después de tener sexo apasionado y excitante, Lucio se retiró de Martha y se recostó sobre un costado, encendió un cigarrillo y se quedó pensativo. Martha guardó silencio. Había aprendido a que ese silencio era el que provocaba que los hombres se sintieran incómodos y trataran de decir algo para salir al paso.  Lucio entonces, ante la incomodidad, decidió hablar…

 -Soy casado ¿sabes?-

 Ella respondió: - si, lo sé –

 -    si lo sabes, ¿entonces por que quisiste estar conmigo?-

 A lo que ella contraatacó diciendo:

 - Mas bien ¿Por qué tú, estando casado, quisiste estar conmigo?, ¿Qué te falta?-

 Lucio se sintió desarmado, Martha sabía cuando atacar y cuando replegarse, así que guardó silencio y esperó a que las emociones de Lucio emergieran… Escuchó un largo suspiro, y luego lo vio directamente a los ojos para que no tuviera opción y comenzara a hablar…

 Lucio conoció a Raquel en la universidad. Le había fascinado. Su andar seguro, tranquilo, como si levitara, como si emancipara la tierra que pisaba. La mirada lánguida y profunda le penetraron el alma. Sabía que después de conocer a Raquel ya nada sería igual.

 Estudiaba Derecho y Raquel literatura latinoamericana. Aquel encuentro en la cafetería de la escuela fue fugaz pero él quedó prendado de ella. Lucio comenzó a investigar sobre Raquel, su horario, lo que le gustaba, averiguó quienes eran sus amigas y cual sería la mejor manera de acercarse a ella. Hasta que por fin, un día, en un concierto de trova, pudo acercarse a ella.

 Al principio Raquel se comportó indiferente ante él, ella sentía que si alguien se interesaba en ella debería demostrar abiertamente las ganas de conquistarla. De seducir pacientemente su voluntad y de ir venciendo las barreras de sus objeciones y que por fin, un día, llegaría aquel príncipe azul con el que sabría conquistarla y vencer su voluntad.

 Raquel poco a poco comenzó a ver en Lucio un hombre distinto a los que conocía, él era más grande que los compañeros que tenía y que la invitaban a salir, eso la halagó, se sintió atraída a ese hombre que 5 semestres delante de ella, trataba de convencerla y de seducirla. Le llamó de sobremanera el interés que tenía él sobre la lectura, sobre todo por autores como Kundera, Camus y Ciorán. Eran autores que a ella se le hacían profundos, misteriosos y simbólicos, y que una persona ajena a ellos le hablara desde una diferente perspectiva hacía que viera a Lucio como alguien muy intenso y sobre todo atractivo.

Pasó poco tiempo para que Lucio y Raquel comenzaran una relación intensa, Lucio se aplicaba cada día por mantener el interés de Raquel y ella se dejaba seducir y convencer. Poco a poco Raquel comenzó a mostrar la verdadera intensidad de su esencia, dejó que Lucio se acercara, y pasaron noches muy apasionadas. Con el tiempo formalizaron la relación y al poco tiempo se casaron deseando vivir ese sueño de pareja, ese sueño en donde todo es perfecto y existe el amor por siempre...

Sin embargo las cosas fueron cambiando con el tiempo, Raquel se dedicó a la casa y el cuidado de los niños, y Lucio a trabajar para mantener a su familia. Raquel y Lucio con el tiempo iban perdiendo esa proximidad de pareja. Los 12 años que llevaban de casados habían sido matizados por la rutina y el desencanto. Raquel sentía que su deber era su hogar, su trabajo de medio tiempo para ayudar en la economía familiar y el cuidado de sus dos hijos. 

Lucio se había resignado pues a una vida familiar... hasta que apareció Martha esa tarde en el café...

Se quedó pensativo ante la pregunta de Martha, dudó unos instantes en contestar, era la primera vez en 14 años que estaba con alguien que no fuera su esposa, por un lado se sentía alagado, pero por el otro dudaba en entrar en contacto con su realidad, platicarle a la mujer con la que había tenido sexo su verdadera identidad. Sin embargo, ante la mirada insistente y confiada de Martha además de su silencio, se dejó llevar y comenzó a hablar...

