
El tiempo ha pasado inclemente por San Juan sin Lluvia. Lo ha agotado y ha agotado su tierra, se ha ido su gente y su progreso. Ya no queda mas que los vestigios de su época de esplendor. ¿Qué ha sido de ese pueblo pujante que se antojaba como Ciudad importante? Nadie sabe… Probablemente fue debido a que comenzaron tarde los festejos de la fiesta de San Juan y debido a esto comenzó su decline. Como una maldición que cayó sobre el pueblo, en éste dejó de llover. Fue cuando se le adicionó al nombre San Juan, el mote de sin lluvia.
Todo sucedió un día en que los habitantes empezaron tarde sus festejos el 24 de junio como es acostumbrado. Se le adjudicó la culpabilidad al mayordomo de la iglesia dedicada a San Juan Bautista; Martín Méndez. Ya que un día antes se había puesto borracho y no tocó las campanas de la iglesia para despertar a todos y comenzaran los maitines. Los maitines debían empezar exactamente a las cuatro de la mañana ya que era un gran pecado del pueblo que había que expiar cumpliendo con todos los requerimientos de San Juan en su día. Todos los habitantes del pueblo debían participar y pedirle perdón y misericordia a san Juan que había sido víctima de una gran ofensa.
Martín había sido elegido como el mayordomo de la iglesia seis meses antes para sustituir a Javier Trinidad que había dejado el cargo debido a su alcoholismo incontrolable. Era tan incontrolable que había sido descubierto tratando de convencer a la imagen de la virgen de Dolores que tuvieran relaciones sexuales para que de esta manera la virgen dejara de sufrir y fuera más feliz. (una causa noble, por cierto) sin embargo se le olvidó a Javier Trinidad el sentido de "virgen", los votos de castidad y la religiosidad.
Javier Trinidad había bebido toda la tarde aguardiente debido a los festejos de San Juan. Por la noche se dirigió hacia la iglesia. Como era mayordomo, su cuarto estaba a un costado de atrio por cualquier cosa que se le ofreciera al sacerdote. Entró tambaleándose por la puerta lateral de la iglesia, deteniéndose con la columna que sostenía la imagen de San Pedro para no caer de bruces. Su vista nublada, los movimientos imprecisos y torpes, los pasos pesados y tambaleantes adormecían su razón.
Una vez más vio como la luz mortecina de las velas iluminaba el rostro de
Si, eso era, de manera silenciosa le recordaba el rostro adolorido, angustiado y acongojado del de su esposa antes de morir, ese rostro que tienen las personas que saben que la muerte está cerca y que se aferran a la vida, que respiran por cada poro cualquier soplo de vida. Viviendo cada instante, sintiendo en la piel cada pequeña vibración del mundo.
Después del entierro de su esposa al lado de sus dos hijos que habían muerto ahogados el año pasado debido a la crecida del río, se sentó en el borde de las tumbas y se sintió apesadumbrado. Se había quedado solo, su familia ya no estaba, sus padres habían muerto desde hacia tiempo por la edad. ¿Por qué no había muerto también?… Que ironía… probablemente era por que dios le tenía una misión mas en la vida antes de partir. Así que amargamente se resignó y aceptó su destino. Solo faltaba la señal de los cielos para saber que tenia que hacer.
Comenzaron a pasar los días. Acudía a misa diario esperando a que se presentara alguien, que se iluminara algo y le indicara su destino. Él fervientemente rezaba con mas intensidad y empeño para poder recibir la señal de dios que le indicara la misión que debería cumplir antes de partir. Sin embargo no había ninguna señal.
A veces se apaciguaba en su casa con un trago de aguardiente. Al principio sentía como le quemaba el alma a cada trago, se le entumecía la boca, se le adormecían los recuerdos y enjuagaban las tristezas. Pero poco a poco comenzó a sentirse mejor, sentía que se le apaciguaban los días y se adormecía en las noches. Necesitaba calmar sus tristezas y su soledad.
Se había acostumbrado a su soledad. Se iba solo a la siembra y regresaba por las noches a tumbarse agotado a la cama y tomar un vaso de aguardiente antes de caer rendido en un estupor parecido al sueño. De pronto creyó entender cual era el problema: probablemente no estaba lo suficientemente cerca de dios para escuchar su mensaje. Hacía ya mas de dos años que su esposa había muerto y no había ningún indicio. Así que decidió que iría a ver a cura y solicitarle ser el mayordomo de la iglesia. Hacía ya mucho tiempo que no había uno. Así que decidió estar lo mas cerca posible de dios para escuchar su mensaje.
