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El fotógrafo de las sombras...



Todo comenzó un día en que me prestaron una cámara fotográfica, estaba ahí frente a ese dispositivo extraño y retador, complejo en su funcionamiento y en su habilidad para captar un instante. Me sentí poderoso de poder tener una máquina que pudiera detener el tiempo y aprehender el espacio.

Una locura. No pude detenerme desde ese momento, afortunadamente me tocó la era de la fotografía digital, si hubiera sido esa época de fotografías en papel y rollos fotográficos no se que hubiera hecho.


Usaba la cámara al principio como una forma de ver la realidad, interpretarla, de digerir todo lo que me rodeaba, pero poco a poco mi visión comenzó a modificarse. Quizás era por que disparaba demasiado el obturador. Tal vez era por el miedo que tenía de enfrentarme a la realidad.


La cámara pronto se convirtió en una compañera inseparable, era como el lente que aclaraba y segmentaba la realidad, la seleccionaba, la decantaba y permitía entonces tomar esos trozos de realidad para adueñármelos... hasta que comencé a perder la vista...


Al principio solamente se me borraba la visión por un instante, luego se comenzó a hacer más frecuente y aguda. Hacía que me dolieran los ojos. Pensaba que era por estar mucho tiempo viendo a través del lente. Pero comencé a sospechar cuando lo borroso se producía en ambos ojos y no solamente en el que usaba para ver a través del visor.


Decidí ir al oculista...


Luego éste me envió al neurólogo...


Y la tomografía reveló lo inevitable... un tumor en el cerebro, en la corteza visual... Me quedaría ciego...


Entonces comenzó la carrera inevitable, me habían dado 3 meses antes de que perdiera la vista por completo. Tenía que ver todo y fotografiarlo todo para que en mi mente quedara la imagen del mundo. De lo que había visto a través de mis ojos...


Comencé fotografiando en la calle. Gracias al autofocus de la cámara no forzaba tanto la mirada. Luego comencé a fotografiar todo en la casa como queriendo reconocer y grabar en mi memoria cada uno de los rincones. Fotografíe a mi familia, mi entorno, hasta las imágenes de la televisión, el patio y el baño. Quería verlo todo, hacerme de todas esas imágenes antes de perderlas para siempre.


Por las noches veía las imágenes en el computador, las analizaba hasta el cansancio, las desmenuzaba y trataba de memorizar todo. Ya llevaba más de 7,500 fotos tomadas en solo dos semanas, tenía que poseer la imagen de todo a mi alrededor, hacerme de todo un bagaje de imágenes que fueran parte de ese mundo que perdía con la vista...


Llegó un momento en que mi obsesión por la imagen se volvió incansable e incontrolable, fotografiaba excrementos, personas, el cielo, al vecino, la basura, animales muertos, las ramas de los árboles... en fin, todo lo que se me presentara frente a la cámara, todo lo que fuera visible, o definitorio, hasta el más minimo detalle: textura, forma, color, dimensión.



Los ojos me dolían cada vez más, sentía que la cabeza me iba a estallar, y estaba saturado por tantas imagenes y de no dormir, necesitaba más tiempo, necesitaba mucho más tiempo, necesitaba otra vida para poder verlo todo...



Hasta que encontré la solución... el hacer una única fotografía que englobara todo, que me recordara las 57,628 fotografías que había tomado hasta ese instante, esa fotografía totalizadora que sintetizara todo lo que había visto, todo lo que era mi mundo de luz y sombras, la visión de mi realidad.



Esa fotografía es la siguiente:

Sobre la fotografía...



La fotografía es conflictiva, sobre todo cuando llega a permear en tu vida. Ahora ante una disyuntiva, no queda más remedio que dejar que las cosas tomen su curso. 

Durante años la fotografía ha formado parte de mi vida, primero como una historia vieja de mi abuela que al tratar de tener ingresos extra por la carencia económica en la que vivía intentó tener un estudio fotográfico, mismo que nunca prosperó, no se por qué, pero no prosperó y lo lamento.

A mi abuela nunca la conocí, más bien solamente me encontré por ahí entre sus cosas arrumbadas y olvidadas dos cámaras viejas y una ampliadora que dejaba mucho que desear. 