-Mira, la verdad es que no se por donde empezar... me preguntaste que me falta. en realidad no me falta nada, pero extraño la pasión, el ardor del cuerpo, la furia por amar, ese día único en el que como amante amas sin importarte el mañana, me falta el deseo, el ansia, la necesidad de estar. El suspiro por el otro, los "buenos días amor" al despertar al otro día. Extraño el sudor frío que recorre la espalda, el escalofrío en la nuca, el grito ansioso y entrecortado, el cuerpo tembloroso que se aferraba al mio para sentir más de cerca mi sexo.-

-vaya que eres apasionado, dijo Martha-

Lucio guardó silencio, le dió miedo el darse cuenta que estaba pisando terreno resbaloso, estaba a punto de levantarse cuando Martha lo tranquilizó diciendo:

- A veces se nos olvida quienes somos, la rutina nos aleja de nuestra verdadera esencia. "Ser responsable" nos dicen por ahí, pero eso hace que nos olvidemos de nosotros, hace que nos desconectemos de nuestra esencia y de nuestra realidad. de hecho este eres tú, libre, apasionado, entregado, ¿por que te has olvidado de lo que eres?-

Lucio quedó pensativo... escuchó cada una de las palabras de Martha como una voz interna que le hablara desde adentro, como si fuera su conciencia y luego respondió:

- No lo se, tal vez me he dedicado a cuidar a mi familia aún a pesar de mi mismo...-

Martha respondió:

- Debes cuidar a tu familia pero sin dejar de ser tu mismo, debes ser fiel a tu esencia, a tu naturaleza y no tratar de ser algo que no eres. Tu pasión estaba muerta, habías muerto por dentro, y ahora vuelves a estar en contacto con tu ser, con tu cuerpo, te das cuenta que puedes volver a sentir, que puedes despertar para volver a ser...- 

-¿Y tú?- respondió Lucio, -¿y tu por que me hablas así? te estas acostando con un hombre casado, ¿no te sientes mal?-

-No- Respondió Martha, -En realidad no, tenías tanta pasión guardada que disfruté sentir tu renacer, fue como si perdieras nuevamente la virginidad ¡jajajaja!-

Lucio se molestó y se levantó de la cama, se dirigió al baño con el ánimo de vestirse e irse de ahí... sin embargo, su furia poco a poco se fue trastocando en una inmensa tristeza que le oprimió el pecho, y que casi hizo que perdiera el control. Sabía que Martha tenía razón, se había perdido tanto que ahora tenía un renacer físico, espiritual y sexual...

Regresó a la cama sin decir nada, y luego amó a Martha como si fuera la primera y última vez que haría el amor con ella, era una mezcla de descubrimiento y entrega, un instante, un chispazo fugaz que iluminó el universo...

Después de esto, Lucio jamás la volvió a buscar... Había descubierto una ventana en los recuerdos por la que podía escapar y acudir cada vez que se sentía acosado por la rutina a ese recuerdo de Martha y su bello discurrir por la existencia.

Martha por su parte, sabía que había abierto una llaga en Lucio que tardaría en sanar, sabía que no la volvería a buscar, pero ella guardaba el deseo y la furiosa pasión de Lucio y su renacer en lo más profundo de su memoria... Había pues disfrutado de un hombre y de sus pasiones escondidas... 

La confidente...



Conocí a Martha por accidente, quería comprar una de mis pipas hechas a mano, le había interesado que estuvieran hechas en México, y  quería regalarle una a su nuevo novio que presumía de ser intelectual: Ramiro. 

Lo más interesante de Martha era su actitud deshinibida, como si su vida fuera única, como si estuviera cargando los recuerdos de muchas historias y de muchas vidas ella misma. Hablaba de manera fluida, segura, veía de frente y de manera franca, sin dudar. no esquivaba la mirada o veía hacia abajo, se sabía atractiva.