Al día siguiente acudió a la iglesia y e hizo la propuesta de ser mayordomo. El sacerdote se extrañó de tal petición pero accedió gustoso de saber que habría alguien tan dispuesto y comprometido a ayudarle con las labores de salvación.
Javier Trinidad llevaba una vida rutinaria, se levantaba a las cuatro de la mañana, tocaba las campanas de la iglesia para indicar que era el primer llamado de la misa, se aseaba, ingería un atole y un tamal y a las cinco de la mañana asistía al sacerdote en la eucaristía. Terminando ésta, se dirigía al campo y trabajaba la tierra. Lentamente la araba, procuraba y la alimentaba. Caminaba descalzo sobre ella, impregnándose de su inmovilidad y su terrosidad. Se imaginaba que su esposa y sus hijos tenían la misma forma, la misma substancia. Eran el mismo polvo que el pisaba día con día, y él también algún día se convertiría en polvo… Esa tierra que trabajaba con ahínco ¿contendría el polvo de los cuerpos de sus antepasados? De ser así esa tierra era sagrada por que contenía a su gente, a sus padres y abuelos, y en determinado momento le contendría a él.
Por la tarde regresaba al pueblo, caminaba lentamente hasta llegar al cuarto que le había asignado el sacerdote dentro de la iglesia. Había decidido abandonar su jacal para poder estar mas cerca de dios y dejar encerrados sus recuerdos. Sin embargo su nuevo amigo el aguardiente había escapado del olvido y ahora le acompañaba en su nueva morada.
A través del tiempo Javier Trinidad dejó de acudir a la siembra. Continuaba firme en su creencia de que no estaba escuchando el mensaje de dios, la misión que le tenía encomendada. Por eso pasaba cada vez mas tiempo en la iglesia. A escondidas dialogaba con los santos. Al principio lo hacía con reverencia y les dirigía una plegaria, pero con el tiempo eso fué cambiando y empezó a tener una amistad más cercana con los santos, había comenzado a entablar platicas con las diferentes imágenes religiosas que adornaban la iglesia.
Al principio las pláticas eran, aspectos cotidianos referentes a la limpieza y los adornos, preguntaba a los santos si estaban contentos. A veces se atrevía a preguntar si no le tenían algún mensaje de dios, alguna señal… pero los santos seguían silenciosos, cada vez que el preguntaba veía que los santos no le respondían y se quedaban con la mirada perdida y dirigida al infinito. No le querían responder…
Con el santo que más había entablado amistad era con San Pedro, era un poco miedoso y hasta cierto punto cobarde pero creía que por haber conocido a dios en vida pues era el mejor intermediario para solicitar la señal que necesitaba para cumplir su misión. Por las tardes platicaba con él pero no se atrevía a hacerle ninguna pregunta, mas bien todo se limitaba a aspectos triviales de cada día y algunos chismes del pueblo.
Un día se enojó con la imagen de San Pedro. Había permitido que le quitaran un milagro y eso no era posible. Había sido un milagro de una familia adinerada en una ranchería vecina que había pedido que se curara un hijo enfermo. El niño se curó y los padres en agradecimiento habían dejado el milagro como prueba fiel de que San Pedro les había hecho el milagro. Pero éste había desaparecido. Javier Trinidad se enojó y regañó a San Pedro, le dijo descuidado, distraído, y le recordó que por esa distracción y esa falta de valor nuestro señor Jesucristo había sido crucificado… era su culpa…
Después se dio cuenta que había dicho, y se arrodilló frente a la imagen pidiendo perdón por sus palabras…
A raíz de esto, su amistad se distanció… solo se saludaban. San Pedro digno apenas dirigía la mirada dignamente cuando Javier Trinidad lo saludaba. Ante esta indiferencia de San Pedro, Javier Trinidad tuvo que abrir su círculo de amigos, así que empezó a entablar amistad con San Diego, la virgen de Dolores, San Juan, El espíritu santo y las almas del purgatorio mismas que no le caían muy bien por que eran muy escandalosas.
San Juan era muy agradable pero no perdía la compostura pues era el patrono del pueblo, además era el dueño de la iglesia pues estaba consagrada a él. Así que no perdía la compostura ni la imagen formal de acuerdo a la investidura que representaba. El espíritu santo era muy serio y solo quería platicar de difundir la palabra de dios, así que el mejor amigo que pudo conseguir era San Diego.
San Diego era buen consejero, amigo y compañía, sobre todo por que estaba muy cerca de la puerta de su cuarto y le avisaba cuando el sacerdote se acercaba, así Javier Trinidad podía esconder la botella de aguardiente y fingir estar dormido para cuando el sacerdote llegaba.