Nunca le presté atención, solamente veía ahí las 2 cámaras, arrumbadas, viejas con sus prismas que en algún momento llegué a quitar por pensar que las lupas serían algo para mí valioso echando a perder las cámaras. Mi padre molesto guardó silencio, pero para mí fue una revelación. 

Después en la universidad como ser anodino encontré algo de significado en la captura de la imagen, al sentir que no tenía nada, encontré a través de la cámara fotográfica la esencia misma de lo que hacia, tal vez algo de valía, quizás algo de significado, el hecho está en que encontré mucho más de lo que buscaba al observar el mundo a través del lente.

Encontré una visión acotada a mi propia voluntad, a mi propio albedrío, encontré el poder de decidir en qué momento podía detener el tiempo para hacerlo mío. Sentí el poder del disparador, la complejidad del manejo de la luz y todo su lenguaje místico cual alquimia se tratara.

Descubrí que existen diferentes ópticas para observar lo mismo, mil interpretaciones y explicaciones de la realidad.  Encontré personas afines a mis inquietudes, a mis intereses,  otras más afines a la cámara y a mi visión mas que a mi persona. Y al final me he encontrado con un camino que he recorrido y que ahora al tratar de desandarlo me doy cuenta que está vacío.

Ahora quiero comenzar un nuevo camino fotográfico, no se hacia donde dirigirme, si capturar la realidad que me contiene sin alteración alguna o tratar de captar mi propia visión del mundo. 

La disyuntiva entre una realidad real y una realidad alterna me comprime, me apabulla y me cuestiona, giran en mi cabeza preguntas como: ¿cual es mi visión del mundo?, ¿mi realidad es real o es mi propia interpretación del mundo que me rodea?, ¿la realidad puede ser abstraída en una sola imagen o en una infinidad de instantes?, ¿Tengo una propia visión del mundo o es esa visión que la cultura se ha encargado de forjar en mi memoria?, ¿que tan libre soy para observar y capturar el mundo?

Tal vez me he dejado llevar por el racionalismo, o el materialismo, tal vez debería dejar fluir el disparador, el instante preciso y luego hacer la retrospectiva de mi trabajo, para ver si es posible encontrar algo que decir a los demás.

La revelación...


Realmente disfrutaba estar atrás de la cámara, visualizar a través del visor el mundo limitado por ese cuadrado que permitía enmarcar el mundo, como un marco de referencia, como un marco que acotaba todo aquello que su visión seleccionara.

Caminaba por el mundo con esa cámara fotográfica como un apéndice o extensión de si mismo. La limitación de las películas fotográficas de poseer solamente 36 exposiciones le obligaba a ser más selectivo a la hora de observar y disparar, pues esa limitante hacía que calculara tanto velocidad de obturación como apertura a través del exposímetro de acuerdo a la luz existente, la composición y punctum. Todo esto a la velocidad de la luz para disparar en el momento preciso...



Lisette era una compañera de la universidad, novia de Franco. Le atraía pero ella estaba enamorada de su novio. Así que se resignaba con verla pasar. Ella era demasiado popular y él demasiado retraído. Por eso mismo le sorprendió cuando Lisette le pidió que le hiciera unas fotografías para regalarle a su novio que le acababa de pedir matrimonio.


Entusiasmado por que ella le hubiera pedido algo así, tomó la asignación como todo un profesional. Primero le preguntó que tipo de fotos quería, y luego le indicó que vestuario tenía que llevar para la sesión fotográfica. Le indicó también que sería conveniente que alguna amiga le ayudara ya que la sesión se llevaría a cabo en su departamento. Acordaron día y hora y él entusiasmado preparó todo para que ese día su departamento se asemejara lo más posible a un "estudio" fotográfico.


Ella llegó sola cargando su vestuario y sus cosas. Nadie la acompañaba. Así que se encontraban solos. Lisette entró tranquilamente al departamento, sin sobresaltos. Confiaba en él. Indicó que su amiga no había podido acompañarla pero que le hablaría a Franco para que pasara por ella al finalizar las fotos.


Él le indicó dónde se podía cambiar para comenzar la sesión, le ofreció su habitación con doble intención, primero para que ella estuviera cómoda, segundo para que ella conociera un poco más de él y tal vez, solamente tal vez se fijara un poco en él.