Supo que me gustaba escribir, me preguntó sobre los temas que escribía, no había conocido a ningún escritor o por lo menos que se jactara de eso. Le interesó lo que le platiqué sobre algunos trabajos que había hecho, me dijo que le gustaría leerlos. Así que quedamos de vernos después para darle unos textos en los que estaba trabajando.

Días más tarde me llamó. Dijo que le gustaba como escribía y que tenía el tema ideal para mi. Me llamó la atención, normalmente la gente lee lo que escribo, casi nunca sugiere un tema, por una parte me molestó que me dijera que debía escribir, creo que el escritor debe ser libre para dejarse envolver por las historias, pero algo me decía que por lo menos debería escuchar su propuesta, así que acudí a la cita en un café de Juriquilla: "il luogo".

Llegó a la hora convenida, vestía de manera casual pero bien combinada, con un escote discreto pero seductor, pidió un capuccino y comenzó a hablar.

Mi vida ha sido una pequeña pero gran anécdota. -Comentó- yo apenas asentí.  Luego comenzó su historia: había sido una mujer común y entregada a su trabajo, salía frecuentemente de reventón con sus amigos, había tenido varios novios, pero nunca había encontrado a su "hombre ideal", tenía una carrera profesional, viajaba mucho por el trabajo y llevaba pues, una vida tildada como "normal".

Sin embargo, al regreso de uno de sus viajes su vida cambiaría radicalmente tal qué había decidido dejar de ser lo que era, reinventarse completamente y disfrutar de su vida y libertad. Por lo que a partir de ese momento, decidió conocer a los hombres no solamente desde una perspectiva sexual sino las profundidades de sus deseos espirituales y emocionales. 

Su filosofía era simple: conocer a un hombre independientemente de su estado civil, relacionarse sentimentalmente y luego hurgar en su vida tal que, pudiera conocerlo realmente, luego,  una vez que estuviera satisfecha con lo que hubiera conocido, buscarse otra pareja para conocer y empezar nuevamente. 

Comenzó a narrarme el encuentro que tuvo con Gabriel, aquel que la transformó, luego la historia de Lucio, un hombre atormentado por la contraposición de su matrimonio y su libertad, más tarde la historia de Juan Carlos, un hombre lleno de complejos y de frenos emocionales, en fin, las historias se sucedían una tras otra, hombres que aparentaban fortaleza, entereza y detrás de los cuales se escondían seres temerosos que dudaban de la aceptación emocional de ser ellos mismos...

Así, poco a poco, Martha se convirtió en confidente, en la depositaria de las frustraciones de hombres que buscaban liberar algo en su interior, ella solamente preguntaba, y escuchaba como terapeuta en la cama de algún motel convertida improvisadamente en diván.

Martha servía como un puente entre los deseos y la realidad. Ella solo hacía preguntas, sabía el momento exacto y la pregunta conveniente para hacer que un hombre se desnudara el alma y hablara de sus temores y sus deseos.

Así pues, después de muchas veces de platicar con Martha me convencí que era un tema genial para escribir, narrar todas las confesiones hechas por los hombres a su amante más allá de lo sexual, sino mas bien lo emocional que se esconde detrás de la máscara masculina...

La última vez que la vi, ella me preguntó que cuando comenzaría a escribir, le dije que no sabría si yo era el indicado, "¿Un hombre escribiendo los secretos de los hombres?", espeté... Sonrió y luego me dijo: "ese es el gran reto que tienes como escritor, tu debes contar las historias sin género, como un simple espectador asexuado para evitar el sesgo del género, así que creo que podrás con el encargo. no es que seas asexuado, -rió-, mas bien creo que tienes la capacidad para escribir imparcialmente sin que intervenga tu lado masculino".

Luego se despidió de mi con un beso, ahora yo era el confidente de la confidente, ahora con ese beso se sellaba el pacto y mi compromiso de escribir su historia...

Así que ahora tengo mucho material que escribir, muchas historias que contar sobre Martha y sus confidentes. La pregunta es: ¿Podré escribir todas estas confesiones de hombres desilusionados de sus aspiraciones ahora que ya no la he vuelto a ver?...