Era su cómplice en las travesuras que hacía. A veces por las noches se subía a su pedestal y le humedecía los labios de aguardiente, hecho que San Diego agradecía de sobremanera pues después de un día muy ajetreado bien caía un poco de aguardiente. Claro, no tomaba como Javier Trinidad, pero permitía que éste tomara lo que quisiera. Al fin y al cabo eran amigos.
Un día soleado y veraniego, cuando despertó y salió de su cuarto vio a la virgen de Dolores iluminada por la luz del sol y lo cautivó. Se quedó pasmado ante su belleza, misticismo y dolor abnegado que definía su rostro. Le enternecía que una mujer tan bella tuviera esa imagen de dolor tortuoso. Las siete dagas clavadas en su corazón, las lágrimas que caían de su rostro, la mirada al cielo le intrigaron. Y desde ese día se propuso hacerle mas llevadera la vida. Comenzó por acercarse a ella y silbar tonadas alegres, le llevaba flores cortadas en la madrugada para que fueran lo mas frescas posibles y no sufriera tanto alegrándose un poco con las atenciones de Javier Trinidad.
Cierto día por fin se decidió a hablarle a
Con estas palabras, Javier Trinidad se estremeció… probablemente esa era su misión… liberar a
A pesar de esto, seguía preguntando a todos los demás santitos, inclusive a San Pedro, si Dios les había dado algún mensaje para él, pero siempre existía la misma respuesta negativa. De todas maneras, seguiría procurando a
Habían pasado ya varios años de estar dedicado casi por completo en la contemplación y el cuidado de
El 24 de junio, día de san Juan, Javier Trinidad Se despertó muy temprano y tocó las campanas para que comenzaran los maitines en honor de San Juan, la fiesta se prolongó hasta medio día. El ambiente era muy festivo, tenía que ser así por que era el cumpleaños del patrono del pueblo. Por lo tanto, hubo grandes cantidades de mole, arroz, y sobre todo aguardiente en grandes cantidades. Gran oportunidad que aprovechó Javier Trinidad para festejar con todos brindando alegremente. Hasta que ya no pudo tomar más…
Así, con la borrachera que traía ese día, Javier Trinidad llegó hasta el nicho donde estaba la virgen de Dolores a duras penas. Ella al verlo se entristeció y le preguntó que por qué venia así. Él respondió que llevaba mucho tiempo esperando la señal, el mensaje de dios y no había tenido respuesta, se hacía viejo, el tiempo pasaba y él seguía sin entender su misión. No entendía por que dios lo retenía en el mundo sin clarificarle su propósito.
La virgen de dolores se compadeció de él, sabía lo que era sufrir. Le dijo que se acercara para que pudiera enjuagarle las lágrimas, Javier Trinidad poco a poco se acercó y lloró, lloró como nunca lo había hecho, lloró como no pudo llorar el día que tuvo que enterrar a su esposa víctima de la tuberculosis teniendo que echar toda esa tierra sobre su cuerpo hermoso e inerte. Lloró por que seguía perdido sin un propósito. Lloró por todos los que sufrían, por los que ya no estaban o los que se habían ido…
Después de haber llorado, alzó la mirada y se encontró con el rostro de
Poco a poco se acercó y vio que la virgen no se movía, lentamente se acercó mas hasta que sus labios toparon con los labios de
Le decía que sus ojos eran los más hermosos que había visto, deseaba borrar en su rostro la imagen de sufrimiento que había visto en su esposa antes de morir, quería ayudarla y liberarla de ese peso tan grande. Quería elevarla y santificarla, glorificarla a través de la unificación del hombre con el espíritu. Ella no decía nada, pero con su silencio animaba mas a Javier Trinidad a seguir con sus propósitos, sentía que ella accedía y que su silencio era sólo un aspecto de pudor y timidez, un aspecto virginal.
El sacerdote entró y vio a Javier Trinidad arriba de un nicho acariciando la imagen de
El sacerdote salió aullando por las calles, despertando a todo el pueblo gritando que había habido un sacrilegio en la iglesia, que Javier Trinidad era un hereje y que estaba violando a
Javier Trinidad como pudo bajó del nicho y se perdió por el campo acogido por la obscuridad, llevaba entre sus brazos la imagen de
Días mas tarde encontraron el cuerpo sin vida de Javier Trinidad en una barranca abrazando férreamente la imagen de
La verdad nunca se supo. Pero Javier Trinidad no tuvo una santa sepultura junto a su familia. Al menos había podido descansar al fin, pero sin haber conocido nunca cual era su misión en el mundo que lo retenía con vida, pues la señal nunca llegó…