Mientras Lisette se cambiaba, él preparaba la cámara, limpiaba los objetivos, organizaba los rollos que utilizaría, TMAX ASA 3200 blanco y negro. Una película de alta sensibilidad que creaba un grano grueso, alto contraste en el revelado y que generaba una fotografía distinta a la habitual, tal vez eso era lo que buscaba ella, fotos fuera de lo convencional.


Estaba ensimismado en tener todo listo que no se dió cuenta cuando ella apareció cambiada con un traje de noche negro, extremadamente sexy. El no pudo hacer otra cosa más que quedarse boquiabierto al verla. Ella disimuló al darse cuenta del azoro en el que se quedó él y buscó sacarlo de su ensimismamiento diciéndole: "ya estoy lista, ¿donde me paro?".


Él rápidamente salió de su trance, acomodó la cámara en el tripié, le pidió que se sentara en el banquito que tenía preparado para ella y luego acomodó las luces para comenzar la sesión.


Primero disparó la cámara sin rollo, solamente para que Lisette se sintiera en confianza. Luego colocó el rollo en la cámara y comenzó a disparar. A cada toma le daba indicaciones, le pedía que levantara el rostro, que girara la cabeza, que moviera un poco el torso... click.. levántate, ve hacia la cámara... click... click... déjate llevar... click...


Poco a poco Lisette comenzó a sentirse confiada y segura enfrente de la cámara, solamente veía el lente y las luces se encargaban de diluir todo el cuarto, solamente oía la voz y el click de la cámara...


Él se detuvo un momento, tuvo que cambiar nuevamente de rollo, ya había tomado dos. Ella poco a poco comenzó a sentirse cada vez más sexy con cada click, comenzó a tratar de seducir esa cámara que la quería captar, que quería descubrirla. Ella observaba solamente el lente y las luces, sentía ese calor de las luces y se dejaba llevar por la voz que le decía que provocara a la cámara, que la sedujera, que se dejara llevar...


Todo comenzó cuando se descubrió lentamente el hombro, sentía el sudor tibio que le aperlaba la piel a consecuencia de la temperatura de las lámparas y su sutil caricia cuando se deslizaba por su piel. Sentía que a cada disparo se descaraba, se quitaba una costra de convencionalismos, frustraciones, represiones...


De pronto el vestido cayó al suelo, la ropa interior era lo único que ella tenía, el encaje la hacía verse muy sensual... click... click... ella seguía posando, seduciendo en un juego erótico a aquella cámara vouyerista que la quería poseer, que la quería inmortalizar en cada disparo...


Él no sabía que hacer, si dejar de disparar y acercarse a ella, o seguir disparando, ella estaba teniendo un affaire con la cámara, no con él, la cámara la había seducido no él. Aún así, su vocación de fotógrafo era más fuerte, él quería inmortalizar ese momento, ese instante en que una mujer de ser recatada, se descaraba y se liberaba.
Era un instante invaluable, un momento que requería ser inmortalizado... click.. click... la composición, la velocidad... el encuadre... click... el detalle... click...


Lisette cada vez más exitada comenzaba a acariciarse el cuerpo, a ondular las caderas, a hacer para adelante el pubis como ofreciéndose a esa cámara que detrás de las luces la poseía en celulosa impregnada con haluros de plata... La ropa interior cayó cerca del vestido... ahora estaba desnuda...


Al rollo solamente le quedaba 1 fotografía... ya no podría detenerse a cambiar de rollo, Lisette estaba en la cúspide, y él no podía más que pensar en ese instante en la foto perfecta, en la toma final que englobara todo lo que acababa de ver...


Lisette se dejó llevar... suspiró jadeante, convulsionándose suavemente, lentamente, hasta detenerse... Y en el instante en que se relajó y sintió que ese sudor frío le recorría la espalda, se escuchó el último click de la toma final...


De pronto ella se dió cuenta de lo que había pasado, pudorósamente levantó las ropas y se dirigió apresuradamente a la recámara. Se vistió, llamó a Franco que ya la esperaba abajo y se despidió de él. Le preguntó que cuando estarían las fotos. Apenas y pudo contestar que en una semana, ella le dió un beso y luego se alejó corriendo para subirse al auto de Franco.


Una semana después le entregué las fotos, solamente los 2 primeros rollos. El último rollo nunca me he atrevido a revelarlo. Nunca más hablamos al respecto, es más, después de haberle entregado las fotos no la volví a ver jamás...